La derecha y el riesgo de perder el foco en medio de la batalla política y dejarse manipular por la izquierda
En política, perder de vista el objetivo principal suele ser el primer paso hacia la derrota. Algo de eso parece estar ocurriendo entre sectores de la derecha colombiana, especialmente en el terreno de las redes sociales, donde la discusión pública ha comenzado a desviarse hacia enfrentamientos internos que, lejos de fortalecer al sector, terminan debilitándolo …
En política, perder de vista el objetivo principal suele ser el primer paso hacia la derrota. Algo de eso parece estar ocurriendo entre sectores de la derecha colombiana, especialmente en el terreno de las redes sociales, donde la discusión pública ha comenzado a desviarse hacia enfrentamientos internos que, lejos de fortalecer al sector, terminan debilitándolo frente a su adversario ideológico.
En los últimos días se ha vuelto cada vez más evidente un intercambio de críticas entre seguidores de distintas figuras de la derecha, particularmente entre quienes respaldan al abogado Abelardo de la Espriella y quienes apoyan a la senadora Paloma Valencia. El debate, que podría ser legítimo dentro de un contexto democrático, ha adquirido en algunos casos un tono agresivo que parece olvidar un hecho fundamental; las diferencias programáticas entre ambos sectores son mínimas si se comparan con las profundas divergencias que existen frente al proyecto político impulsado por la izquierda radical en el país.
La política, como cualquier competencia democrática, exige claridad estratégica. Cuando las fuerzas que comparten una visión general de país concentran sus energías en enfrentamientos internos, el resultado suele ser la fragmentación. Y la fragmentación, en escenarios electorales polarizados, suele favorecer a quienes logran mantenerse cohesionados.
Lo preocupante es que buena parte de estos enfrentamientos no parecen surgir de debates ideológicos profundos ni de diferencias programáticas sustanciales. En muchos casos, las discusiones se alimentan de publicaciones en redes sociales que rápidamente se viralizan, generando respuestas en cadena entre usuarios que, en principio, comparten una misma visión política.
Diversos analistas han advertido que esta dinámica puede responder a estrategias de manipulación digital de la izquierda, en las que mensajes provocadores se lanzan desde cuentas asociadas a sectores políticos adversarios con el objetivo de generar divisiones internas en la derecha. El mecanismo es simple: se introduce una crítica producida desde bodegas de izquierda, se amplifica mediante redes de difusión en grupos de derecha y luego se espera que los propios seguidores del sector objetivo la reproduzcan, reaccionen y escalen el conflicto.
La metáfora que algunos utilizan para describir este fenómeno es conocida en el ámbito de la teoría social del caos. Se habla de una botella en la que conviven hormigas rojas y hormigas negras. Mientras el recipiente permanece quieto, ambas coexisten sin enfrentamientos. Pero si alguien externo a las hormigas agita la botella, las hormigas comienzan a atacarse entre sí, sin comprender que el conflicto no surgió de ellas mismas, sino de la intervención de un tercero ajeno que las manipuló.
Trasladado al escenario político colombiano, el riesgo es evidente. Si los distintos sectores de la derecha se ven atrapados en disputas internas durante la etapa inicial de una campaña electoral, podrían llegar debilitados a los momentos decisivos del proceso democrático, especialmente a una eventual segunda vuelta presidencial.
Las elecciones recientes ofrecen ejemplos de cómo la fragmentación puede alterar los resultados políticos. Durante la contienda pasada, las tensiones internas dentro de sectores opositores al petrismo generaron un escenario inesperado en la segunda vuelta, que terminó redefiniendo el panorama electoral del país.
La manipulación de la izquierda, en ese momento, logró sacar del juego al enemigo real del Petrismo, a Fico, y logró imponer a Rodolfo Hernández, quien abandonó el escenario de la camapaña en segunda vuelta, yéndose, inexplicablemente a Estados Unidos, dejando despejado el camino para Gustavo Petro.
Hoy, con una nueva campaña que apenas comienza, el desafío para la militancia y los simpatizantes de la derecha consiste en mantener la capacidad de debate sin caer en la confrontación destructiva. Las diferencias entre candidatos son naturales en democracia y, de hecho, enriquecen la discusión pública. Pero cuando esas diferencias se convierten en ataques personales o campañas de desprestigio, el debate deja de aportar y pasa a erosionar el proyecto político común dejando heridas insanables, que afectarán la unión necesaria en una segunda vuelta.
El proceso electoral que se avecina será intenso. Durante los próximos meses se abrirán espacios para contrastar propuestas, estilos de liderazgo y visiones sobre el rumbo del país. Ese es el terreno legítimo de la discusión política. Allí se podrán identificar los matices entre distintas candidaturas y evaluar cuál representa mejor las aspiraciones de sus electores. Esperar estos espacios, evitará la confrontación entre las hormigas de derecha, tras la agitación de la botella por la izquierda.
Sin embargo, convertir las redes sociales en un campo de batalla entre aliados potenciales solo favorece a quienes buscan capitalizar el desgaste ajeno. La política contemporánea, especialmente en la era digital, está llena de ejemplos en los que la manipulación de la conversación pública termina influyendo en el resultado de las elecciones.
Por esa razón, uno de los mayores retos para cualquier movimiento político es desarrollar una militancia informada y crítica, capaz de identificar cuándo una discusión es legítima y cuándo puede estar siendo impulsada artificialmente para generar división.
El debate democrático exige firmeza en las convicciones, pero también inteligencia estratégica. Entender quién es el adversario político, cuáles son los objetivos de largo plazo y cómo evitar caer en provocaciones que desvíen la atención del debate de fondo; puede marcar la diferencia en una campaña electoral.
En un contexto político tan polarizado como el colombiano, la capacidad de mantener la unidad en torno a objetivos comunes puede resultar decisiva. Las campañas apenas comienzan, las candidaturas aún están en proceso de consolidación y las alianzas que definirán el futuro político del país todavía están por construirse.
Por ahora, la advertencia es clara, cuando las disputas internas ocupan el centro del debate, el verdadero adversario político deja de ser el foco. Y en política, como en estrategia, perder el foco suele tener consecuencias que solo se comprenden cuando ya es demasiado tarde. La derecha no puede olvidar que el verdadero enemigo en las urnas, es Iván Cepeda.

Noticias relacionadas
(OPINIÓN) Wéstern colombiano. Por: Marta Palacio
Las famosas películas de wéstern tratan de unas tierras sin ley ni orden. De pistolas y búsqueda de…
(ANÁLISIS) Petro en campaña. Redes, poder y tensiones institucionales en la antesala electoral para presidente
A poco más de dos meses de las elecciones legislativas y con la carrera presidencial ya en marcha,…
Empresarios colombianos aumentaron 420% su bancarización internacional ante incertidumbre económica
La gestión patrimonial en Colombia entró en una nueva fase, marcada por un incremento significativo…