(ANÁLISIS) César Gaviria no ahorró descalificaciones contra la ministra Corcho
El director del partido Liberal, el expresidente César Gaviria Trujillo, se despachó contra Carolina Corcho y su reforma a la salud. En la misiva, Gaviria destacó su desconcierto por la manera como Petro prescindió de Alejandro Gaviria, a quién calificó como «la persona más preparada, con más experi

El director del partido Liberal, el expresidente César Gaviria Trujillo, se despachó contra Carolina Corcho y su reforma a la salud.
En la misiva, Gaviria destacó su desconcierto por la manera como Petro prescindió de Alejandro Gaviria, a quién calificó como «la persona más preparada, con más experiencia y que mejor conoce el sistema de salud de Colombia».
En cuanto a la salida del ahora exministro de Educación, César Gaviria indicó que lo asalta el temor de que prevalecieran las exigencias de la ministra Corcho, a quien calificó de intolerante, arrogante (no acepta las críticas) y reaccionaria frente a las ideas diferentes.
Asimismo, Gaviria puso el dedo en la llaga al señalar que a la ministra «le debió parecer terriblemente ofensivo el hecho de que se filtrara un documento que efectivamente existía», refiriéndose a la carta de varios miembros del gabinete en la que cuestionaron, con argumentos contundentes, la pretensión del Gobierno de impulsar una reforma que pone en riesgo la salud y el bienestar de todos los colombianos.

Gaviria se despachó
Después del preámbulo, Gaviria profundizó sus críticas contra la ministra, indicando que su «capacidad para escuchar es mínima» y que «ella considera que su proyecto es perfecto y que no puede aceptar crítica alguna».
Con el mismo tono crítico, Gaviria indicó que Carolina Corcho «considera que cualquier propuesta de cambio al proyecto es inaceptable, ni siquiera si proviene del ministro de Hacienda o del exministro de Salud».
Además, César Gaviria se fue lanza en ristre contra la reforma, asegurando que no entiende cómo el Gobierno lanzó el proyecto sin hablar con el ministro de Hacienda ni preguntarle «si los recursos para tan monstruosa maquinaria burocrática del proyecto gubernamental estaban disponibles».
Finalmente, aseguró que el liberalismo buscará mejorar el proyecto, confiando en que la reforma pueda ser una «iniciativa que respete y valore ideas distintas a las de la ministra Corcho de quien solo conocemos su intemperancia».
El documento muestra el profundo malestar que existe en las toldas rojas por cuenta de la salida de Alejandro Gaviria y un evidente resquebrajamiento de las relaciones de ese partido con el Gobierno Petro.
Intolerante, reaccionaria, arrogante, intemperante, sorda y rebelde a las críticas… ¿Le faltaría algún adjetivo al expresidente para referirse a la ministra de Salud?
¿Crisis en el horizonte?
Aún es muy temprano para conocer las consecuencias de la salida de Gaviria del gabinete, pero el comunicado del expresidente deja entrever que ese matrimonio por conveniencia pende de un hilo.
Así las cosas, las decisiones autoritarias de Petro, unidas a la incapacidad intelectual y de consenso de sus fieles escuderos –radicales dogmáticos que rechazan las herramientas académicas, estadísticas y técnicas– podrían poner en riesgo las intenciones reformistas de Petro al desmoronarse la aplanadora gubernamental en el Congreso de la República.
De hecho, el liberalismo tiene, hoy por hoy, 14 senadores, cuya posible salida de la coalición dejaría en cuidados intensivos la reformitis petrista, al perder las apabullantes mayorías en el Capitolio.
Es que la salida de los rojos de la coalición –ya sea que se declaren en independencia o en oposición– tendría serias repercusiones en el proceso legislativo del Gobierno, pues a la crisis con los liberales se debe sumar la negativa de los conservadores de apoyar la reforma a la salud.
De esta manera, serían 53 senadores (liberales, conservadores, Cambio Radical y Centro Democrático) los que se opondrían, por lo pronto, a dicha reforma, dejando al Gobierno en minoría en el Senado. Además, de darse la ruptura definitiva de azules y rojos con Petro, el Congreso pasaría a ser de mayoría opositora, dejando colgadas las reformas a la salud, la de la justicia y la laboral, entre muchas otras.
Esta no es una buena noticia, pues el desmoronamiento de la bancada de Gobierno podría radicalizar a Gustavo Petro quien ha mostrado abiertamente sus pretensiones autoritarias por lo cual, las intenciones de «profundizar» el cambio –que no es otra cosa que el radicalismo comunista– lo llevarían a transitar con apuro, los caminos de la dictadura y del totalitarismo.
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