Quintero se quedó sin plata para la campaña
Por Jaime Restrepo Vásquez El presunto alcalde de Medellín está desencajado: Quintero se quedó sin plata para la campaña. La «caja menor» que saldría de EPM para fondear el delirio presidencial a través de las elecciones regionales se le embolató. Así, ante tal pérdida, decidió vengarse por medio de
Por Jaime Restrepo Vásquez
El presunto alcalde de Medellín está desencajado: Quintero se quedó sin plata para la campaña. La «caja menor» que saldría de EPM para fondear el delirio presidencial a través de las elecciones regionales se le embolató. Así, ante tal pérdida, decidió vengarse por medio de las redes sociales.
Hagamos una claridad: cuando un funcionario elegido para gobernar, decide despacharse a tiempo completo contra los opositores a través de las redes sociales, el sujeto está robando —no se le paga para eso— y, es de Perogrullo, es un delincuente. ¿Alguien eligió a Quintero Calle para tuitear majaderías? ¡Para nada! Eso lo hace cualquier adolescente confundido y torpe. Lo pusieron ahí para gobernar, lo que no ha hecho en casi cuatro años de desastre, por lo cual es un vulgar ladrón del erario.
La rabieta por la pérdida de los 330 mil millones lo llevó a descargar su inquina contra
, Federico Gutiérrez, el «uribismo» y las encuestadoras —especialmente contra Invamer—, en una frenética y descarada intervención en política amparada por la impunidad que le ha hecho creer que puede pasarse las leyes por el forro.
Esa idea peregrina de la CIDH de que un sujeto adquiere una patente de corso al ganar unas elecciones y que solo después de un largo proceso penal puede salir de su cargo, resulta peligrosa e inconveniente para la democracia. De eso se está aprovechando el presunto alcalde medellinense para burlarse de las normas y hacer lo que se le viene en gana. Él cree que los 300 mil votos que obtuvo amparan su impunidad al violar la ley sin vergüenza ni ética.
El berrinchudo alcalde considera que gobernar es, básicamente, pasar largas horas en Twitter, excretando allí todas sus barrabasadas. Quintero está convencido de que su labor como alcalde se circunscribe a difundir sus desvaríos, a prometer y no cumplir y, claro está, a mentir. Así, mantiene cautivas esas audiencias de perezosos mentales y deformes morales que integran, al fin de cuentas, la masa crítica de su electorado. Sin embargo, parece que no son tan tontos y, por lo pronto, el disque alcalde no ve posible el endoso de sus electores a los mequetrefes continuistas.
Lo cierto es que no fue elegido para tuitear sino para gobernar o, por lo menos, para aparentar que lo hace. No obstante, sus simulaciones son escasas, entre otras, porque no sabe lo que debe hacer como administrador de una ciudad.
Lo de Quintero, igual que lo de su fuente de inspiración Gustavo Petro, es incendiar, dividir y perseguir. De hecho, el esfuerzo del alcalde en Twitter es una colección de delitos de los que, de seguro, sueña con salir impune. Así ha pasado hasta el momento con las violaciones, el atraco al erario y todas las aberraciones que ha cometido desde La Alpujarra.
Sin miramientos, Quintero
que «si realmente fuéramos tan mal en las encuestas no hubieran tenido que devolver a Fico para enfrentarnos, y no se desesperarían tanto atacando al gobierno del cambio». ¿Fuéramos? ¿Desde cuándo él está en campaña? ¿Acaso no sigue siendo, por desgracia y argucias, alcalde de Medellín? Jamás entendió que sus responsabilidades están muy distantes del activismo patético que intenta ejercer en Twitter. La ralea a la que pertenece jamás comprenderá que se es activista en campaña y ya en el cargo, se asume la postura de administrador y gerente y no de camorrero barriobajero.
La gente no elige un alcalde para que se líe en discusiones políticas, ni para que defienda a sus penosos alfiles, ni para atacar a los rivales políticos que disputarán las siguientes elecciones. Él está ahí para gobernar, administrando con responsabilidad los recursos y buscando el bienestar de la gente.
¿En qué mejora la calidad de vida de los medellinenses el que sus lacayos vayan bien o mal en las encuestas? ¡Esa es una participación indebida y grosera en política! Además, que el sueño de unos ciudadanos a los que debe otorgarles garantías sea el llegar nuevamente a la Alcaldía, es un asunto que
el burgomaestre de Medellín, pues sus responsabilidades no pasan por el activismo político sino por la administración de una ciudad, justamente lo que no ha sido capaz de ejercer.
De otro lado, en cuanto a las mediciones —en las que obtiene el «galardón» de ser el peor alcalde en la historia de Medellín— lo que tiene que hacer un gobernante con decencia y ética es garantizar el ejercicio de las encuestadoras. Por tal razón, atacarlas o
es deshonesto ya que no puede ser juez y parte.
Finalmente, segregar a la ciudadanía y
a uno de los tantos sectores políticos opositores, resume la brutalidad y la nula gestión del presunto gobernante. De hecho, en los 1 278 días del desastre que ha encabezado, solo se ha ocupado de dividir y generar resentimientos en la sociedad. Al fin de cuentas, a Daniel Quintero Calle se le recordará como el peor alcalde de Medellín en toda su historia… Y, para completar, sin plata para engrasar las clientelas que les permitan a sus segundones llegar al piso 12 de La Alpujarra. De ahí la impotencia que ha desembocado en ira e intenso dolor en el cabecilla de los «independientes».
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