¿Qué es un mal alcalde?
Por Álvaro Ramírez González Estaba leyendo un artículo sobre los alcaldes de Bogotá, Medellín y Cali, que los define claramente como malos alcaldes. ¿Recuerdan la situación de Barranquilla? Era una ciudad inviable y saqueada. Cada alcalde llegaba a robar, consciente de cuánto le costarían los abogad

Por Álvaro Ramírez González
Estaba leyendo un artículo sobre los alcaldes de Bogotá, Medellín y Cali, que los define claramente como malos alcaldes. ¿Recuerdan la situación de Barranquilla? Era una ciudad inviable y saqueada. Cada alcalde llegaba a robar, consciente de cuánto le costarían los abogados y cuánto pagaría de cárcel.
Pero al final salían ricos y la ciudad en ruinas. Literalmente sin agua, sin energía y sin teléfono. Hasta que llegó Alex Char. Recibió a Barranquilla en «ley de insolvencia» (quiebra). Al indagarlo por la cantidad de obras que estaba ejecutando. me dijo, «es la misma plata Álvaro, pero sin robar, rinde cuatro veces».
En 20 años, Char, en sus dos mandatos, más los de sus pupilos Noguera y Pumarejo, ha hecho una verdadera transformación de Barranquilla. Hoy es, al lado de Medellín, la ciudad más bonita, con mejores servicios públicos y la mejor equipada en vías, canchas populares, hospitales. colegios y escuelas. Es la ciudad del futuro y de las exportaciones.
¿Cuál es la diferencia con los gobiernos anteriores? Pues la calidad de la gerencia pública.
Un término este que no maneja el elector básico, pero que hace la total diferencia. ¿Por qué llega un alcalde malo a dirigir una ciudad? Por dos cosas: La clase dirigente empresarial es indolente y se distancia del manejo de la ciudad. La segunda, aparece un candidato político y promesero que negocia económicamente el apoyo con los partidos y sale a llenar el pueblo de promesas e ilusiones todas vanas e impracticables.
En Bogotá, pasaron de un descomunal planificador y gerente público como Enrique Peñalosa a una Claudia López, estridente, improvisadora, peliona, que gobierna más para su aspiración presidencial que para la ciudad. La diferencia en los resultados está a la vista. Hoy Bogotá, invadida de inseguridad, de núcleos (portales) terroristas y desorden.
Una ciudad donde lo único que crece es la delincuencia y el desorden.
Medellín ha tenido casi siempre buenos alcaldes. Unos mejores que otros, pero con una línea gerencial clara que ha llevado a la Bella Villa, a ser la mejor ciudad del país. Hoy Medellín está inundada de basuras, con calles rotas, agobiada por la inseguridad y con su presupuesto anual agotado. Daniel Quintero llegó a destruir el esquema de gobierno de Medellín. A desbaratar a EPM, a parar y arruinar en un pleito a Hidroituango y a montar una inútil pelea con el GEA, el mayor tesoro empresarial de los antioqueños.
Es una Alcaldía ineficaz, descuidada al extremo e invadida de escándalos de corrupción en la contratación. Eso es un mal alcalde.
Finalmente, Cali es la tapa. Jorge Iván Ospina que montó y cobró en su gobierno anterior ocho megaobras pero no ejecutó sino tres de ellas, fue reelegido. Y su segundo mandato ha sido la ruina para Cali. El paro terrorista de Petro hizo los mayores estragos en Cali, porque Ospina fue claramente aliado de la Primera Línea.
Una ciudad cerrada y bloqueada por un mes, por el terrorismo apoyado por su alcalde. Hoy toda la directiva de la Primera Línea trabaja en la Alcaldía de Cali. Premio por tanta destrucción. El estado de abandono de la ciudad es lamentable. Y Ospina está dedicado a hacer política.
Las comunidades de las distintas ciudades tienen que poner, en adelante, mucha atención en la selección de sus alcaldes. Char en 20 años, transformó a Barranquilla y la hizo el mejor vividero de Colombia. Quintero en dos años y medio ha hecho daños en Medellín, como nadie antes, que ya sufren en su vida diaria los paisas.
Bogotá, Medellín y Cali están empeñadas en corregir y dar un timonazo en la elección de sus próximos alcaldes. Ya han sufrido en carne propia, las consecuencias de unos culebreros, y politiqueros que solo llegaron, unos a robar y otros a preparar sus candidaturas presidenciales.
Un mal alcalde, tiene tanto poder, y maneja tanto presupuesto, que arruina la calidad de vida de todos sus gobernados. Los invito a que nos pongamos a elegir buenos alcaldes.
alragonz@yahoo.es

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