Resucitar, del «verbo» renacer
Abrazar los momentos de transformación, los cambios, los desaciertos, los aciertos y los procesos que nos llevan a encontrarnos de frente con «la muerte», son un paso muy importante para poder llegar así a resurrección. Pues como dicen por ahí, «hay que morir para vivir».
Por Laura Mejía
Últimamente se escucha constantemente sobre el término «renacer»; personas de todas las edades y sobre todo de las nuevas generaciones, se la pasan constantemente intentando descubrir la forma de cómo poder reinventarse para alcanzar una mejor versión; concepto que sin duda alguna, se puso muy de moda desde la llegada de la pandemia.
Pero, yo me pregunto, ¿Realmente conocemos el verdadero significado de esta palabra tan poderosa?
No soy la más religiosa, pero según el catolicismo, resucitar es «volver a la vida», o mejor aún, «nacer otra vez». Y no se trata de salir de nuevo del «cascarón», porque en mi opinión, ese no debería ser el punto ni el foco de estas oportunidades que nos pone la vida en bandeja de plata; sino de aprovechar para empezar de nuevo estando más «grandes».
Sí, más grandes de espíritu. Más grandes de consciencia. Más grandes de corazón. Más grandes como personas…
Veo esta época como la opción de poder transformar ese «antiguo yo», esa faceta anterior de mí que pretende llegar más adelante.
Pero ojo, la vida siempre está bajo el signo de cambio, y por ende, algo siempre «muere», así que si lo logramos ver y atravesar con amor, podemos llegar a recibir un capítulo distinto desde lo que cada uno sienta que debe renovar, y que pueda así, soltar ese aspecto «que ya está viejito» y que ya debe dejar de resonar con nosotros.
Abrazar los momentos de transformación, los cambios, los desaciertos, los aciertos y los procesos que nos llevan a encontrarnos de frente con «la muerte», son un paso muy importante para poder llegar así a resurrección. Pues como dicen por ahí, «hay que morir para vivir».
Los seres humanos por naturaleza, necesitamos estar sometidos en alguna circunstancia que nos incomode, para así poder replantearnos y caer en cuenta que nos están poniendo en frente, la opción de hacer un alto para volver a iniciar. Por esta razón, yo definitivamente sí intento sacarle provecho a estos días de pascua para buscar y «escuchar» en lo más profundo de mí, qué es lo que está flojo o pegado de un hilo, y pues claro está, lograr analizar esos patrones de conducta que me envuelven en un torbellino sin salida y así poder dejarlos atrás para que llegue un «yo mucho más verdadero».
Sí, así suene muy profundo, a veces vivimos en automático y no nos damos la opción de recapitular y de hacer énfasis en lo que debemos ajustar nosotros y no el mundo entero. Lo que nos molesta de los demás, es el clarísimo reflejo de lo que dejemos reconstruir en nosotros mismos.
Hoy en día, vivimos en una sociedad que pide a gritos la necesidad de vivir en comunidad, de entenderla, de respetarla y de no juzgarla. Requerimos con urgencia un camino más real hacia la espiritualidad, pues estamos siendo invadidos por demasiado contenido las 24hs del día, que llevan a tener un abanico de posibilidades que requieren tener una actitud crítica que nos permita elegir con sabiduría y sin ego.
Ese proceso de construcción deja a un lado, los ladrillos que ya no encajan en esa obra nueva y le da la bienvenida a esos materiales que aunque sean «más costosos», son los que necesitamos para seguir creciendo.
Y cuando hablo de «morir», no me refiero a la muerte biológica, sino a esos episodios de dolor, a esos instantes que suponen un frenazo en seco, que ponen la vita patas arriba, que nos revuelcan.
Hago énfasis en ese dolor físico y al psicológico, incluso, como consecuencia de ellos, al dolor moral, a esa herida que se abre en nosotros y que supone un abismo al que da terror asomarse.
De esa muerte de la que les hablo, sí es posible sobrevivir y despertar en nuevos y mejores amaneceres; planear y diseñar sueños más pequeños y tímidos pero que nos permitirán sonreír de nuevo; andar por esos caminos que ahora serán más cortos pero más íntimos. Más sombríos a veces pero en los que respiraremos con más profundidad y tranquilidad.
No hay renacer sin muerte, y por eso me atrevería a decir que este es tal vez, el objetivo de nuestra vida, saber aprovechar cada muerte para enderezar nuestro camino y ser capaces de sacarle provecho a cada renacer de los otros, para hacerlo nuestro.
Hoy tomo la decisión de nacer una vez más, más madura, sin tanto miedo, soltando el rencor y el resentimiento, y apostándole a curar mis heridas, sin lastimarme a mí o a los demás.
Le digo SÍ a este nuevo transitar, a una mirada menos turbia, con más fuerza y con pasos contundentes. Le doy un SÍ rotundo al perdón, a volver a creer y a seguir volando con las alas más grandes, pues definitivamente, morir sí, pero para después vivir.

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