¡Qué tal esos ministros!
Por Álvaro Ramírez González Para que un político haga un buen gobierno, la clave es que se rodee de ejecutivos técnicos de primer nivel para que los planes de gobierno se ejecuten con eficiencia y prontitud. Eso creo yo fue lo que hizo Iván Duque. Es por eso que, a pesar de la pandemia, de […

Por Álvaro Ramírez González
Para que un político haga un buen gobierno, la clave es que se rodee de ejecutivos técnicos de primer nivel para que los planes de gobierno se ejecuten con eficiencia y prontitud. Eso creo yo fue lo que hizo Iván Duque.
Es por eso que, a pesar de la pandemia, de los paros y bloqueos terroristas y de recibir unas finanzas en muy mal estado de Santos, pudo terminar su mandato con un elevado número de proyectos ejecutados y entregados. El equipo de ministros y asesores de Duque era excepcional. Todos concentrados en sus trabajos y ninguno en los micrófonos y menos en la política.
En el actual gobierno de Gustavo Petro, las cosas son bien distintas. Tan distintas que han sido los iluminados ministros de Petro, más que el mismo presidente, los que han hecho un montón de anuncios, que tienen hoy al país aturdido, asustado y en un altísimo nivel de preocupación. Pero ninguno como la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez.
Nadie en la historia reciente del país que haya dicho tal cantidad de bestialidades sin sentido y que tenga más confuso y angustiado al sector minero, que esta filósofa que Petro puso en ese delicado Ministerio. Su mensaje de que no habrá más exploración de gas fue aterrador. El gas es el combustible de 40 millones de colombianos. Y Colombia tiene reservas para un poco más de cinco años.
La otra estupidez que planteó fue la de importar ese gas de Venezuela. ¡Sin poliducto, importar ese gas vale tres veces el precio de hoy! ¿Quién va a comprar ese gas? Pero la tapa de la olla fue la intervención de esta iluminada y chiflada ministra, de proponer a los demás países que «detengan su crecimiento, para ser amables con el medio ambiente.» ¿Qué tal esa imbecilidad?
Crecer las economías es la única fórmula que le ha permitido a todos los países del mundo, cerrar la brecha entre ricos y pobres y construir una fuerte y numerosa clase media. Proponer que «detengan el crecimiento», es proponer el regreso al atraso y la pobreza y además, acabar con la clase media, que es la fortaleza económica de esos países.
Es increíble el estilo gerencial de Gustavo Petro. Se ha rodeado de mamertos y eso está bien, pues él gano las elecciones. Pero qué personajes tan de mala calidad. Armando Benedetti, flamante embajador en Venezuela, aparece borracho en su primera salida oficial. El Canciller Leyva afirmando que Jesús Santrich fue víctima de un «entrampamiento». ¡Semejante delincuente!
Y ahora la iluminada Irene, proponiendo «detener en crecimiento económico del mundo». El primero, un sinvergüenza burgués al servicio de las FARC. La segunda, una loca de amarrar. ¡Pobre Petro!
alragonz@yahoo.es

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