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(ANÁLISIS) Heil Irene Vélez, la ministra dictadora

La filósofa Irene Vélez ha sido la ministra más controvertido del gabinete del presidente Petro. Nombrada en una cartera meramente técnica, sin tener la capacidad para asumir ese cargo, cada vez se denota más déspota ante cualquier situación. Ahora amenaza a las hidroeléctricas, exigiéndoles que red

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Redacción IFM
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IFM Noticias

La filósofa Irene Vélez ha sido la ministra más controvertido del gabinete del presidente Petro. Nombrada en una cartera meramente técnica, sin tener la capacidad para asumir ese cargo, cada vez se denota más déspota ante cualquier situación. Ahora amenaza a las hidroeléctricas, exigiéndoles que reduzcan los costos de la energía.

El primer atisbo de su condición se presentó en el Congreso Minero realizado en la ciudad de Cartagena, cuando en pleno discurso se molestó porque unos asistentes estaban haciendo ruido y de una manera muy desafiante les dijo: «Como yo les diría a mis estudiantes, por favor en la segunda fila los de la mano derecha, si nos hacen silencio para poder seguir, gracias» Los mandó a callar, ya que ella estaba hablando y la tenían que escuchar.

El ruido se ocasionó luego de que la ministra no le pidiera, les exigiera a los países desarrollados, decrecer sus economías. Un exabrupto que dejó perplejos a los empresarios y periodistas que comenzaron a indagar si habían escuchado bien. Luego, en la conferencia de prensa, inmediatamente comenzaron las preguntas incómodas sobre lo que acababan de escuchar. Ante la imposibilidad de sostener su posición, esa pequeña energúmena respondió: «Me dejas hablar, por favor, gracias, porque si no, no puedo responder», para segundos después decir: «Entonces, esto se acaba aquí» y abandonó el lugar.

Ante la cifra de inflación presentada por el DANE, donde refleja que uno de los principales rubros que impulsan esa subida se le atribuye al costo de la energía; La ministra ha tenido reuniones constantes con los generadores para analizar la posibilidad de ajustar el precio de venta y así intentar detener a ese kraken que destruye mayormente el ingreso de los más necesitados. Pero, ante el desconocimiento de cómo funciona el libre mercado por parte de la ministra Vélez dijo lo siguiente: «En este momento estamos en el ámbito de una negociación voluntaria, hemos invitado a las empresas, las hemos convocado, les estamos pidiendo que se tomen esto en serio porque es una crisis ciudadana de verdad. Sí de aquí al viernes, que es el periodo que hemos concedido de buena voluntad para esta renegociación, no hay un aporte significativo por parte de las empresas, tendremos que tomar unas medidas más radicales y eso tiene que ser así»

Una clara amenaza que levanta la ministra que plantea un abanico de posibilidades, los cuales podrían ser:

1.       La Liga de Usuarios de Energía en Cartagena le solicita al ministerio que intervenga la CREG y tome el control tarifario.

Una medida de control de precios que siempre resulta en un desastre económico que afecta a quienes dice defender. Los precios en el mercado no son caprichosos, son el resultado de una combinación de posibilidad de pago y de costos de producción que se entrelazan en un punto óptimo cuando no existe la intervención por parte de algún ente regulador.

Es claro que el precio que desea colocar la ministra debe ser inferior al precio actual, de lo contrario, la medida no tendría sentido. Un precio inferior significa que los productores tendrán una disminución en sus ingresos que posiblemente llegue a ser inferior a los costos de producción, ya que las utilidades en la venta podrían no cubrir ese diferencial de reducción de tarifas. A manera de ejemplo, si el costo de venta de 1 kWh es de 100 UM (unidades monetarias) y la utilidad es de 5 UM, significa que el costo de producir ese 1 kWh es de 95 UM; si el precio fijado por el Estado es de 80 UM, el productor perderá 15 UM cada vez que suministre 1 kWh. 

Ante esa pérdida obligada por la regulación estatal, los productores podrían tomar la decisión de no generar más y muchas generadoras privadas cerrarían sus puertas. El ejemplo más claro lo tenemos al otro lado de la frontera. Gracias al control de precios de la energía decretado por el dictador venezolano Hugo Chávez, se destruyó la central Hidroeléctrica Simón Bolívar, la segunda más grande de América, la cual no pudo siquiera sostenerse en pie por la imposibilidad económica para realizar un correcto mantenimiento preventivo, lo que obligó a cerrar muchas de sus turbinas y hoy solo opera de manera parcial, dejando como resultado un “apagón” generalizado en el país bolivariano, en donde grandes regiones del país tienen cortes del servicio de hasta 20 horas al día.

2.       Otra posibilidad que pudiera plantear la ministra Vélez, sería la expropiación de las empresas generadoras.

Esa situación sería incluso peor que la anterior, ya que tendría problemas adicionales a los mencionados. Todo partiría de un robo, mal llamado expropiación o como le gusta la presidente Petro, democratización, en contra de los propietarios actuales, quienes demandarían a la nación ante los estrados internacionales, dejando al país como un paria si no cumple las sentencias que lo obligarían a pagar por los daños y perjuicios causados. Durante ese proceso, la inversión extranjera huiría inmediatamente del país y la que pensaba llegar, buscaría mejores horizontes.

Posteriormente, ante las pérdidas de las empresas intervenidas, al gobierno no le quedará otra alternativa que subsidiar el costo del servicio, lo que significa que parte del presupuesto nacional se destinaría a sufragar los costos de la energía. Como explicó el gran economista Milton Friedman «el Estado es el peor administrados de los recursos, porque gasta el dinero de otros, en otros», lo que conllevaría a un círculo de corrupción como el evidenciado ésta misma semana en la Empresas de Servicios Públicos de Cali, pero a una escala nacional.

Definitivamente, la ministra no comprende el sistema. Los generadores colocan la energía en la bolsa; los compradores pujan por ella. Dentro de ese movimiento desde el productor hasta el usuario final, se debe pagar también a las empresas de transmisión nacional, a las empresas de transmisión local y a las empresas que atienden los daños en el servicio. Así que el costo que se paga en un hogar o una empresa es la suma de los costos en cada una de las etapas, todas con una pequeña utilidad para los inversionistas; así que atacar solamente al productor, cuando es solo el comienzo de la cadena, desembocará en una crisis sin precedentes.

¡Qué tiranuela nombro Petro como responsable de la mayor locomotora del país!

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