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(OPINIÓN) El plan A no espera. Por: Andrés Felipe Molina

El plan A no espera porque sobrevivir no es una estrategia de vida. Atreverse a elegir lo que queremos es un acto radical.

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) El plan A no espera. Por: Andrés Felipe Molina

El plan A no espera porque sobrevivir no es una estrategia de vida. Atreverse a elegir lo que queremos es un acto radical.

Camila llevaba doce años en la misma empresa. La acababan de despedir. Cuando hablamos, me dijo algo que me impactó: “Me pasé años postergando lo que quería porque este trabajo me daba estabilidad. Hoy que lo perdí, no sé si todavía tengo el valor de empezar.”

Su frase es un espejo. No solo hablaba de ella: hablaba de todos nosotros. De quienes, en nombre de la sensatez, aplazamos lo que nos mueve. El empleo estable se vuelve una especie de seguro de vida emocional: paga cuentas, otorga estatus y calma los miedos. Pero también anestesia. Y lo que se aplaza por años termina oxidándose.

Nos repetimos que no es el momento: “Esto me da estabilidad.” “No es lo que me apasiona, pero me permite vivir bien.” Y así pasan los años. La vida convertida en una estrategia de contención: sobrevivir mientras tanto, aguantar hasta que “algún día” llegue.

El espejismo del “mientras tanto” El problema es que el “mientras tanto” suele ser eterno. El sobrevivir se normaliza. Y en esa normalización está la trampa: lo urgente se come a lo importante, lo inmediato reemplaza a lo esencial. De repente no estamos decidiendo, estamos dejándonos llevar. No se trata de demonizar la estabilidad. Se trata de recordar que un trabajo fijo no puede ser una cárcel.

Que quedarse en lo conocido solo por miedo al salto no es prudencia, es renuncia anticipada. Lo que sí hacer aquí viene la parte incómoda: no basta con criticar, hay que mostrar salida. Dentro de una empresa: elige un espacio para intraemprender.

Un proyecto, una mejora, una innovación. Algo que te devuelva la sensación de movimiento. Porque se puede estar en una nómina y aun así crear. Se puede trabajar para otros y seguir trabajando en uno mismo. Fuera de la empresa: empieza en pequeño, pero empieza.

El plan A no necesita grandes capitales, necesita decisiones. Escribir una página al día, abrir un canal de venta sencillo, validar una idea mínima. Lo importante no es la escala, es la dirección. El enemigo más elegante del plan A no es el fracaso, es la postergación.

La frase “cuando esté listo” casi siempre significa “nunca”. No es moda, es coherencia En tiempos de frases motivacionales de 30 segundos, hablar de “seguir los sueños” parece un cliché. Pero hay una diferencia: aquí no se trata de repetir mantras, se trata de enfrentar la incoherencia vital, de vivir en pausa mientras el reloj corre.

La pregunta es brutal en su simpleza: ¿Estás habitando tu vida o la estás aplazando? El valor de empezar Camila hoy está en ese umbral. Y su historia es recordatorio para todos: no hay garantía de éxito, pero sí hay certeza de arrepentimiento cuando nunca se intentó. Nadie en su lecho de muerte dice: “menos mal no arriesgué, menos mal me quedé donde estaba”. Lo que se escucha es lo contrario: “ojalá lo hubiera hecho antes”.

El plan A no es un lujo para valientes, es el mínimo vital de quienes no aceptan sobrevivir como estrategia de vida, ¿Y tú? ¿Cuánto tiempo llevas diciéndote que esto es “solo mientras tanto”? ¿Cuántas veces has calmado tu inconformidad con la excusa de que “ya vendrá el momento”? La estabilidad sirve para descansar, pero no para vivir. Sirve para tomar aire, pero no para quedarse a vivir en pausa.

Un “mientras tanto” demasiado largo termina robándote el mientras tanto y el después. Vivir no se delega, no se aplaza, no se posterga. El Plan A no espera: o lo empiezas, o lo pierdes.

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