(OPINIÓN) ¿Ser visible se volvió más importante que liderar? Por: Laura Mejía
La visibilidad dejó de ser una consecuencia del liderazgo. Se convirtió en un requisito para alcanzarlo. En Colombia, la política empezó a moverse bajo una lógica que no le era propia: la de las redes sociales. No solo en la forma de comunicar, sino en el tipo de figuras que logran llegar a espacios de poder. …
La visibilidad dejó de ser una consecuencia del liderazgo. Se convirtió en un requisito para alcanzarlo.
En Colombia, la política empezó a moverse bajo una lógica que no le era propia: la de las redes sociales. No solo en la forma de comunicar, sino en el tipo de figuras que logran llegar a espacios de poder.
Hoy no basta con tener criterio, preparación o capacidad de decisión. Hay que saber mostrarse. Conectar. Mantener la atención.
Y eso, en sí mismo, no es un problema.
Comunicar bien es importante. Saber conectar con la gente también lo es.
Un líder que no logra explicar, que no logra acercarse, que no logra ser entendido, difícilmente puede sostener legitimidad.
Pero una cosa es entender el valor de la comunicación. Y otra muy distinta es reemplazar el liderazgo por la visibilidad. Porque no son lo mismo.
Liderar implica tomar decisiones, incluso cuando incomodan. Implica asumir costos, sostener posturas, responder por las consecuencias. Implica pensar más allá del momento y del aplauso inmediato.
Las redes sociales funcionan bajo otra lógica. Premian lo rápido. Lo emocional.
Lo que engancha. No necesariamente lo que resuelve.
Y cuando esas dos lógicas se confunden, aparece el riesgo.
Cada vez es más evidente la llegada de figuras cuya principal fortaleza es su capacidad de conectar, de generar contenido, de mantenerse visibles. Perfiles que entienden el lenguaje digital y saben moverse en él.
Eso suma. Pero no basta.
Porque saber comunicar no es lo mismo que saber decidir. Tener audiencia no es lo mismo que tener criterio. Ser visible no es lo mismo que liderar.
La política no puede reducirse a un ejercicio de exposición permanente. El show funciona.
El performance conecta. La visibilidad posiciona. Pero todo eso, por sí solo, no resuelve los problemas de fondo.
Y además, se agota. Las tendencias pasan. La atención cambia. La audiencia se mueve. Pero las decisiones, las que se toman o se evitan, permanecen.
Por eso la discusión no es si un líder debe ser visible o no. La visibilidad importa. La comunicación es esencial.
El punto es otro.
Debe ir acompañada. De criterio. De preparación. De ética. De responsabilidad. De capacidad real de tomar decisiones en función de lo público.
Porque cuando la visibilidad se vuelve el centro, y el liderazgo queda en segundo plano, la política corre el riesgo de convertirse en un escenario.
Y el país no necesita un buen escenario. Necesita resultados.
No se trata de elegir entre conectar o gobernar. Se trata de entender que una cosa sin la otra no alcanza.
Porque al final, la visibilidad puede abrir el camino, pero solo el liderazgo lo sostiene, aun cuando la tendencia cambia.
Y vale la pena decirlo desde ya, con lo que viene. Pilas con las próximas elecciones presidenciales. Pilas con confundir popularidad con capacidad.
No se gobierna manejando X. No se gobierna trinando. No se gobierna en lives ni en reels.
Se gobierna tomando decisiones. Y para eso, el país no necesita el mejor personaje. Necesita el mejor líder.

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