Se cierra el círculo: todos los negociadores del Pacto de la Picota estarán en el gobierno o en el Congreso de la República
Durante la campaña a la Presidencia, el Pacto Histórico quiso invisibilizar el Pacto de la Picota. Hablaron, en un primer momento, de «perdón social» y como el asunto no cayó bien en la ciudadanía, recurrieron a la estrategia desesperada de descalificar y desautorizar a los voceros de Gustavo Petro,
Durante la campaña a la Presidencia, el Pacto Histórico quiso invisibilizar el Pacto de la Picota. Hablaron, en un primer momento, de «perdón social» y como el asunto no cayó bien en la ciudadanía, recurrieron a la estrategia desesperada de descalificar y desautorizar a los voceros de Gustavo Petro, quienes visitaron la cárcel de La Picota para pactar el respaldo de los delincuentes al proyecto político del petrismo.

En ese momento, el mismo Petro descalificó a Piedad Córdoba y le pidió que se alejara del Pacto Histórico. Mientras tanto, al hermano de presidente electo lo repudiaron e incluso aseguraron que no era parte de la campaña. Danilo Rueda pasó de agache, aunque sus antecedentes como negociador de testigos, sus vínculos con una ONG que históricamente ha excluido a la guerrilla del término terroristas y que ha trabajado al lado de Javier Giraldo, un controvertido cura que ha estado en el ojo del huracán por cuenta de las arbitrariedades que ha encabezado en varias zonas del país; encendieron las alarmas en el país.
Era natural que, al terminar la campaña presidencial, después de mancillar el honor y la reputación de todos los que no fueran petristas, se dispersara la niebla y se viera con claridad lo que estaba ocurriendo. No pasó mucho tiempo para que Piedad Córdoba fuera «perdonada» y el más lagarto de todos los paracaidistas en el petrismo, Roy Barreras, abordara un avión para posesionarla rápida e irregularmente como congresista, en una clínica de Medellín.
La imagen de Barreras, con algún documento en la mano, leyendo lo que correspondía mientras Córdoba está postrada en una cama, de seguro sedada y conectada a todo lo que la ciencia capitalista puede ofrecer; resulta patética, aunque esclarecedora, para entender la necesidad de pagar el compromiso de la senadora con el impulso que le dio al Pacto de la Picota. El maltrato, el desprecio y el destierro que sufrió por parte del Pacto Histórico, eran solo efectos propagandísticos para calmar a las turbamultas petristas. Con el triunfo en la mano ya no tienen la necesidad de disimular y Piedad, la investigada nacional e internacionalmente, la que tiene un hermano a punto de ser extraditado, disfrutará de la impunidad por el valor demostrado al acercarse a los criminales convictos en La Picota.
Otro que fue repudiado por el Pacto Histórico fue Juan Fernando Petro, quien hizo campaña a favor de su hermano en todo el país y también, como no, en una cárcel de Bogotá. Después de asegurarse que no era parte de la campaña, guardó silencio y bajó su perfil para no perjudicar las ambiciones de su hermano. Al ganar, las apariencias ya no eran pertinentes y subió a la tarima, abrazó a varios y celebró la victoria del petrismo.
Ahora, Juan Fernando Petro será Alto Comisionado del Cuerpo de Paz, postulado por la Comisión Latinoamericana de Derechos Humanos, y se encargará de los temas de conflicto en la región. ¿Cuáles conflictos? Pues el de los terroristas en Colombia. De hecho, Juan Fernando Petro será la fachada de legalidad internacional que el establecimiento narcocomunista les dará a los diálogos que buscarán la «paz total» y el «acogimiento» a la justicia de los grupos criminales del país.
De hecho, dentro de sus funciones está el servir como una consejería paralela en las mesas de diálogo con los grupos armados al margen de la ley en América Latina, es decir, será la «observación» internacional y oficiará como «garante» para legitimar el galimatías de la «paz total» de Petro.

En el marco de las declaraciones ofrecidas por Juan Fernando Petro por su nombramiento, una vez más tuvo que aclarar la visita que realizó a la cárcel de La Picota con Danilo Rueda, premiado también en el nuevo gobierno con el cargo de Alto Comisionado de Paz.
Aseguró que no se trataba de una negociación con los capos de los distintos grupos delictivos, sino que era una visita que pretendía humanizar el «conflicto» y poner en el centro de objetivos los Derechos Humanos.
Esta explicación, sinuosa y filosófica, se contradice con la realidad, pues además de las cartas que han circulado, dándole la bienvenida al esfuerzo de «paz» del nuevo gobierno, también se deben tener en cuenta las declaraciones del futuro canciller y del senador Cepeda, que indican una negociación previamente acordada, para el «acogimiento» a la justicia por parte de los narcoterroristas, eso sí, con beneficios que, de seguro, serán similares a los recibidos por las FARC en su momento.
De esta manera, resulta evidente que Petro está mintiendo, ocultando los verdaderos alcances de las visitas que realizó, junto con Córdoba y Danilo Rueda, a los criminales recluidos en La Picota.
No obstante, pese a la monstruosidad que significa la negociación con criminales convictos, a los encargados de gestionar el Pacto de la Picota, los han premiado con cargos y reconocimiento. En algún tiempo, la posverdad dirá que son verdaderos adalides de la paz, junto a Carlos Pizarro, el Mono Jojoy, Alfonso Cano y Tirofijo.

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