De acuerdo presidente, pero …
Por Álvaro Ramírez González Las diferencias políticas no nos pueden llevar a desearle fracasos al gobernante de turno. Yo particularmente quisiera que a Petro le fuera bien. Así lo expresé en mis primeros artículos una vez proclamó su triunfo. Si le va bien a él, es apenas lógico que le irá bien a C

Por Álvaro Ramírez González
Las diferencias políticas no nos pueden llevar a desearle fracasos al gobernante de turno. Yo particularmente quisiera que a Petro le fuera bien. Así lo expresé en mis primeros artículos una vez proclamó su triunfo. Si le va bien a él, es apenas lógico que le irá bien a Colombia. Y muchos ataques recibí por esa posición.
Pero no lo veo nada fácil con las personas que ha nombrado en cargos estratégicos y con ideas luminosas cómo acabar con la exploración de hidrocarburos y de gas y regalar un millón de pesos mensuales a 100 000 muchachos, así como así. Ambas cosas perfilan una gestión fracasada. Desenfocada.
Malo para mí, malo para ustedes, malo para el país entero. Pasar de la seguridad alimentaria, a la “soberanía alimentaria” es la última y magnífica propuesta del presidente Gustavo Petro, en Magangué Bolívar.
Pero pasar del dicho, al hecho, tomará mucho trecho, como dice el adagio popular. La bienestarina es un alimento de alto valor nutricional y lo conforman 19 ingredientes. Aporta proteínas y micronutrientes, de muy alto valor, pero definitivamente es un suplemento que no reemplaza del todo la dieta alimenticia.
Lo qué pasa en un país tan pobre como Colombia, es que en miles de hogares, la bienestarina es parte básica de la alimentación. Eliminar la bienestarina como quiere Petro, es tan imposible como que no hay ningún producto que la reemplace. Y deja totalmente desnutridos a 2.5 millones de niños pobres colombianos.
Otra cosa muy distinta es eliminar la importación de alimentos y granos como el maíz, el trigo, las lentejas, los garbanzos y los frijoles. Pero esto no es soplando y haciendo botellas, presidente Petro. Hay que hacer estudios que definan zonas aptas para la producción de cada uno de estos productos. Y hacer un plan global que haga un censo de fincas, una estimación de los costos de producción y las máquinas e infraestructura para hacer eficiente ese cultivo. Y todo eso cuesta miles de millones… ¡Billones!
El agua es un insumo básico en todos los cultivos y miles de hectáreas de la geografía nacional no tienen agua disponible en el verano. Y verdaderas inundaciones en el invierno.
Luego allí hay que hacer inversiones millonarias en distritos de riego y drenajes de tierras.
La Mojana de Sucre, Bolívar y Antioquia, es un área de 500 000 hectáreas muy fértiles.
Pero la mitad del año están bajo el agua. Reemplazar esas importaciones es hoy un imposible absoluto. En maíz por ejemplo, Colombia importa el 75 % de lo que consume. Por dos razones. La primera, es que no podemos sacar dos cosechas de maíz al año por falta o exceso de agua. La segunda, porque definitivamente el maíz importado es mucho más barato que el producido en Colombia.
Llevar una hectárea de maíz de siembra a cosecha vale hoy siete millones de pesos. No es pues un cultivo accesible a muchos finqueros. Y el verano o el excesivo invierno arruinan el cultivo, con mucha facilidad. No somos pues competitivos en maíz.
Presidente Petro, es hora de pasar de los anuncios a los hechos. Los finqueros colombianos son muy guapos. Cualquiera cambiaria gustoso la ganadería por agricultura. Es muchísimo más rentable. Quizás cuatro o cinco veces más. Pero no lo pueden hacer por falta o exceso de agua. Falta de recursos económicos, de semillas buenas, de fertilizantes, de matamalezas, de vías de acceso y de crédito barato.
Pregunto, ¿no será más útil dinamizar la agricultura en el campo con créditos a cero intereses, que regalarle $ 1.4 billones a 100 000 muchachos que ni siquiera adquieren el compromiso de estudiar?
Estuve en Bolivia en la frontera con Brasil. Una región llamada la Chiquitania. Es impresionante la vocación y la estructura productiva de ese país. Aún socialista, y con conflictos políticos, Bolivia es el cuarto productor mundial de soya. Camine por cultivos hasta de 15 000 hectáreas de este producto.
Eliminar las importaciones de estos alimentos e insumos suena muy romántico y patriótico, pero exige unos planes muy serios, unos funcionarios muy competentes y unos recursos descomunales que Colombia no tiene. Una pasadita por Bolivia le aclararía mucho las cosas al presidente Petro.
Cómo están hoy las cosas, lo único que vamos a producir de más es coca. Y cocaína. Y con ella, armas, capos, grupos, desinstitucionalización y sangre.
alragonz@yahoo.es

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