Saltar al contenido

(OPINIÓN) Tu inteligencia es artificial. Por: Manuela Correa Poveda

En su columna “La elegancia de no haber pensado nada”, Manuela Correa Poveda reflexiona sobre el impacto de la inteligencia artificial en la escritura cotidiana y advierte sobre una tendencia creciente: textos técnicamente correctos, pero vacíos de intención y pensamiento propio, que se repiten con patrones reconocibles y pierden la capacidad de generar conexión con el lector.

IFMNOTICIAS-02
IFMNOTICIAS-02
4 min lectura
Escuchar artículo
(OPINIÓN) Tu inteligencia es artificial. Por: Manuela Correa Poveda
Manuela Correa. Foto cortesía.

~ La elegancia de no haber pensado nada ~

Hoy en día es tan fácil escribir bien que cualquiera podría escribir una columna. Si no, mírame, aquí estoy yo, una criminóloga cualquiera, hablando sobre gente que escribe textos cualesquiera con ayuda de una inteligencia que, al menos en esto, parece bastante más constante que la nuestra.

Yo, que pago la versión premium y la uso de manera deliberada para todo, además de liberada de toda culpa. Soy la misma que piensa que a la inteligencia artificial le queda una vida entera para dar forma a un texto como lo haría alguien de carne y hueso.

¿Será porque ya he aprendido a reconocer el patrón y, desde entonces, no dejo de verlo en todas partes? En correos que suenan demasiado bien, en cartas de restaurantes donde la mayoría de los platos suenan igual aunque no sepan a nada en especial, en pies de foto de Instagram o TikTok que funcionan perfectamente sin necesidad de significar algo en concreto. Da igual dónde mires, se repite ese mismo modus operandi de la perfecta desconexión.

Se parece a esa sensación de estar leyendo un libro y darte cuenta, de repente, de que llevas varias páginas sin haber pasado realmente por ninguna, como si el texto hubiese seguido avanzando solo sin ti. Con la diferencia de que en este caso no es un despiste, es el texto, que da para todo, menos para moverte algo por dentro. Esta inteligencia que nunca duda puede ordenar ideas, construir frases, sonar convincente, tener una gramática impecable, sí. Lo que no puede hacer es justo lo que hace falta cuando se escribe, conectar y jugar con el lenguaje de verdad.

Últimamente esto me está empezando a generar un tic en el ojo ante según qué textos. No me refiero al contenido, que en muchos casos podría defenderse si tuviera algo detrás más allá de las propias frases, sino a la facilidad indecente con la que se dejan anticipar, por eso de que a las pocas líneas, ya no queda nada por descubrir porque el texto ha decidido desde el principio cómo va a sonar, qué tipo de contraste va a simular y en qué momento va a colocar esa idea que pretende parecer profunda sin haberse ganado el derecho a serlo.

No hace falta haber estudiado criminología, no. Ni ser de estas personas que se leen cincuenta y dos libros al año para darse cuenta, que si me permites, te diré que me encantaría ser una de ellas, y a las montañas de libros nuevos de mi estantería, que no dejan de crecer, también les encantaría que lo fuera. Basta sencillamente con saber leer para notar que todo está tan limpio, tan bien colocado, diseñado de más para no fallar, que por eso no se nos tuerce ni media tripa al leerlo.

Lo que termina delatando al texto no es la herramienta, que hasta para eso es buena, es la renuncia al pensamiento propio en el proceso, esa forma de dejarlo tan pulido que no nos deja ni la curiosidad de preguntarnos quién está detrás de lo que leemos, o peor aún, si hay alguien siquiera.

Entonces empiezan a repetirse los mismos gestos con una precisión obscena, como si alguien hubiese repartido una plantilla que nadie ha visto, pero se sigue a rajatabla. De repente, medio mundo sabe hacer uso del guion largo con una seguridad que no se corresponde con nada de lo que lo rodea, hasta el punto de que una acaba dejándolo de usar, no por estilo, sino por pura desconfianza. La misma historia con esos dos puntos que aparecen siempre en el mismo lugar, justo antes de una frase que no dice mucho, pero se comporta como si tuviera peso. Y que podrían ser perfectamente sustituidos por una coma, pero al decidir la IA que no, el resto del mundo los arrastra en un copia y pega masivo sin cuestionarse absolutamente nada al respecto.

Se ha vuelto todo tan fácil que ya ni siquiera hace falta pensar para escribir bien. Basta con dejar que el prompt haga lo suyo para tener de vuelta una sucesión de frases que suenan a que se está diciendo algo que sabe a suficiente, te llena pronto y no exige demasiado, como cualquier comida basura. Pero que desaparece sin dejar rastro. Y no creo que haya nada más insultante para alguien que escribe que el hecho de que alguien no recuerde haberlo leído.

Compartir:

Noticias relacionadas