Educación superior gratuita para los estratos uno y dos gritan en coro todos los candidatos presidenciales
Por: Santiago José Castro Buscando el favor de los electores. Suena bien, suena como algo necesario, pero olvidan que donde estamos realmente atrasados es en la educación para la primera infancia. No solo porque la Constitución Política, esa que ha sido reformada casi cincuenta veces desde su promul
Por: Santiago José Castro
Buscando el favor de los electores. Suena bien, suena como algo necesario, pero olvidan que donde estamos realmente atrasados es en la educación para la primera infancia. No solo porque la Constitución Política, esa que ha sido reformada casi cincuenta veces desde su promulgación hace apenas 30 años, solo incluye un año de preescolar como obligatorio, sino porque es mucho más rentable electoralmente abrir una puerta de esperanza a los miles que quieren ir a la universidad y no han podido.
No importa que los datos muestren que en Colombia la mitad de los profesionales no saben leer ni escribir y que, además, no desarrollan en la universidad competencias suficientes para seguir aprendiendo a lo largo de la vida. Lo que importa es que la sociedad insiste en estudiar para “ser alguien en la vida” y por lo tanto lo que procede es ofrecer universidad gratuita, estudien o no estudien.
¿Por qué no revisar el tema y girar el punto de alerta hacia la educación en los primeros años de vida? Es allí donde se requiere más inversión, más compromiso por parte del estado, la sociedad y las familias. Es allí donde se logra el mayor retorno a la inversión, tal como en su momento lo demostraron David Weikart y Charles Eugene Beatty, fundadores del currículo Highscope para preescolar, quienes a través del aprendizaje activo y participativo demostraron el valor humano y financiero de la educación en la primera infancia.
Durante más de cincuenta años se ha estudiado la trayectoria de los niños que tuvieron ocasión de participar en el primer piloto en la década de 1960 y fue evidente el resultado en coeficiente intelectual, ahorro en educación, ingresos por impuestos de renta, ahorros en seguridad social, ahorros en criminalidad; un retorno de 12,9 dólares por cada dólar invertido en el programa.
A lo anterior, agreguemos que las familias más pobres en Colombia hoy no pueden elegir entre opciones el preescolar que quieren para sus hijos. Es momento de pensar en un sistema de bonos educativos para que más educadores puedan ofrecer servicios y competir por los recursos del estado. Que las familias libremente revisen la opción que más les convence, que más conviene a sus hijos y el estado las respalde.
En un debate presidencial que brilla por lugares comunes que pretenden competir con las propuestas del nuevo Goyeneche, sería bueno que algún candidato levantara la mano y propusiera de frente y sin miedo que las familias tengan opciones para la educación inicial de sus hijos. Allí está el cambio, pero esos niños son libres y no pueden votar. ¡Qué peligro!, amanecerá y veremos.

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