Reacciona EE.UU. por política Petro con las drogas
Por Álvaro Ramírez González Se tenía que calentar el ambiente político entre Colombia y los Estados Unidos. Desde el iluminado discurso del presidente Petro en la Asamblea de la ONU, donde afirmó que «el petróleo y el carbón eran mucho peores para la humanidad que la cocaína», muchos líderes del mun

Por Álvaro Ramírez González
Se tenía que calentar el ambiente político entre Colombia y los Estados Unidos. Desde el iluminado discurso del presidente Petro en la Asamblea de la ONU, donde afirmó que «el petróleo y el carbón eran mucho peores para la humanidad que la cocaína», muchos líderes del mundo se sorprendieron y se notificaron que Petro no iba a combatir las drogas en Colombia.
Apenas un lunático como Petro puede pensar que con un discurso arrevesado a favor de la coca, los países del mundo van a asumir su posición de tolerancia y complicidad expresa con una droga que envenena el mundo y destruye tejido social.
Estados Unidos aprobó este año una ayuda presupuestal para el combate de las drogas en Colombia, por USD 460 millones, como lo viene haciendo hace muchos años. Estas ayudas sumadas, ya sobrepasan los USD 10.000 millones. ¿Y qué efecto han producido?
Después de cuatro décadas de combate a las drogas, Colombia es el primer productor mundial de cocaína con más de 240.000 hectáreas de coca sembradas, y Estados Unidos, el primer consumidor, con una cifra de más de 100 000 muertos anuales por sobredosis, en 2021.
En esos términos, tiene razón el presidente Petro, en cuanto que «la lucha contra las drogas en el mundo ha sido un fracaso». Y sin duda, legalizar su producción distribución y consumo puede quitarle el manto de ilegalidad y tirar su precio al suelo. Así sucedió con el alcohol. Pero es una decisión de todos los países del planeta. Petro ha decidido legalizar de tajo el negocio de la coca en Colombia.
Veamos. Prohibió la fumigación aérea de cultivos. Suspendió la fumigación manual de los mismos. Anunció que «no encarcelará ni un campesino cocalero más ni un solo raspachín». Y en el Catatumbo, en reciente reunión con 5 000 campesinos cocaleros de la región, fue muy claro afirmando que «mientras esos campesinos no encuentren un cultivo alternativo mejor, pueden seguir sembrando y cultivando la coca».
Más claro no canta un gallo. Los satélites del Departamento de Estado de los Estados Unidos están registrando un crecimiento brutal en el área sembrada de coca en territorio colombiano. Son ya virales las ofertas de fincas cocaleras en el Cauca, Nariño y Putumayo. Así como los videos de raspachines invitando a los jóvenes de las ciudades a ir allí, donde hay “trabajo ilimitado”, y la paga es al menos tres veces mejor.
La reacción de los Estados Unidos es de una gran molestia. Pero en la situación actual del continente, invadido de gobiernos de izquierda, el Tío Sam y su presidente Joe Biden, proclive a la izquierda, no pueden tomar ninguna decisión o sanción drástica contra su aliado eterno Colombia por este fenómeno. Y Petro lo sabe.
Así las cosas, vamos a pasar volando por las 300 000 has de coca sembrada, y ya no perseguida por el Estado colombiano. Y llegarán muchos millones de dólares más. Para pagar ejércitos de terroristas, comprar armas, dominar territorios, y cometer toda suerte de crímenes. Eso es lo que la coca le ha traído al país. Dólares, capos, armas, muertos y destrucción del tejido social.
alragonz@yahoo.es

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