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¿Golpe de Estado?

Por Álvaro Ramírez González Para atreverme a titular de esa manera me tuve que apoyar en un programa audio de Fernando Londoño Hoyos, quien entre todas sus cosas, es un gran jurista. No soy abogado, él sí que lo es y con un largo y exitoso desempeño. Y no tiene duda alguna que enfrentamos un [&helli

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Redacción IFM
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Por Álvaro Ramírez González

Para atreverme a titular de esa manera me tuve que apoyar en un programa audio de Fernando Londoño Hoyos, quien entre todas sus cosas, es un gran jurista. No soy abogado, él sí que lo es y con un largo y exitoso desempeño. Y no tiene duda alguna que enfrentamos un golpe de Estado desde la presidencia de la República.

Para mí es demasiado claro que lo que el presidente Petro está haciendo, al pretender liberar 230 delincuentes encauzados, y algunos ya juzgados y condenados, es un golpe de Estado. No tiene otro nombre. Es romper de un plumazo, con la firma y la venia de sus áulicos ministros de turno como Prada y Osuna, el orden Constitucional.

El fiscal general Barbosa y la Procuradora Cabello, le han hecho respetuosas pero muy serias advertencias a Petro sobre esta barbaridad. Y a él le han importado un pepino. Firmó ya el decreto correspondiente. Además de lo jurídico, ¿qué intención hay detrás de la decisión de sacar a la calle 230 delincuentes? ¿Por qué librarlos de pagar su condena? ¿Porque amenazaron a través del abogado de Alias 19, de hacer públicos detalles de planeación, ejecución y financiación del paro de abril del 2021?

¿Quién más sino el dinero del narcotráfico manejado por las FARC, y el ELN, pudo financiar una operación de US $ 60 millones? En pesos colombianos son $280.000 millones. Nadie más podía tener y apostar esa cifra. Nadie más. ¿Será esa la razón por la que Petro se arriesga a cometer semejante abuso de autoridad que raya en un golpe de Estado? ¿O habrá allí algo más que ignoramos y Petro no desea que se haga público?

En mi opinión, quienes apostaron esa gruesa suma, ganaron. Ganaron más que nunca.

Se ganaron un país. Un país con un presidente amigo que no va a permitir que se fumiguen más las plantaciones de coca. Pueden en adelante multiplicar sus ya rentables cultivos de coca. Este gobierno, no los va a tocar.

Un presidente amigo de legalizar estas drogas. Que se atrevió en la ONU, a afirmar que el petróleo y el carbón hacen más daño que la cocaína. ¿Cómo se le ocurre liberar 230 delincuentes para ponerlos como gestores de paz? ¿Qué saben esos delincuentes de paz?

Saben de violencia, de incendiar y destruir buses, estaciones, bancos, CAI, peajes, supermercados y bancos. Saben arrojarle gasolina y papas bomba a la policía y al ESMAD.

Saben secuestrar y asesinar algunos de ellos.

¿No habrá en Colombia otros jóvenes de diferente conducta que sirvan de gestores de paz? La conclusión no puede ser más obvia. En lo ético, lo racional, en el sentido común, se trata de una aberración. De dar gusto a un capricho dictatorial de liberar delincuentes.

En lo legal, se trata del rompimiento de la división de poderes. Jamás antes un presidente colombiano se había metido con la justicia y menos con el juzgamiento de un delincuente. ¡Se trata de un golpe de Estado!

Sobremesa. Las víctimas mortales del paro. El joven ingeniero civil degollado con un cable en la vía. El niño que murió en la ambulancia porque no la dejaron llegar al hospital los bloqueos. El policía que fue secuestrado, torturado y finalmente asesinado y arrojado al río Cauca. Todos ellos merecían pasar las navidades con sus familias. Y esta horda de delincuentes se los impidieron y les quitaron la vida.

¿El premio justo será sacar todos esos delincuentes de la cárcel para que pasen Navidad con sus familias? ¿De verdad, Petro? ¿Así se premia la delincuencia?

alragonz@yahoo.es

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