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(ANÁLISIS) La civilidad en las marchas de la oposición es aprovechada por los vándalos y saboteadores

Desde el primer momento de la marcha del 15 de febrero, los organizadores fueron enfáticos al pedirle a la ciudadanía un comportamiento ejemplar y, sobre todo, un compromiso de no dejarse provocar por los agitadores del petrismo y del quinterismo. Se sabe que las manifestaciones de la oposición en C

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Desde el primer momento de la marcha del 15 de febrero, los organizadores fueron enfáticos al pedirle a la ciudadanía un comportamiento ejemplar y, sobre todo, un compromiso de no dejarse provocar por los agitadores del petrismo y del quinterismo.

Se sabe que las manifestaciones de la oposición en Colombia son ejemplo de civismo y buen comportamiento: no se ven explosivos, ni papas bomba, ni encapuchados destruyendo todo lo que encuentran a su paso. Asimismo, los periodistas, pseudoperiodistas e incluso los enviados por la corruptela tienen claro que sus vidas no corren peligro en las marchas contra el petrismo.

Eso es aprovechado por los saboteadores para tratar de generar algún incidente con el que puedan empañar la marcha: para eso cuentan con el servilismo de medios oficialistas con los que acuerdan la acción y la ubicación estratégica, de tal forma que un rifirrafe pueda ser vendido como una batalla campal. Así ocurrió con Juan Carlos Upegui, quien se presentó con una «paloma» de icopor para provocar a los manifestantes.

Previamente, según indicaron las fuentes a IFMNOTICIAS.COM, Upegui había organizado su acción con algunos funcionarios de Telemedellín, de tal forma que su osadía empañara la manifestación multitudinaria. No lo logró: la cobardía del círculo cercano a Daniel Quintero hizo presencia otra vez y el primo de la gestora social de Medellín huyó despavorido del parque San Antonio.

Otro que una vez más intentó enturbiar la manifestación ciudadana fue el pseudoperiodista de La Cofradía, un medio disfrazado de prensa social que sirve a los intereses de Daniel Quintero Calle y sus secuaces. En esta oportunidad, el sujeto quiso provocar a los asistentes y fue el propio David Toledo quien lo defendió de los indignados ciudadanos. El objetivo era difundir en las redes un presunto ataque para tratar de movilizar a los enfurecidos petristas. Evidentemente, no lo logró.

Ya en La Alpujarra, unos cuantos simpatizantes de Daniel Quintero fueron atacados después de lanzar improperios y hasta huevos a los manifestantes. La situación fue aprovechada por el alcalde para difundir una fake news en la que aseguró que había ordenado la intervención del ESMAD, cosa que no fue cierta. Incluso, están las evidencias de la simpatía de la ciudadanía por el escuadrón policial al que vitorearon y aplaudieron.

Estos hechos demuestran que desde el piso 12 de La Alpujarra se coordina la difusión de la falsa narrativa de la agresión y de la violencia, olvidando que más allá de un icopor desprendido de su base y algunas reyertas intrascendentes, la ciudadanía expresó el descontento con actitud cívica.

Muy distinto a lo ocurrido solo 24 horas antes, cuando la vida de varios periodistas corrió serio peligro en ciudades como Bogotá y Cali. Además, el solo comparar el respeto por los bienes y la integridad de la gente en las marchas de la oposición, con los desmanes y agresiones del petrismo –¿acaso olvidan el 2021?– contra la ciudadanía indefensa, deja al descubierto las formas de unos y otros y, en especial, la combinación de todas las formas de lucha de los sectores gobiernistas, los mismos cuyo apoyo en las calles ha descendido a niveles vergonzosos.

Daniel Quintero Calle y sus esbirros no podrán tapar el sol con un dedo: las marchas contra Petro y contra él en Medellín muestran la profunda insatisfacción ciudadana y el rechazo al populismo corrupto e inmoral que profesan.

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