(OPINIÓN) La inteligencia delincuencial. Por: Gustavo Gómez Córdoba
¿Sabe el gobierno dónde están y qué hacen quienes atentan contra la seguridad estatal? ¿Siguen siendo los mismos que antes representaban riesgo para el país? ¿A quién se persigue hoy?
La inteligencia es un concepto revaluado. Corrijo: devaluado. Sin entrar en discusiones farragosas, incluso de orden religioso, diremos que la inteligencia ha sido tradicionalmente la capacidad de los seres humanos de entender y de resolver problemas; una habilidad que mejoramos a través de la experiencia.
Concepto devaluado, insisto, al menos a la luz de cómo la “usan” los bodegueros (y quienes les pagan), algunos vergonzosos influencers y, por supuesto, frente al maremoto de la inteligencia artificial, destinada a convertir los cerebros en pieza de adorno. El ser humano va camino de ser un homínido cuyo principal atributo será babear frente a una pantalla.
Otro tipo de inteligencia, que es objeto de un delicado replanteamiento, es la que se constituye en herramienta clave en la lucha contra los enemigos de la sociedad. Favor no olvidar estas palabras: “lucha contra los enemigos de la sociedad”. Interpretada en el escenario de la seguridad y la defensa, la inteligencia es un conjunto de procesos reservados (hasta cierto punto) que ayudan a recopilar e interpretar información, en aras de evitar peligros y anticipar riesgos.
Es obligación de todo estado abastecerse de esos datos, algunos ni siquiera de carácter secreto, y darles un sentido para identificar patrones y conductas. Sin inteligencia, los estados, en materia de seguridad interna y externa, son tan ágiles como un delfín en una palangana.
En este diario, la periodista Valentina Parada se refirió a la precariedad que afronta nuestra inteligencia. Las no lejanas sospechas de infiltraciones alertaban sobre “denuncias de problemas en los organismos dedicados a recopilar, analizar y contrastar información que pueda afectar la seguridad”.
Hechos: el gobierno manda para la casa a expertos en inteligencia y seguridad cuya formación nos ha costado miles de millones y años de entrenamiento. El gobierno encomienda el manejo de sensibles cargos del sector a antiguos miembros de grupos al margen de la ley y a un licenciado en educación física no del todo bien de amigos. El gobierno se desentiende a la hora de atender las deficiencias presupuestales en materia de seguridad y defensa. El gobierno ha resultado incapaz de tomar decisiones contundentes para someter a los hampones que operan en las regiones (muy por el contrario, conversa con la delincuencia, le ofrece garantías y hasta consigue librarlos de órdenes de captura).
Podría pensarse que es descuido o inexperiencia en la conducción de estos menesteres. Las cosas que pasan (o que no sabemos que pasan) en la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) y en la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF)… la distancia en colaboración con agencias extranjeras que nos ayudaban a combatir el delito transnacional… las incógnitas sobre la coordinación entre las inteligencias militares y policiales… el despido de oficiales amparándose en informes de inteligencia carentes de solidez… el apoyo a prebendas para bandidos, que lideran áulicos tan sombríos como la senadora Isabel Zuleta… todo, en suma, podría suponer un escenario diferente al de la incompetencia.
Los organismos y entidades de inteligencia estarían operando acuciosamente. Nada de adormecimiento o descuido. Su tarea tendría precisión de antiguo reloj suizo y los resultados e informes se estarían produciendo. Pero, ¿y entonces?
He aquí el detalle, que habría que entender recordando la frase destacada hace unos párrafos: “lucha contra los enemigos de la sociedad”. ¿Cambiaron acaso esos enemigos? ¿No son ya los delincuentes tradicionales quienes amenazan la estabilidad? ¿Dejaron de ser alias para ser aliados? ¿El poder de turno usa la inteligencia para combatir a quienes ahora son vistos como obstáculo para la preservación de su nuevo modelo de país?
Los antiguos líderes en materia de riesgo para la preservación del estado ya no lo serían tanto. No solo se predica, en voz baja, que tienen cierta calidad de próceres rebeldes, sino que, además, estarían siendo de suma utilidad para ordenar el voto en las regiones, sin correr el riesgo enorme que implica dejar a la gente sufragar a conciencia.
Cito columna de Diana Saray Giraldo en Semana: “¿Por qué este Gobierno insiste en entregarles tantos beneficios a delincuentes, si se ha demostrado de todas formas que esta paz total solo ha servido para empoderar a los grupos criminales en el país? ¿Está el gobierno pagando apoyos políticos a su campaña?”. Palabras de Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, en Caracol Radio: “No hay buenas intenciones en la paz total; ahí lo que hay es un pago de favores. (…) Petro está del lado de las estructuras criminales, no de la gente”.
Detalle: no se le entendió al señor presidente de la República cuando, en uno de sus mal redactados trinos, nos sorprendió con esta frase: “la actitud negativa del procurador con los informes hechos desde inteligencia de conversaciones entre los hermanos Bautista y De la Espriella intercambiando la devolución del contrato de pasaportes a sus manos”.
¿Qué quiso decir? No sabemos qué sabe el presidente, cómo lo sabe y de manos de quién lo sabe. Para plantearlo en colombiche: ¿Quién está “chuzando” a quién, y esa actividad se enmarcaría dentro de lo que determina la ley? ¿O la que opera es la ley del monte y el asqueroso “guanumismo” de correr las líneas éticas para moler la honra de quien no abanique al presidente? ¿La DNI recibe anónimos blandengues y procede a entregarlos al mandatario, quien los da por ciertos en su frenesí tuitero? ¿La inteligencia del chisme y la calumnia es la que orienta las decisiones del gobierno?
En las grutas repletas de mortales gases de la actual inteligencia estatal nadie puede prender un fósforo. O lo apaga o pierde la cabeza. La cabeza del fósforo, digo.
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Retaguardia. El Presidente, que sabe por experiencia propia cómo la corrupción florece en la administración pública, cree que ella es la responsable de que alias “Mordisco” conozca en detalle cuándo lo enfrentará la fuerza pública y se vuele. Detalle: es la inteligencia la que sabe cómo se mueve el afortunado delincuente. Donde dice afortunado léase “bien dateado”.
Retaguardia II. Revela El Colombiano que alias “Calarcá” (tan mencionado por estos días cuando se habla de funcionarios de inteligencia), aumentó la cantidad de sus bandidos en un 111%, mientras mantenía en escena la pantomima de hablar con el gobierno. Un “emprendimiento” sorprendente, favorecido por las decisiones del ejecutivo.
Retaguardia III. Noticias Caracol contó que Jorge Lemus, entonces director de la DNI, se reunió con el abogado de alias “Papá Pitufo”. Otros funcionarios sostuvieron comunicaciones con él. Unos ofreciendo beneficios y algunos, al parecer, pidiendo dineros a manera de coima. Santiago Ángel, de La FM, dice que, siendo candidato, Petro compartió espacio con él, en un hotel de la 93, por invitación de Xavier Vendrell. Sí, el catalán que unos tienen por aguerrido independentista y, otros, por ex miembro de un grupo terrorista y que, en cualquiera de los dos escenarios, ha visto florecer sus ingresos gracias a los milagros capitalistas que el progresismo reserva para su élite.
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