(OPINIÓN) El fenómeno político vs la tibieza del establecimiento. Por: Juan Guillermo Cabal.
¿Por qué Abelardo es mejor candidato que Paloma? Miren, yo lo voy a decir de la forma más clara posible: Paloma no me parece buena candidata para ganarle a Cepeda. Y no es por llevarle la contraria a nadie ni por molestar.
Es porque, viendo cómo se está moviendo esta elección, Paloma representa una derecha fría, institucional, de escritorio y demasiado amarrada al establecimiento.
Abelardo, en cambio, representa otra cosa: fenómeno, emoción, fuerza, folclor, redes, calle, Caribe, voto cristiano, seguridad y cero tibieza. Esa es la diferencia de fondo.
No estamos hablando solo de quién habla más bonito en un debate. Estamos hablando de quién realmente puede mover gente en una elección polarizada.
Primero, porque muchos de esos votos nunca fueron realmente de ella. Eran votos del uribismo, del Centro Democrático, de Uribe, de la consulta y de toda la estructura. No porque Paloma sea un fenómeno político ni nada parecido.
Segundo, porque una cosa es liderar por el impulso de una consulta y otra muy diferente sostener una candidatura presidencial de verdad y Paloma no la sostuvo. Pasar de ese impulso inicial a desplomarse en mediciones, encuestas y mercados demuestra dos cosas: que es una candidata floja y que la campaña está mal hecha.
La política hoy no se mueve solo con debates bonitos, tecnicismos o discursos de Senado para los que se creen superiores intelectualmente por leer La Silla Vacía y columnas de académicos que nunca han pisado territorio. La política hoy se mueve con emoción, rabia, miedo, identidad, redes y narrativa.
Abelardo no es solo candidato, es fenómeno y eso muchos no lo entienden porque todavía creen que una presidencial se gana con comunicado bonito, foto con político viejo y debate de Senado. No.
Hoy la política también se gana en TikTok, Instagram, X, reels, memes, clips cortos, frases fuertes y símbolos fáciles de repetir. “El Tigre” es marca. La gente lo reconoce, lo comenta, lo comparte, lo pelea, lo defiende y lo vuelve conversación. Eso ya es una ventaja enorme.
Paloma no tiene eso, parece una candidata diseñada para gustarle a cierta gente de burbuja universitaria que vive creyéndose más inteligente que el resto del país. Abelardo tiene show, estética, narrativa, enemigos claros, frases virales, rabia y una identidad fácil de vender.
Eso mismo hicieron Trump con MAGA, Bukele con la seguridad, Milei con la motosierra y Kast con el orden. Les puede gustar o no, pero entendieron que la política moderna necesita símbolo, emoción, repetición y guerra cultural.
Paloma habla como senadora, Abelardo comunica como fenómeno. Los que van por Paloma le pueden decir guiso, corroncho, populista, gritón o lo que quieran, pero para nosotros eso es folclor, fuerza, mensaje directo, honestidad y verraquera sin tibiezas. Y eso sí conecta.
Conecta con la gente que sufre la inseguridad, la extorsión, el abandono del Estado y la violencia todos los días. No es un discurso para el recinto del Congreso ni para el aula universitaria, es un discurso para la calle, para el barrio y para la gente que está mamada de que le hablen bonito mientras el país se llena de bombas, atentados y miedo y eso me recuerda una campaña de Paloma donde salían tres ascensores y se burlaban de Abelardo mostrándolo con acordeón y de fiesta.
Para mí, eso solo mostró lo desconectados y mal asesorados que están los de Paloma, atacar la cultura costeña, cuando es sinónimo de alegría, fuerza y tenacidad, es un error gigante, eso no debería verse como algo negativo todo lo contrario: debería verse como algo positivo.
Paloma puede tener estructura, el uribismo institucional y a los congresistas del Centro Democrático atacando a Abelardo.
Pero Abelardo tiene algo más importante: al militante, al votante de base, al uribista bravo, al que votó por la lista de ellos pero no necesariamente va a obedecerles en presidencial, porque una cosa es votar por la lista del partido al Congreso y otra muy diferente escoger Presidente.
El votante de derecha no es propiedad de ningún congresista y ahí está el error de Paloma y del Centro Democrático: creen que porque tienen la estructura, automáticamente tienen a la gente y no.
Muchos votantes de derecha pueden decir perfectamente: “Listo, yo voté por ustedes al Congreso, pero para Presidente voy con Abelardo”. Además, no subestimen el voto cristiano y evangélico. Para mí esa puede ser una de sus mayores ventajas.
Paloma conecta más con una derecha tradicional de club, universidad y debate. Abelardo convirtió la campaña en una batalla moral, espiritual y política.
Para muchos cristianos no es solo un candidato: es alguien que representa la defensa del país frente al progresismo, la izquierda y toda esa agenda woke. También está el tema del voto oculto o voto vergonzante.
Mucha gente no va a decir públicamente que apoya a Abelardo porque sabe cómo reaccionan ustedes, sobre todo los de Paloma y Oviedo, que son insoportables, creyéndose superiores moral e intelectualmente como siempre Y eso lo único que hace es cansar a la gente y hacerla emputar más.
Ese tonito de “nosotros sí somos la derecha seria, inteligente y civilizada, ustedes son unos guisos populistas” no convence a nadie fuera de su burbuja. Al contrario, genera rabia, rechazo y empuja a más gente hacia Abelardo y en redes eso se nota demasiado.
La campaña de Paloma es floja, muerta y sin emoción. Parece campaña de Senado, no presidencial. No genera tendencia, no prende, no emociona y no tiene calle digital.
Abelardo sí entendió el juego: TikTok, Instagram, reels, frases fuertes, peleas, clips cortos, estética del tigre, show, populismo, rabia y emoción. Eso hoy mueve política, así les arda.
Entonces después se sorprenden cuando en redes, en encuestas digitales o en la urna aparece un voto mucho más fuerte del que esperaban, porque la gente también vota por rabia, cansancio y reacción y otra cosa: no sean tan ingenuos de creer que porque Dilian, César Gaviria y los conservadores les prometieron votos, entonces toda esa gente va a salir como borregos a votar por Paloma. Eso funciona más en legislativas.
En presidencial, la gente no siempre obedece al cacique político de turno. La gente vota con rabia, miedo, emoción y ganas de ganarle a Cepeda y perdón, pero una foto con Dilian, Gaviria y los conservadores no emociona a nadie. Todo lo contrario eso huele a política vieja, a mermelada, a puestos, a favores, a los mismos de siempre, a campaña de escritorio y a maquinaria creyendo que todavía puede mandar sobre todo el mundo.
Entonces no vendan eso como jugada maestra, porque para mucha gente eso no suma, eso espanta, porque al ritmo que va Paloma, le va a tocar crear como 15 ministerios nuevos para pagar tanta mermelada y tantos apoyos.
Por eso yo insisto: contra Cepeda no basta una candidata fría, correcta y de burbuja. Se necesita alguien que mueva gente de verdad y Paloma no mueve. Abelardo, sí.
Entonces, querido amigo tibio de universidad y de mi amada Bogotá, para vencer al petrismo se necesita un fenómeno político, no un aburrimiento burocrático y estadístico.

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