Me tiembla un poco la mano, pero lo digo
Por Joany Guerrero El periodismo colombiano cada día me impacta más y más, tanto que ya he perdido el poder de asombro, y como se dice en las calles, «nada me sorprende» cuando de informar se trata. Me tiembla un poco la mano al escribir estas pequeñas líneas de opinión, seguramente a muchos les dol
Por Joany Guerrero
El periodismo colombiano cada día me impacta más y más, tanto que ya he perdido el poder de asombro, y como se dice en las calles, «nada me sorprende» cuando de informar se trata. Me tiembla un poco la mano al escribir estas pequeñas líneas de opinión, seguramente a muchos les dolerá, otros ni se inmutarán, pero yo no puedo callar el dolor de patria que me genera el leer las columnas destructivas, inquisidoras y tan alejadas de la verdad.
Los periodistas de este país en su gran mayoría tratan de hacer su trabajo profesional, sin embargo hay personajes reconocidos como Héctor Abad Faciolince, que con odio visceral y con letras llenas de sangrientos apuntes, intenta destruir los más profundos sentimientos de orgullo de un puñado de colombianos que una vez quisieron ser ejemplo de valentía y orgullo para sus familias y para el país.
Al referirse al estamento militar como república independiente y atreverse a afirmar que los militares viven en barrios distintos y a su vez que no se jubilan a los 62 años, el escritor intenta desesperadamente deslegitimar una profesión tan honorable y respetable como cualquier otra, pero con responsabilidades mayores. Quiero decirle Héctor que su comparación no es ni siquiera digna de una explicación, sin embargo al leer su columna y entender el gran problema de fundamentación y conocimiento de las Fuerzas Armadas quiero contarle la historia real de las familias que se forman en los cuarteles militares de nuestro país. Estimado amigo, sepa que un militar de profesión, no ve nacer a sus hijos, ni morir a sus padres, no conozco su historia y no debería compararla, pero como su escrito generaliza e intenta poner al mismo nivel todos los profesionales de las armas, aun cuando me tiembla la mano, lo digo. Comprenda que mientras usted en su juventud seguramente tuvo el placer de viajar a México a disfrutar de un año sabático, ya que estaba tan cansado de estudiar en tantos colegios como pudo, ya que siempre fue expulsado por su inestabilidad e irreverencia, un joven de su misma edad ingresaba a los cuarteles militares a cumplir su deber con la patria. Entonces ahora se pregunta por qué se pensiona tan joven, y la respuesta es sencilla. Porque empezaron a trabajar jóvenes, mientras que otros tantos como usted disfrutaban de la juventud y del dinero de papá.
Seguramente siempre tuvo el placer de dormir en su cama cómodamente, y de pronto tuvo momentos de tristeza y sufrimiento en un aeropuerto internacional, porque la aerolínea tuvo inconvenientes en la conexión a París, o a China, inconvenientes lamentables, muy diferentes a los que un militar que debía dormir en las heladas montañas del páramo de Sumapaz o las cálidas selvas del municipio de Arauca. Seguramente esto no lo dimensiona el escritor, porque la batalla que libra día a día es con el bolígrafo y despierta odiando a unas personas que ni siquiera conoce.
Ahora quisiera solo tangencialmente mencionar las familias, supongo que el escritor famoso ha podido disfrutar de todos los momentos agradables y tristes con su familia, cumpleaños, navidades y hasta el entierro de seres queridos. Porque imagino que hasta las personas más ruines del mundo tienen alguien que lo quieran. Pues quiero contarle si no lo sabe, que un militar no puede disfrutar de esos momentos con sus seres queridos, solo piense un momento lo que siente este joven al servicio de la patria cuando a través de un radio se entera de la muerte de su madre o su padre; imagine un hombre en medio de la selva, recibir un mensaje de que su hijo ha nacido a miles de kilómetros. Esto realmente es la diferencia entre un profesional del periodismo y un militar.
No se atreva a juzgar a toda una institución y los hombres que la conforman, no se atreva a lanzar juicios de valor sin tener la certeza de lo que dice. Sea responsable y actúe con transparencia e intente ser profesional. Aprovechar el drama que viven los militares retirados en Haití, para generar odio y mostrar el desprecio que tiene con las instituciones es tan rastrero como irresponsable.
Le recuerdo que esos militares son padres, hijos, esposos y en algún momento de su vida, pusieron en riesgo su vida, por garantizar la libertad y la democracia, que hoy le permite a un escritor tan ruin, expresar su triste y vana opinión en un medio de comunicación sin que le tiemble la mano. También recuerde que usted no es más que un escritor y no un juez que le permita juzgar a estos profesionales de las armas y a que usted como supuesto defensor de los derechos humanos, supongo que entiende el concepto de presunción de inocencia. Siento temor de ver como contará la próxima historia este columnista lleno de odio y deseo de destruir un país, atacando las instituciones y pensando que aporta mucho escribiendo discursos alejados de la realidad, irrespetando a los lectores en un intento de estigmatizar la institución más respetada y amada de Colombia. En referencia artículo Operación Haití, del diario el espectador.

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