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(ANÁLISIS) ¿La mediocridad ha tomado el poder en España y Colombia? Reflexiones sobre la falta de preparación en la política actual

En un contexto donde las democracias parecen cada vez más polarizadas y las decisiones de gobierno más cuestionadas, el debate sobre la calidad y preparación de quienes ocupan altos cargos públicos cobra una relevancia particular. El abogado español nacionalizado colombiano, Néstor Laso, comparte un

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Redacción IFM
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(ANÁLISIS) ¿La mediocridad ha tomado el poder en España y Colombia? Reflexiones sobre la falta de preparación en la política actual

En un contexto donde las democracias parecen cada vez más polarizadas y las decisiones de gobierno más cuestionadas, el debate sobre la calidad y preparación de quienes ocupan altos cargos públicos cobra una relevancia particular. El abogado español nacionalizado colombiano, Néstor Laso, comparte una dura reflexión en sintonía con el reciente artículo de Bieito Rubido, director del diario El Debate de España.

Según ambos, la política en países como España y Colombia ha sido infiltrada por personas sin la formación o experiencia necesarias, que ocupan cargos no por su competencia, sino por su afinidad ideológica y habilidad para mantenerse en el poder.

Rubido, en su artículo titulado “Lo que Feijóo puede aprender de Trump”, analiza cómo figuras carismáticas y políticamente astutas, pero con poca competencia técnica, han alcanzado posiciones de poder al explotar el descontento popular y la promesa de representar al “pueblo”. Laso coincide en que este fenómeno no es exclusivo de España, sino que también se refleja en Colombia, donde el acceso a cargos de alto nivel muchas veces se basa en lealtades políticas y afinidades ideológicas en lugar de capacidades y méritos.

Mediocridad en la política: un obstáculo para el progreso

Laso denuncia que personas de escasa formación y experiencia han encontrado en la política un refugio donde pueden alcanzar ingresos y reconocimiento que jamás podrían lograr en el ámbito privado. Esta situación no solo limita el desarrollo de políticas públicas efectivas, sino que ahuyenta a los verdaderos profesionales, quienes, al ver el clima de mediocridad y hostilidad hacia la meritocracia, optan por apartarse de la esfera pública.

Según Laso, “esa gente se atrincheró en la política pues ahí gana lo que sería incapaz de ganar en la vida privada por sus méritos”, lo cual constituye una de las principales razones por las que muchas personas preparadas y valiosas se mantienen alejadas de la política.

El problema es que, como señala Laso, no se trata únicamente de la falta de competencia de estas personas, sino de su capacidad para crear “trincheras” dentro de los partidos y ministerios, bloqueando el paso a quienes realmente podrían contribuir de manera significativa al progreso nacional. Así, la política se convierte en un sistema cerrado, donde los “mediocres” se protegen entre sí y excluyen a los competentes, perpetuando un ciclo que empobrece la gestión pública y limita las posibilidades de cambio.

¿Una “colectivización de la pobreza”?

El fenómeno señalado por Rubido y Laso tiene un efecto directo en la calidad de vida de los ciudadanos. Al priorizar a individuos que carecen de la preparación necesaria para liderar, los resultados son deficientes: políticas improvisadas, decisiones desacertadas y, en última instancia, un empeoramiento de las condiciones sociales y económicas. Para Laso, el riesgo es claro: si en el gobierno no se privilegia a los técnicos capacitados, sino a individuos seleccionados únicamente por afinidad ideológica, se corre el riesgo de “colectivizar la pobreza”.

Esta “colectivización de la pobreza” se refiere a un estado en el que, en lugar de impulsar políticas que generen vriqueza y oportunidades para todos, se aplican medidas que nivelan hacia abajo, generando un empobrecimiento generalizado. En este sentido, tanto España como Colombia enfrentan un desafío: revertir la tendencia de priorizar a funcionarios leales, pero incapaces, en detrimento de aquellos con verdadero conocimiento y habilidad.

La necesidad de retomar la responsabilidad y el profesionalismo en la administración pública

Para enfrentar estos problemas, Colombia debe replantearse cómo selecciona a sus líderes y funcionarios, apostando por el retorno de la meritocracia en el sector público. La administración del Estado exige una preparación específica y sectorial; las políticas en salud, educación, economía y justicia, por ejemplo, requieren de expertos que no solo entiendan las complejidades de cada área, sino que tengan el conocimiento necesario para gestionar recursos de manera eficiente y con visión a largo plazo.

Como concluye Laso, el país necesita dirigentes que, lejos de escudarse en ideologías o discursos populistas, estén capacitados para abordar los problemas reales de la ciudadanía con responsabilidad y competencia. Esta no es solo una exigencia de los tiempos actuales, sino una condición esencial para que las democracias puedan responder adecuadamente a los desafíos de un mundo cada vez más complejo e interconectado.

En última instancia, las palabras de Bieito Rubido y Néstor Laso, no son solo una crítica, sino un llamado a la reflexión. Si se quieren gobiernos que realmente sirvan a los intereses de sus pueblos, es necesario promover una cultura política que valore la preparación, el conocimiento y el compromiso ético por encima de la afinidad ideológica o la lealtad partidista. La política, como el trabajo más importante de todos, merece ser liderada por quienes estén a la altura de esa responsabilidad.

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