Se acabó el mes del “orgullo”, ¡qué alivio!
Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.
Por: Juan Carlos Camacho Castellanos
Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.
Jean de La Fontaine
La nueva tendencia de la tarupidez (mezcla de tarado con estúpido) humana es llevar lo fisiológico a la política, es decir, el componente de proceso reproductivo y de placer sexual se ha convertido en un tema que supera la necesidad de generar un desarrollo positivo en la sociedad desde lo económico, lo educativo y la seguridad. Hoy en día es más importante saber por cual orificio corporal se consuma la relación genital entre seres que pueden ser de sexo biológico masculino o femenino que apuntarle al desarrollo tecnológico de una nación.
Si, en esa estamos, llevamos la cama a la política y lo genital a los derechos humanos. Estamos al borde de una posible extinción de la humanidad no por la hecatombe de una guerra nuclear sino por la caída estrepitosa en la majadería universal de los seres humanos dejando en manos de la inteligencia artificial las decisiones más triviales y las más importantes. Hoy a la opinión pública le importa más si un “destacado” actor afirma que le gusta el electro sexo fluido entre especies o si una “afamada” actriz establece que es poliglota sexual transespecie coprológica.
La sociedad actual está volcada a determinar si es válido cambiar la “o” y la “a” por la “x” o la “e”, para acabar de un plumazo con las violaciones y la discriminación sexual en lugar de aplicar o crear normas legales rigurosas que recluyan de por vida a los maniáticos sexuales, o que entiendan que eso de la “discriminación sexual” solo se sigue aplicando en ciertas culturas que aún no han entendido que hombres y mujeres pueden destacarse por sus méritos y su esfuerzo sin que para ello sea necesario mantener costumbres abusivas y retrogradas.
Y así, en lugar de ir a los hechos y a la realidad determinada por la ciencia y el sentido común, los países se decantan por seguir la onda progresista y llenar todo un mes con la famosa consigna del orgullo LGTBIQetc., promoviendo espectáculos donde individuos que no han entendido que lo de la cama se queda en la cama salgan a marchar mostrando veladamente sus genitales o comportándose de una manera que muchos padres y madres deben evitar que sus hijos e hijas tengan que ver este tipo de espectáculos. Es irónico que la pornografía se limite a mayores de edad, pero que un grupo de personas marchen resaltando su comportamiento en lo íntimo se vea como una hazaña fabulosa de desarrollo cultural.
Y por ahí saldrán a despotricar en mi contra porque establecerán que esto que he redactado es “lenguaje de odio” y, desearan que pronto en Colombia se apliquen las mismas normas represivas contra la libertad de expresión que ya rigen en España, Canadá o Argentina donde se han formulado normas legales que impiden que nosotros, los que pensamos diferente, expresemos nuestro parecer. Es triste, pero en Canadá han arrestado a un joven por afirmar que solo existen dos sexos, masculino y femenino y en Argentina existen organismos represivos, el infame INADI, que promueven causas judiciales contra aquellos que se rehúsan a aceptar las caprichosas autopercepciones de unos seres que requieren con urgencia un tratamiento psicológico o psiquiátrico adecuado.
Pero no, no discrimino por la autopercepción o la decisión de cómo se asume la intimidad, al contrario, tengo un sobrino gay y respeto y valoro su decisión de expresarlo; he tenido estudiantes lesbianas y homosexuales, y solo he visto sus méritos como persona y no me he visto obligado a calificarlo discriminatoriamente por sus preferencias sexuales porque para mí eso no es limitante, al contrario, ellos y ellas han demostrado su valía académica con trabajos notables y evaluaciones excelentes. Y respecto a la autopercepción eso queda a la subjetividad y no puedo imponerlo por ley al establecer un capricho transitorio y cambiante como un arma para destrozarle la vida a un semejante al acusarlo de “intolerancia” y al obligarlo a renegar de su lógica científica y su sentido común.
A todas estas, yo propongo el mes del orgullo académico para que se promuevan los logros de los estudiantes que se destacan en sus procesos formativos, el mes del orgullo benefactor para aquellos ciudadanos que se destaquen por ayudar a los demás y por poner su granito de arena para mejorar la calidad de vida en su entorno social, el mes del orgullo de los honestos para mostrar que hay personas honradas y trabajadoras que construyen con su esfuerzo una mejor sociedad o el mes del orgullo humano donde se valore la vida humana sin poner color de piel, preferencias sexuales o sexo biológico como banderas o excusas para mostrar odios velados que, señoras y señores, si lo hacen esos fatuos meses del orgullo LGTBI etc., la inclusión forzada y la famosa neo lengua inclusiva.

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