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(OPINIÓN) ¿Y el Congreso qué? Por: Laura Mejía

En medio del ruido electoral, del desfile interminable de candidatos presidenciales (hoy más de cien), pareciera que las elecciones para el Congreso se han quedado en un segundo plano. La atención de la ciudadanía está puesta en los aspirantes a la presidencia, sus promesas, sus debates, sus estrate

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) ¿Y el Congreso qué? Por: Laura Mejía

En medio del ruido electoral, del desfile interminable de candidatos presidenciales (hoy más de cien), pareciera que las elecciones para el Congreso se han quedado en un segundo plano. La atención de la ciudadanía está puesta en los aspirantes a la presidencia, sus promesas, sus debates, sus estrategias, sus peleas e incluso “sus guerras”. Y, sin embargo, olvidamos un hecho esencial: la democracia no se sostiene únicamente con un Presidente. El Congreso también define el rumbo del país, legisla sobre asuntos vitales, controla al Gobierno y representa a las regiones. Su papel no es secundario; elegir a quienes ocupan este espacio es tan decisivo como la elección del Presidente.

Hoy, más que nunca, es urgente mirar con seriedad estas elecciones legislativas. Mientras nos distraemos con la abundancia de candidatos presidenciales, una muestra de un sistema donde la fragmentación muchas veces supera la claridad, se están definiendo los rostros y los nombres que tendrán en sus manos la capacidad de aprobar o bloquear leyes que impactan nuestra vida cotidiana. Ojo, Colombia, la atención desmedida en la presidencia nos hace perder perspectiva.

Colombia no está para inventar; no estamos en un momento para eso. Necesitamos liderazgos responsables y éticos, con experiencia y con visión. El país reclama unidad en lo esencial y debate en lo constructivo, no un carnaval de aspirantes que prometen más de lo que pueden cumplir. Por eso, la invitación es clara: quienes, sin duda, no están preparados para llegar a la Casa de Nariño, pero sí buscan transformar, crear y aportar, deben considerar seriamente su participación en el Congreso, un espacio donde cada voto y cada representante tienen un impacto real y directo. Pasar de 0 a 100 no siempre es el camino más acertado; escalar de a poco es prudente y sensato, y le aporta mucho al país.


Preocupa además escuchar a partidos y movimientos que hoy buscan figuras “claves” o “relevantes” para sus listas, y que al mismo tiempo insisten en que no las tienen, repitiendo esta narrativa sin parar. Esta visión reduce la política a un juego de fichas, cuando en realidad se trata de ciudadanía, compromiso y responsabilidad con la democracia. No podemos perder de vista que cada congresista elegido define políticas públicas, controla recursos y, en definitiva, contribuye a la construcción del país que queremos. Pilas, Colombia, estamos llenos de líderes, pero tenemos que aprender a visibilizarlos y a elegir al que es.

Democracia es también recordar que cada elección, cada voto, cuenta. Esperanza es entender que el cambio requiere acción, participación y, sobre todo, conciencia de que el poder se ejerce no solo desde la presidencia, sino también desde los salones del Congreso. Mientras debatimos quién gobernará, no dejemos de lado a quienes legislan, quienes representan y quienes tienen la capacidad de hacer que los proyectos de país se concreten.

Colombia necesita que la ciudadanía despierte ante la importancia de estas elecciones legislativas. Que la conversación no se reduzca a la presidencia, que el Congreso vuelva a ser protagonista y que comprendamos que la democracia se construye con todos, no solo con uno. Nuestro país necesita participación consciente. Votar con responsabilidad, informarse, involucrarse y seguir creyendo en la democracia. Porque solo con acción, compromiso y esperanza podemos construir el país que soñamos. Sigamos confiando, sigamos creyendo: la transformación comienza con cada uno de nosotros.

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