Saltar al contenido

(OPINIÓN) “Muñecas de la mafia”. Por: Jorge H. Botero

El insulto presidencial a un grupo de mujeres, a las que se dirige en esos términos, requiere una sanción ejemplar.

R
Redacción IFM
5 min lectura
Escuchar artículo
(OPINIÓN) “Muñecas de la mafia”. Por: Jorge H. Botero

El insulto presidencial a un grupo de mujeres, a las que se dirige en esos términos, requiere una sanción ejemplar.

En mi columna anterior –“Líder mundial”-— me equivoqué  al afirmar que el Presidente, en su discurso en Naciones Unidas, había desistido de condicionar el reconocimiento de Maduro para un nuevo período, a que exhibiera pruebas contundentes de su triunfo, lo cual hasta ahora lo ha sucedido. Interpreté, como señal de respaldo, la calificación de Venezuela como un “país rebelde”. Serlo, para un revolucionario, tiene que ser lo máximo.

Corrijo entonces. La posición de nuestro gobierno no ha cambiado. El propio Presidente la ha reiterado ante un medio internacional. Ya veremos qué pasa en enero próximo si Maduro asume, como es previsible, sin haber despejado las abrumadoras sospechas de fraude. La lógica implica que no podríamos  tener relaciones  diplomáticas  con  un gobierno usurpador. Apenas si consulares.

Para un entendimiento adecuado del asunto que hoy trato, es preciso comenzar citando a Petro: “Las periodistas del poder, las «muñecas de la mafia», construyeron la tesis del terrorismo en la protesta…”. Y recordar enseguida que una exitosa telenovela sobre los clanes  mafiosos  muestra  las  hermosas  mujeres  que  hacen  parte  del  séquito  de  sus capos. Son elegidas para que sirvan de adorno y símbolo de poder; y para satisfacer los apetitos  sexuales de sus  jefes.  De modo  tal que llamar  “muñecas  de  la  mafia” a las periodistas que trabajan en ciertos  medios  de  comunicación, implica tratarlas como elementos de decoración y meros objetos sexuales. Una afrenta inaudita.

Es normal que muchas de ellas sean hermosas, en especial cuando son reporteras o presentan las noticias en la televisión.  Así sucede por doquier, a los seres humanos nos atrae la belleza;  es parte de una dotación instintiva que compartimos con  otros vertebrados  superiores.  Nada de lo cual excluye que esas  señoras  igualmente  sean inteligentes y bien preparadas, valientes, además: soportan riesgos contra su integridad personal, situación que las pugnaces palabras de Petro ciertamente agravan.

Quiero  destacar  esta  simpleza: en los medios de comunicación también trabajan hombres con buena estampa, a los que Petro no descalifica como lo hace con las mujeres. Su postura es, por consiguiente, misoginia: No hay para él “muñecos  de  la mafia” y por eso viola el principio constitucional de no discriminación.

Y esta otra: a Petro no le molestan las mujeres que trabajan en los medios; solo en los de origen empresarial, o, en sus palabras, “las periodistas del poder”. Le encantan, por el contrario, los que denomina “comunitarios” y los activistas en redes, muchos de los cuales financia con recursos públicos.  Es curioso que, a pesar de esos nexos umbilicales, los medios que prefiere no hacen parte del “poder.” Debe imaginarlos como elementos del “pueblo”, que es puro e incontaminado (siempre y cuando sea petrista). Se le olvida que la libertad de prensa, que la Carta política protege, es aquella que no depende del gobierno. Su postura es la misma del dictador Rojas Piñilla, que quiso acallar a El Tiempo y El Espectador.

Como  el  derecho  al  buen nombre  tiene  carácter  fundamental,  puede  ser  protegido frente a cualquier autoridad que lo vulnere o amenace, incluido el Presidente. Este goza de fuero, exclusivamente, en los procesos que versan sobre su destitución y, bajo ciertas circunstancias, en materia penal. No en procesos de tutela.

Las acciones de tutela que, contra él se presenten, se resuelven en el Consejo de Estado. Ya ha perdido los casos “Vargas Lleras” y “Fuera Petro”. En ambos eventos fue condenado a retractarse; lo ha hecho a medias. Con cierta condescendencia, los magistrados le han aceptado la ambigüedad de sus palabras y nuevos agravios. Cabe esperar  que, en el futuro sean más severos.  Y que, si no acata las  órdenes  de rectificación, sea sancionado por desacato. Se puede ganar un carcelazo en la Casa de Nariño,  así sea entre 1:00 y 6:00 a.m. de un sábado, horas en las que  podría encontrarse fuera de ese frío claustro departiendo sanamente con sus amistades.

Vienen otros litigios en camino. El primero de ellos es justamente “Muñecas de la mafia” que se debe resolver en estos días. Espero que no prospere el argumento inadmisible según el cual, como no señaló a ninguna periodista en concreto, no tiene que rectificar. La descalificación genérica o estamental es todavía peor.

Otra tutela que debería presentarse pronto versaría sobre la protección del honor de los integrantes del Consejo Nacional Electoral a los que denomina “corbatas”, expresión coloquial  que  se aplica a quienes  se considera rémoras, vagos,  parásitos, gente  inútil cuando no perversa. No parece que sea correcto aplicar esos epítetos a los magistrados de un organismo que tiene rango constitucional, entre los que se encuentran un par de sus copartidarios…

Es probable que Petro termine su mandato. Puede no haber tiempo, ni voluntad política, para  destituirlo  por indignidad o por violación de topes  financieros  en  la  campaña electoral. (Las sanciones administrativas que puede imponer el CNE, y la responsabilidad penal del gerente de la campaña, son otra cosa).

Sin embargo, por medio de acciones de tutela, es posible obligarlo a no insultar a sus contradictores. Sería un progreso que en algo ayudaría a soportar lo que falta de este gobierno.

Briznas poéticas. Horacio Benavides, gran poeta de esta dolorida Colombia: “Ah si el alma / pudiera despedirse / amistosamente del cuerpo. / Si le dejara dormido / y saliera en puntillas / como una madre que se aleja, / Ah si el alma olvidara / mutuas ofensas / viejos rencores…”

Compartir:

Noticias relacionadas