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(ANÁLISIS) La estrategia de poder de Petro: un análisis crítico sobre el rumbo político en Colombia

El estilo de gobierno del presidente Gustavo Petro, cargado de simbolismos y promesas de cambio, está generando divisiones profundas en Colombia. Mientras en su discurso oficial promueve una “Colombia Humana” basada en la justicia social, los hechos sugieren una estrategia orientada a consolidar su

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Redacción IFM
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(ANÁLISIS) La estrategia de poder de Petro: un análisis crítico sobre el rumbo político en Colombia

El estilo de gobierno del presidente Gustavo Petro, cargado de simbolismos y promesas de cambio, está generando divisiones profundas en Colombia. Mientras en su discurso oficial promueve una “Colombia Humana” basada en la justicia social, los hechos sugieren una estrategia orientada a consolidar su influencia y asegurar su permanencia en el poder, incluso a costa de erosionar las instituciones democráticas.

Cooptación de bases sociales: entre promesas y dependencia

Uno de los pilares de la estrategia de Petro ha sido la captación de apoyo entre las bases sociales más vulnerables. Campesinos, víctimas del conflicto armado y pequeños cocaleros han sido cautivados con propuestas que, si bien apelan a sus necesidades inmediatas, carecen de soluciones estructurales.

Por ejemplo, la reforma agraria prometida ha avanzado lentamente, dejando a las comunidades rurales en una especie de limbo. Del mismo modo, las políticas hacia los pequeños cocaleros, como la despenalización de cultivos en áreas limitadas, han sido vistas más como un alivio temporal que como una respuesta integral al problema del narcotráfico.

Además, los subsidios ofrecidos por el Departamento de Prosperidad Social (DPS) han sido objeto de críticas por su implementación clientelista, lo que refuerza la dependencia política de los sectores beneficiados. En lugar de construir un modelo de desarrollo sostenible, estas políticas parecen diseñadas para consolidar una base electoral leal.

Alianzas cuestionadas: guerrilla, anarquistas y la primera línea

La política de “paz total” de Petro busca integrar a diversos actores armados en el diálogo nacional, pero su enfoque ha levantado dudas sobre las concesiones ofrecidas. La inclusión de grupos guerrilleros y narcotraficantes en los acuerdos, sin medidas claras para garantizar justicia y reparación, ha generado escepticismo.

En paralelo, la reivindicación de la primera línea como símbolo de resistencia social ha polarizado aún más el panorama. Si bien estas movilizaciones surgieron presuntamente en respuesta a profundas inequidades, su instrumentalización por el gobierno ha opacado las luchas legítimas de otros sectores sociales.

La narrativa oficial parece diseñar un frente político y social que respalde la agenda del gobierno, pero también ha sembrado divisiones, reforzando la percepción de que Petro prioriza alianzas tácticas por encima de la reconciliación nacional.

Es claro que Gustavo Petro está armando su estructura con grupos armados ilegales, narcotráficantes, paramilitares, combos juveniles, milicias de las guerrillas y del M-19, grupos radicales de campesinos, sindicatos, indígenas, movimientos estudiantiles, negritudes entre otras minorías étnicas; así como radicales de grupos y tribus urbanas minoritarias a quiene ha sumado a su especie de secta ideológica. Con ellos busca tener el resapaldo para buscar una confrontación social en las calles de las ciudades en el momento que vea amenazado su proyecto de cambio y el país lo verá en menos de dos años.

Instituciones debilitadas: una amenaza para la democracia

Uno de los aspectos más preocupantes del actual gobierno es la creciente fragilidad de las instituciones encargadas de garantizar el orden y la seguridad. Las críticas recurrentes del presidente hacia la Policía Nacional y el Ejército, combinadas con la falta de reformas profundas y la insuficiencia de recursos, han debilitado su capacidad operativa, contando con los recortes económicos y políticas que los obligan a la inacción dejando el espacio a los violentos sin control alguno.

Paralelamente, las instituciones encargadas de velar por la transparencia y el control del poder han enfrentado desafíos bajo el gobierno de Petro. Las recientes denuncias de corrupción en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD) y otras entidades clave refuerzan la percepción de un Ejecutivo que prioriza su control político sobre la gestión ética y eficiente del Estado.

El Congreso: el uso de la “mermelada” como herramienta política

El manejo del Congreso por parte del gobierno ha seguido un patrón preocupante. Petro, quien en campaña se presentó como el abanderado contra la corrupción, ha recurrido al tradicional mecanismo de la “mermelada” para asegurar el respaldo legislativo. Esto incluye la asignación de recursos a través de desvío de fongos de entidades para pagar a congresistas con dinero y puestos clave a cambio de apoyo político.

Aunque esta estrategia ha permitido la aprobación de reformas importantes, también ha consolidado alianzas con políticos cuestionados, lo que contradice las promesas de transparencia que definieron su campaña.

Aparato estatal como herramienta de control

El manejo de entidades como el DPS, las superintendencias como policía política del gobierno y la UNGRD, también ha sido señalado como un flanco débil en la administración Petro. Estas instituciones, diseñadas para responder a las necesidades sociales y emergencias, han sido percibidas como herramientas de control político, con asignaciones de recursos que parecen responder más a intereses ideológicos que a criterios técnicos.

Esta estrategia erosiona la confianza pública en el aparato estatal y refuerza las acusaciones de instrumentalización del poder para consolidar una agenda política.

Estrategia a largo plazo: el cálculo de Petro

A pesar de la pérdida de popularidad y del desgaste político, Petro parece enfocado en una estrategia de largo plazo. Sus recientes discursos, marcados por un tono confrontacional, sugieren que busca consolidar su poder bajo la premisa de enfrentarse a un sistema que, según él, sigue excluyendo a las mayorías.

Este enfoque no es nuevo en la región. Gobiernos con narrativas similares han utilizado el discurso de la lucha contra las élites como justificación para centralizar el poder y debilitar los contrapesos institucionales y terninar bajo el sofisma de democracias radicales o dictaduras democráticas como lo hizo Venezuela. En Colombia, este camino podría generar una crisis institucional de grandes proporciones.

La oposición: un factor determinante

Un elemento que juega a favor de Petro es la fragmentación de sus opositores. Aunque el descontento hacia su gobierno es evidente, no ha surgido un liderazgo alternativo capaz de canalizar este sentimiento. Este vacío político permite que el gobierno siga avanzando en su agenda sin enfrentar una oposición cohesionada.

Sin embargo, este escenario también presenta riesgos para Petro. La falta de una oposición fuerte podría alimentar el descontento social, generando un ambiente de inestabilidad que el gobierno difícilmente podría controlar.

Un analista señalaba en un video reciente, que si bien Petro, evidentemente ha perdido votos con miras al 2026, lo cierto es que nadie los ha ganado hasta el momento, lo que es aun mas preocupante.

Hacia un futuro incierto

La consolidación del poder de Gustavo Petro plantea serios interrogantes sobre el rumbo político de Colombia. Si bien el presidente argumenta que sus acciones buscan corregir las fallas del sistema, las estrategias adoptadas sugieren un enfoque más orientado a perpetuar su influencia que a fortalecer las instituciones democráticas. Es calro que por mucho que diga que no quere la reelección, todos sus actos contradicen sus palabras. Las acciones y retórica sin duda están yendo de la mano aunque lo contradiga en sus discursos.

La historia reciente en América Latina ha demostrado que la concentración del poder bajo liderazgos populistas tiende a derivar en crisis institucionales. En Colombia, el riesgo es aún mayor, dada la fragilidad de sus instituciones y los desafíos que enfrenta el país en materia de seguridad, economía y cohesión social.

El gobierno de Petro se encuentra en una encrucijada. La búsqueda de una transformación real y sostenible requiere fortalecer las instituciones democráticas y promover la inclusión sin recurrir a estrategias de control político. De lo contrario, el país podría enfrentar un futuro marcado por la polarización y la erosión de su democracia.

Quienes piensen que Petro dejará el poder en dos años, están pecand por ilusos, ingenuos y hasta inocentes.

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