(OPINIÓN) ¿Qué es ser mamerto? Por: Diego Arango O
Entre la nostalgia y la realidad
Hoy, esa distinción se ha borrado. Para el ciudadano de a pie, el “mamerto” es aquel que defiende un estatismo asfixiante mientras disfruta de las mieles del mercado que tanto critica. Es una figura que ha mutado; ya no viste necesariamente de paño gris soviético, sino que ahora se camufla en el activismo ambiental, la identidad de género o el progresismo globalista. Pero el fondo es el mismo: una superioridad moral que pretende dictar cómo deben vivir los demás, basándose en teorías que la historia y la economía se han encargado de refutar una y otra vez.
Es curioso observar cómo el término cambia de piel al cruzar nuestras fronteras. En el Cono Sur, llamar a alguien “mamerto” es señalar su torpeza o su inmadurez, una falta de luces que nada tiene que ver con las urnas. En Colombia, en cambio, la palabra ha adquirido una carga de "terquedad ideológica". El mamerto colombiano no es necesariamente tonto; es, más bien, alguien que ha decidido ignorar la realidad en favor del dogma y sus intereses personales.
Desde una visión conservadora, el auge del término y su reciente "reapropiación" por parte de jóvenes que lo portan como medalla, nos debe llevar a una reflexión seria. No basta con el adjetivo. El verdadero reto para quienes creemos en la libertad individual, la propiedad privada y el orden, no es burlarnos de la estética del "mamertismo", sino desarmar sus argumentos con hechos.
La historia del término nos enseña que la izquierda siempre termina devorándose a sí misma entre purismos y etiquetas. Mientras ellos se debaten en quién es más "coherente" con su utopía, a nosotros nos corresponde seguir defendiendo la realidad: esa que se construye con trabajo, menos Estado, más esfuerzo y más sentido común.
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