(ANÁLISIS) El Plateado, Cauca: una población atrapada en el fuego cruzado entre el gobierno y las disidencias de las FARC
El Plateado, un corregimiento enclavado en las montañas del Cauca, ha sido históricamente una región azotada por la violencia. Sin embargo, en los últimos días, este pequeño pueblo se ha convertido en el epicentro de una nueva y peligrosa confrontación entre el gobierno colombiano, liderado por el p
El Plateado, un corregimiento enclavado en las montañas del Cauca, ha sido históricamente una región azotada por la violencia. Sin embargo, en los últimos días, este pequeño pueblo se ha convertido en el epicentro de una nueva y peligrosa confrontación entre el gobierno colombiano, liderado por el presidente Gustavo Petro, y las disidencias de las FARC, bajo el mando de Iván Mordisco. Lo que comenzó como un intento por “recuperar” la zona del control insurgente, terminó revelando la complejidad de la situación en esta región, donde la población civil y los actores armados mantienen una relación de convivencia que desafía las soluciones militares tradicionales.
La promesa de “recuperar” El Plateado
Desde su llegada a la presidencia, Gustavo Petro ha buscado implementar una nueva estrategia para alcanzar la paz en Colombia. A diferencia de gobiernos anteriores, Petro optó inicialmente por el diálogo, apostando por una política de “paz total” que incluía negociaciones con distintos grupos armados ilegales, incluidas las disidencias de las FARC. Iván Mordisco, uno de los principales líderes disidentes que no se acogió al acuerdo de paz de 2016, era considerado un actor clave en estos diálogos.
Durante los primeros meses de su mandato, Petro describió a Mordisco como un revolucionario con el que el gobierno podría sentarse a negociar. La idea era integrar a estas facciones en el proceso de paz, prometiendo un fin definitivo al conflicto armado. Sin embargo, las expectativas se desmoronaron rápidamente. Mordisco, al igual que otros líderes de grupos insurgentes, rechazó las propuestas del gobierno y continuó fortaleciendo su control sobre zonas estratégicas del Cauca, como El Plateado.
Este rechazo no solo fue un golpe a los esfuerzos de paz de Petro, sino que también hirió su prestigio personal. Lo que antes era una relación de prudente distanciamiento entre el gobierno y las disidencias, se transformó en una confrontación directa. Petro, quien en su momento evitaba utilizar calificativos negativos para referirse a Mordisco, comenzó a llamarlo “narco” y “traqueto”, marcando un cambio de discurso que anunciaba una ofensiva militar inminente.
La ofensiva militar en El Plateado
Ayer, el gobierno colombiano lanzó una de las mayores ofensivas militares en la región del Cauca, específicamente en El Plateado, con el objetivo de desalojar a las disidencias de las FARC y recuperar el control estatal. La operación contó con el despliegue de tropas mecanizadas, incluidas unidades con tanques de guerra, y se organizó un cerco en torno al casco urbano del corregimiento, convirtiendo a El Plateado en un verdadero escenario de guerra.

En los primeros momentos de la operación, todo parecía ir según lo planeado. Las fuerzas militares lograron romper las posiciones insurgentes y los guerrilleros, en una muestra de desesperación, intentaron escapar del pueblo por cualquier medio posible, buscando refugio en las zonas rurales cercanas. “Parecían cucarachas, desplazándose por las calles en busca de una vía de escape” señalaba un habitante cuyo video se conoció en redes sociales; mientras las fuerzas armadas avanzaban.
La población civil se levanta contra el ejército
Sin embargo, lo que parecía una operación militar exitosa se transformó rápidamente en un complejo dilema para el gobierno. A pesar del éxito inicial en el terreno, la guerrilla había consolidado, en los últimos años, un profundo vínculo con la población civil de El Plateado, lo que añadió una capa de dificultad al conflicto.
En medio del cerco militar, los líderes comunales de la población emitieron un contundente mensaje dirigido al presidente Petro, exigiendo la retirada inmediata de las tropas. Los comunales, respaldados por una porción significativa de la población, amenazaron con llevar a cabo “acciones de hecho” si el ejército no abandonaba la zona. Esta amenaza no se quedó en palabras: en cuestión de horas, decenas de habitantes salieron a las calles y se interpusieron en la avanzada militar, formando cordones humanos que dificultaron el avance del ejército.

Los líderes comunales acusaron al gobierno y al ejército de haber violado los derechos humanos durante la operación, señalando que más de una decena de civiles resultaron heridos. Aunque no está claro si todos los heridos eran realmente civiles, dado que las disidencias a menudo se mezclan con la población civil en estos territorios, el argumento fue suficiente para movilizar a la comunidad contra el ejército.
El retiro forzado de las tropas
Ante la presión de la población y las acusaciones de violaciones a los derechos humanos, el gobierno colombiano se vio obligado a dar marcha atrás en su ofensiva. Las tropas del ejército comenzaron a retirarse de El Plateado, dejando nuevamente el control del corregimiento en manos de las disidencias de las FARC bajo el mando de Iván Mordisco. Lo que parecía ser una victoria militar se convirtió en una humillante derrota política y estratégica para el gobierno de Gustavo Petro.
La retirada de las tropas evidenció un problema recurrente en las zonas de conflicto en Colombia: la relación ambigua entre los actores armados y las comunidades locales. En lugares como El Plateado, donde el Estado ha estado ausente durante los últimos años de supuesta negociación de “Paz Total” la guerrilla ha llenado el vacío, ofreciendo seguridad y, en algunos casos, incluso servicios básicos a la población. Esto ha generado una lealtad que va más allá de la simpatía ideológica, haciendo que cualquier intento de intervención militar se convierta en un enfrentamiento no solo contra los insurgentes, sino también contra la propia comunidad. Esto ya se ha visto en otras poblaciones en donde la comunidad termina secuestrando a los militares en beneficio de la guerrilla.

¿Qué sigue para el gobierno de Petro?
La situación en El Plateado deja al gobierno de Petro en una posición complicada. Por un lado, la derrota militar y la incapacidad de mantener el control sobre la zona representan un golpe significativo a su política de seguridad y a su estrategia de “paz total”. Por otro lado, el gobierno enfrenta ahora el desafío de cómo recuperar la legitimidad en estas regiones sin recurrir exclusivamente a la fuerza militar.
La complejidad de la situación también plantea preguntas sobre el futuro del proceso de paz en Colombia. Si bien Petro ha intentado diferenciarse de sus predecesores al adoptar un enfoque, aparentemente, más conciliador, la negativa de grupos como las disidencias de las FARC a participar en los diálogos deja al gobierno con pocas opciones viables. La derrota en El Plateado demuestra que, en algunos casos, los esfuerzos militares y de negociación están condenados a fracasar si no se aborda de manera integral la relación entre las comunidades locales y los grupos armados. Lo único cierto es que el enfoque de la “paz total” ha fortalecido a los grupos armados ilegales y les ha permitido ejercer un liderazgo territorial que reemplaza al Estado, al punto de haberse perdido el control legítimo del territorio en muchos puntos del país.

El Plateado, Cauca, es hoy el reflejo de la compleja realidad que enfrenta Colombia en su intento por poner fin a más de medio siglo de conflicto armado. Aunque el gobierno de Gustavo Petro ha apostado por una política de paz, los retos que presenta la región del Cauca, con su entramado de guerrillas, narcotráfico y población civil empoderada por la insurgencia, muestran que no existen soluciones fáciles.
La retirada del ejército de El Plateado marca un punto de inflexión en la estrategia de Petro, evidenciando que la mera acción militar no es suficiente para garantizar la paz en regiones donde la guerrilla tiene un control casi total. A medida que el conflicto continúa y las disidencias de las FARC fortalecen su presencia, el gobierno colombiano se enfrenta al desafío de cómo recuperar estas zonas sin provocar un enfrentamiento directo con las comunidades que, en muchos casos, ven en la guerrilla su única fuente de orden y seguridad.

El futuro de El Plateado, al igual que el de muchas otras regiones en Colombia, dependerá de la capacidad del Estado de ofrecer una alternativa creíble y sostenible a la insurgencia. Hasta entonces, las disidencias de Iván Mordisco seguirán siendo el poder dominante, y la paz, un objetivo cada vez más lejano.
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