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(OPINIÓN) ¿Indulgencia o ingenuidad? La prensa ante Iván Cepeda. Por: Eduardo Mackenzie

Iván Cepeda no lanzó “fuertes críticas” a Federico Gutiérrez, Andrés Rendón y Álvaro Uribe, en su mitin de ayer en el parque de San Antonio de Medellín, como informan hoy algunos artículos de la prensa colombiana. El candidato comunista lanzó más bien los eternos refritos insultantes sin valor alguno contra sus enemigos antioqueños. Presentar esa …

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) ¿Indulgencia o ingenuidad? La prensa ante Iván Cepeda. Por: Eduardo Mackenzie

Iván Cepeda no lanzó “fuertes críticas” a Federico Gutiérrez, Andrés Rendón y Álvaro Uribe, en su mitin de ayer en el parque de San Antonio de Medellín, como informan hoy algunos artículos de la prensa colombiana. El candidato comunista lanzó más bien los eternos refritos insultantes sin valor alguno contra sus enemigos antioqueños.

Presentar esa arenga recalentada como si fueran “declaraciones” o “discursos” es inclinarse injustamente ante un agitador que sólo es capaz manejar la calumnia rabiosa contra sus “enemigos de clase”.

El candidato de las FARC no “cuestionó la legitimidad” de los citados líderes políticos. Todo lo contrario: al tratar de envilecerlos los consagró como campeones de Antioquia y como patriotas valientes, como luchadores de la libertad contra la bestia totalitaria que busca por todos los medios obscurecer la capacidad de raciocinio de la gente para consolidar sus terribles planes contra Colombia.

¿Cuándo los reporteros encargados de cubrir eventos lamentables como el de ayer aceptarán dejar de lado la actitud facilista de tomar los insultos como afirmaciones ciertas y razonables cuando no son más que retórica de guerra civil?

Hace unas semanas, Iván Cepeda había eructado que Antioquia es “la cuna del narcotráfico y del paramilitarismo”. ¿Cómo es posible que luego de eso el corresponsal de una agencia de noticias del sur del continente diga que ayer Iván Cepeda “ratificó, sin titubeos, sus declaraciones sobre los vínculos históricos entre sectores políticos de Antioquia y estructuras del narcotráfico y el paramilitarismo”?

¿Cuáles declaraciones? El candidato del partido Pacto Histórico no hace declaraciones. Él calumnia, insulta, inventa, amenaza. Un insulto no es una declaración. Todo periodista debe saber distinguir entre lo uno y lo otro. En la declaración hay contenido, hay información probada o probable. En un insulto no hay contenido, solo hay intención de herir el buen nombre del otro. Cepeda calumnia a sus enemigos con pruebas fabricadas. Quiere verlos a todos ellos sin voz y encarcelados. Sin embargo, su vergonzoso trapicheo judicial de 14 años contra el expresidente Álvaro Uribe fracasó rotundamente.

Le queda entonces un recurso: repetir como un loro las calumnias, y presentarse como un adalid de la verdad. “No estamos aquí para callar o para esconder la verdad histórica. Decir la verdad, aunque incomode, es un acto de responsabilidad con la memoria y con las nuevas generaciones”.

El periodista que ha visto a Iván Cepeda hablando de “la verdad” y de “verdad histórica” y de “historia reciente” y hasta de “responsabilidad con la memoria”, deja flotar esas frases en el aire y sin respuesta como si el candidato mamerto no tuviera una trayectoria respecto de la manipulación de la “memoria histórica” (él usó sus atribuciones de senador para tratar de destituir al director del Centro de Memoria Histórica de Bogotá que no se plegaba a las adulteraciones que quería hacer el partido comunista sobre el llamado “conflicto interno”).

Insertar bellas palabras no transforma una charabia en discurso. El militante comunista no solo utiliza la mentira como instrumento de combate, sino que trata de controlar de manera completa la historia y la memoria. Los regímenes totalitarios –comunistas y fascistas–, vivían y viven obsesionados por ese control. Hay que leer lo que escribieron al respecto personalidades como George Orwell, Ismail Kadaré y Stéphane Courtois.

Para terminar: una anécdota. En 2017, una revista europea informó que la China comunista ejercía fuertes presiones sobre la universidad de Cambridge para que retirara el acceso internet a los 350 artículos de la reputada revista China Quarterly que aportan un ojo crítico sobre la dictadura de Mao. Ante la insistencia de Pekín la venerable universidad cedió. Pero la reacción de los investigadores fue tan amplia que tuvo que restaurar el acceso a esa documentación.

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