Petro, el improvisador
El presidente de Colombia tiene un libreto fijado y, al parecer, muy poca capacidad para lanzar ideas por fuera de su fanatismo ideológico. Él cree que todo lo soluciona con el caballito de batalla del cambio climático, así como Quintero saca a Uribe a bailar en cuanto discurso pronuncia; cuando la
El presidente de Colombia tiene un libreto fijado y, al parecer, muy poca capacidad para lanzar ideas por fuera de su fanatismo ideológico.
Él cree que todo lo soluciona con el caballito de batalla del cambio climático, así como Quintero saca a Uribe a bailar en cuanto discurso pronuncia; cuando la realidad, la modernidad y la democracia exigen un mandatario capacitado y eficiente en todos los frentes o, por lo menos, que esté bien rodeado.
Nada de esto pasa en nuestro país. Al contrario: Petro quiere reducirlo todo al calentamiento global, pues es el único tema que, supone, maneja con habilidad. Ese mismo fundamentalismo climático es el que padece buena parte del gabinete petrista, empeñado en demolerlo todo a punta de discursos antimercado, odio de clases y destrucción del capitalismo.
Sin embargo, cuando Petro tiene que hablar de economía, de seguridad, de educación o de agricultura, saca de su cubilete un discurso inconexo, alejado de la realidad y que no responde a las necesidades del país.
Oír a Petro hablando de economía, es como escuchar a Maduro hablando contra el narcotráfico, a Ortega hablando de Derechos Humanos o a Kirshner disertando sobre corrupción… ¡No tienen idea, pero sus huestes aplauden las ocurrencias de los ignorantes!
Así, con esas palabras que surgen del desconocimiento, llenas de retórica opositora cuando él es el presidente, ciertamente ocupa las primeras planas de los medios, pero sepulta a la nación en la incertidumbre y el caos.
Un dólar a cinco mil pesos es una aberración, si se considera que, hasta la fecha, los mercados han reaccionado únicamente a las pretensiones y anuncios del gobierno, pues no están en firme ni la reforma tributaria, ni la destrucción del sistema de salud, ni la cacareada reforma agraria.
Los mercados están nerviosos, así como los gremios, los empresarios, los economistas y los ciudadanos. Cada alocución improvisada y sin fondo de Petro, es un golpe para la economía nacional y para el bienestar de los colombianos. Además, aumenta la incertidumbre sobre el porvenir del país.
Resulta evidente que el presidente no prepara sus intervenciones, muy al estilo de su compinche Hugo Chávez, quien se acomodaba para lanzar naderías a las galerías enchufadas.
En una imitación patética, Petro se para frente a la audiencia y comienza a soltar su perorata, resaltada con la elongación de las letras, como para darse unos segundos y encontrar la siguiente barrabasada que pronunciará.
Cada día es más evidente la irresponsabilidad del presidente, que, sin empacho, lanza como metralleta esas ideas banales que le causan tanto daño al país. Al parecer, a Petro no le importa que todo se venga abajo, todo por cuenta de ese mesianismo incomprensible que atrofia a todos los de su estirpe.
¡La economía se va por el abismo! Cambio climático. ¡El dólar llegó a cinco mil pesos! Culpa de esos cinco ricos que sacan la plata del país. La gente está inconforme con la reforma tributaria… ¡Uribistas, fascistas, egoístas!
Mientras tanto, Petro reclama, con Ferragamo en los pies y ropa de marcas costosas, que viste de overol y que no le gustan los clubes, salvo que sean una villa ensoñadora en Florencia, Italia, o una casa costosísima en el exclusivo conjunto Santa Ana, en Chía.
Toda la monserga de Petro se circunscribe a las ocurrencias del momento, así sean contradictorias y peligrosas para el país. ¡Y después se preguntará ¿por qué sube el dólar?!
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