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(ANÁLISIS) Gustavo Petro, un Presidente ausente mientras Colombia se hunde en la crisis

La agenda internacional del presidente Gustavo Petro ha tomado un papel protagónico en su mandato, al punto de que gobernar a Colombia parece haber quedado en segundo plano.

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Redacción IFM
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(ANÁLISIS) Gustavo Petro, un Presidente ausente mientras Colombia se hunde en la crisis

La agenda internacional del presidente Gustavo Petro ha tomado un papel protagónico en su mandato, al punto de que gobernar a Colombia parece haber quedado en segundo plano. Mientras el país enfrenta una de sus peores crisis políticas, económicas, energéticas y humanitarias de los últimos años, el mandatario ha decidido dar prioridad a sus giras en el extranjero, discursos sobre inteligencia artificial y paseos ecuestres en países petroleros, en una aparente desconexión con la realidad nacional.

El reciente viaje de Petro a Medio Oriente, en medio de un contexto crítico para Colombia, ha generado un fuerte malestar entre sectores políticos, empresariales y sociales. Su ausencia se da en momentos en que el país está sumido en el caos: renuncias ministeriales luego del controvertido Consejo de Ministros televisado, amenaza de apagón por la crisis energética y de gas, desplazamientos masivos en el Catatumbo con más de 53 mil desplazados, problemas en el sector salud y con extras en la Cámara para la reforma, crisis militar que no tiene recursos operativos y policía cuestionada y con cambios en la dirección; y falta de recursos para garantizar el funcionamiento del Estado en medio de la delicada crisis fiscal. A pesar de este panorama desolador, el Presidente ha optado por priorizar reuniones internacionales de dudosa relevancia e importancia y dejar la administración del país en piloto automático.

Crisis política y económica sin liderazgo

El gobierno de Petro ha estado marcado por una constante inestabilidad política. La renuncia de varios ministros clave, sumada a la falta de articulación dentro de su propio gabinete, ha evidenciado una crisis de gobernabilidad que se agrava con su ausencia recurrente del país. A esto se suma la incertidumbre económica generada por las políticas de su administración, que han llevado a una reducción en la inversión extranjera y una caída en la confianza de los mercados y la incertidumbre en medio de la ola de incrementos de aranceles a diferentes países por parte de Estados Unidos.

Uno de los puntos más críticos es la crisis fiscal. El gobierno ha admitido que no cuenta con los recursos suficientes para financiar los programas sociales e infraestructura, dejando sin recursos las obras de carreteras y puertos. El Gobierno ha optado por recortes en el personal contratista, entre otras medidas. Sin embargo, en lugar de buscar soluciones reales y estructurales, Petro ha optado por una gira internacional en la que ha solicitado apoyo financiero a países petroleros, mientras en Colombia rechaza la exploración y explotación de petróleo. Esta contradicción ideológica no solo pone en duda la coherencia de su discurso, sino que además genera incertidumbre sobre el futuro económico del país.

Mientras tanto, la crisis energética amenaza con un apagón nacional debido a la falta de pago de los dineros adeudados a las generadoras y falta de planeación en la producción de gas y electricidad. El futuro de la exploración petrolera, clave para la autosuficiencia energética de Colombia, sigue siendo incierto bajo su administración. La decisión de frenar contratos de exploración ha reducido la inversión en el sector, lo que podría derivar en un mayor déficit de energía en los próximos años; una gran contradicción con su agenda actual en países cuya riqueza está dada por el petróleo que Petro rechaza.

Catatumbo y la peor crisis humanitaria reciente

El conflicto armado en Colombia ha recrudecido en varias regiones, con el Catatumbo siendo el epicentro de una de las peores crisis humanitarias en la historia reciente del país. Más de 53.000 personas han sido desplazadas por los enfrentamientos entre el ELN, las disidencias de las FARC y grupos armados ilegales, mientras el Ejército, debilitado y con recursos insuficientes, intenta recuperar el control territorial.

A pesar de la magnitud del problema, Petro ha mostrado una indiferencia preocupante. Su viaje a Medio Oriente ocurre en el mismo momento en que la crisis en el Catatumbo alcanza niveles alarmantes, repitiendo el mismo patrón de desconexión que exhibió cuando viajó a Haití en otro momento crítico para la región y que llevó a declarar el estado de Conmoción Interior. En lugar de atender la emergencia con medidas concretas, el presidente se ha limitado a publicar mensajes en redes sociales, sin ofrecer soluciones reales ni presencia en las zonas afectadas.

Crisis en seguridad y defensa

El sector de la seguridad también enfrenta un colapso bajo la administración de Petro. La crisis militar ha llevado a cambios en la cúpula de la Policía, la falta de recursos ha afectado la operatividad de las Fuerzas Armadas y la incertidumbre sobre la estrategia de seguridad del gobierno ha generado un ambiente de inestabilidad. La ausencia de un ministro de Defensa en funciones agrava aún más la situación, tras la renuncia de Iván Velásquez, justo cuando el Presidente está de viaje en oriente medio.

Mientras tanto, la violencia sigue en aumento en al menos diez departamentos, con un Ejército debilitado y sin una estrategia clara para recuperar el control. La guerra entre el ELN, las disidencias de las FARC y otros grupos armados ilegales continúa escalando, con atentados, secuestros y asesinatos que afectan a la población civil. Sin embargo, el gobierno sigue apostando por diálogos de paz que hasta ahora han demostrado ser poco efectivos y, por el contrario, ha fortalecido a las guerrillas, grupos terroristas que impunemente siguen delinquiendo y aterrorizando a la población.

Contradicciones en política internacional

Uno de los aspectos más criticados de la reciente gira de Petro es la evidente contradicción en su discurso sobre la industria petrolera. Mientras en Colombia cancela contratos de exploración y explotación de petróleo, lo que ha generado una reducción en los ingresos del país, en Medio Oriente busca financiamiento de los mismos países que basan su economía en la producción de crudo.

Este doble estándar no solo debilita su credibilidad a nivel internacional, sino que también evidencia una falta de dirección clara en su política económica. Mientras Colombia pierde oportunidades de desarrollo energético, el presidente Petro intenta conseguir apoyo financiero en naciones cuyos modelos rechaza abiertamente en su discurso político.

Relaciones con Estados Unidos en riesgo

La mala gestión diplomática del gobierno Petro también ha llevado a un deterioro en las relaciones con Estados Unidos. La reciente negativa de Washington a otorgar visas a funcionarios cercanos al Presidente, incluyendo al coronel Carlos Feria, evidencia el malestar de la administración de Donald Trump con el gobierno colombiano.

La preocupación en Colombia crece ante la posibilidad de que el país sea sancionado en materia de derechos humanos y lucha contra el narcotráfico, con descertificaciones; lo que podría afectar gravemente la economía exportadora en un contexto de incremento de aranceles, recorte a ayudas y limite a la cooperación internacional. Mientras algunos funcionarios del gobierno, sin dirección ni liderazgo, tratan de establecer puentes con la administración Trump, Petro sigue enfocando su atención en foros internacionales de dudosa relevancia, sin atender las prioridades diplomáticas con su principal socio comercial.

Un presidente desconectado de la realidad

Gustavo Petro parece estar más enfocado en construir una imagen internacional que en gobernar a Colombia. Mientras el país enfrenta crisis en todos los frentes, él sigue adelante con una agenda internacional que lo aleja de los problemas internos. Su insistencia en discursos sobre inteligencia artificial, que desconoce plenamente, vida en las estrellas, fin de la humanidad y hasta impuestos a la nube; su presencia en eventos irrelevantes y su desconexión con las urgencias nacionales han generado críticas incluso dentro de su propio círculo político.

La realidad es que Colombia necesita un liderazgo fuerte y presente. La acumulación de crisis en lo político, económico, social, escándalos de corrupción por dineros ilegales a su campaña y reuniones con Papá Pitufo; además de las crisis de seguridad, humanitarias y de implosión interna en su gobierno, exigen decisiones inmediatas, no ausencias prolongadas y discursos vacíos. Si Petro continúa priorizando su protagonismo en la escena internacional sobre la gobernabilidad del país, las consecuencias podrían ser devastadoras para una nación que ya se encuentra al borde del colapso.

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