(OPINIÓN) El candidato que llegó del frío. Por: Enrique Ramírez Yáñez
Yo no sé si ustedes han caído en cuenta de que, esta vez, los políticos profesionales, esos que pululan como las p… en algunos parques, solo que enquistados en los partidos tradicionales el Liberal, el Conservador, y ahora la U y otros menores en busca de clientes a los cuales venderse, no han
Yo no sé si ustedes han caído en cuenta de que, esta vez, los políticos profesionales, esos que pululan como las p… en algunos parques, solo que enquistados en los partidos tradicionales el Liberal, el Conservador, y ahora la U y otros menores en busca de clientes a los cuales venderse, no han encontrado un candidato presidencial que se acomode del todo al perfil que a ellos les conviene.
Pero, me contestará usted, ahí tienen al santista Mauricio Cárdenas, infiltrado en la Gran Consulta, disfrazado de estadista, o al petrosantosamperista Juan Fernando Cristo, con doctorado en clientelismo. Sin embargo, contraargumento, ellos no son viables: ninguno llega ni siquiera al uno por ciento en las encuestas, aunque todos los días madrugan a ponerse a la orden de los periodistas, por si acaso alguno tiene unos segundos disponibles para una entrevista.
Pero nada. Del uno por ciento no pasan. Y no son tan manirrotos como fuera deseable. Son tacañones, parece. Pero, vea usted, cuando empezaban a resignarse a regalarle sus votos a alguno de los candidatos punteros, con la débil esperanza de que después del siete de agosto les tiren algún contratico, les llegó de la fría Londres Roy Barreras, dicen que con unos morrales enormes llenos de billetes nada de bolsas de basura, como Petro: finos morrales ingleses transformado en ideólogo socialdemócrata, derrochando, además, simpatía, jurando que no es comunista, que no expropiará a nadie, que le dejará sus bancos quietos al señor Sarmiento Angulo, que no desterrará al capital privado del sector de la salud, que a él le gusta la platica, pero no tanto como a los amigos de Petro, que no se robará el dinero de las pensiones, que él es, en fin, “de los mismos”, un clientelista de raca mandaca y con una impecable trayectoria que lo avala: puesto que promete, nombramiento seguro.
Contrato que ofrece; al otro día aparece publicado en el SECOP. En fin, el candidato soñado por los congresistas liberales, conservadores, de la U y de los otros, listos a venderse, pero sin comprador a la vista. Hasta ahora. Algunos amigos, que a veces me llaman para saber si todavía estoy vivo, me cuentan que Roy anda desatado recogiendo adhesiones entre los políticos tradicionales, especialmente en la costa, muy bien provisto de la materia prima con la que allá suelen consolidarse los apoyos electorales.
Claro, no solamente en la costa, porque “cien barras” son “cien barras”, tanto en Barranquilla como en Pasto o en Villavicencio. Con una ventaja adicional: esas “barras”, que pesan tanto en las urnas, no se reflejan en las encuestas. De modo que no se sorprenda usted, lector o lectora, si el domingo ocho de marzo, el nuevo Roy resulta con más de tres millones de votos en la consulta de la izquierda. Ya sabemos que Benedetti suele hacer esa clase de milagros. Y ya sabemos que la gente de Benedetti está con Roy.
Y Petro¡pobre Petro!, tan solo y desamparado como se le veía en la Plaza de Bolívar, mientras mostraba, orgulloso, el nuevo pasaporte, como si al pueblo que se muere por falta de servicios médicos le alcanzara la plata para ir de paseo a París; ese Petro alucinado, ¿dejará tirado a Cepeda, como dejó a su sacamicas Bolívar, el del paraíso sin tetas?

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