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¿No habrá siquiera cinco?

Siempre he dicho que lo más grave de todo no consiste en las torpezas, muchas de ellas llenas de malas intenciones, en las que a cada rato incurre nuestro actual gobernante, ni sus propuestas reformistas de la salud, de las pensiones y de tantas otras cosas, llenas de equivocaciones, de improvisacio

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Redacción IFM
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¿No habrá siquiera cinco?

Por: Gilberto González Arango

Siempre he dicho que lo más grave de todo no consiste en las torpezas, muchas de ellas llenas de malas intenciones, en las que a cada rato incurre nuestro actual gobernante, ni sus propuestas reformistas de la salud, de las pensiones y de tantas otras cosas, llenas de equivocaciones, de improvisaciones y de riesgos que inevitablemente nos conducirían al desastre. No es eso lo más grave. Lo peor es ver que una sociedad, que un sector mayoritario de ella que se opone a la irracionalidad del gobernante, no encuentra verdaderos líderes que se apersonen de su causa y la conduzcan por buen camino, hasta despejar las amenazas que se ciernen sobre el país.

De seguro que hoy más, mucho más de media Colombia siente que el gobierno está equivocado, y que sus propósitos quieren llevarnos a situaciones parecidas a las que se viven en algunos países del vecindario, pero esas mayorías se sienten inseguras y desconcertadas porque carecen de conductores honestos, ajenos a las trapisondas de la politiquería y dispuestos a sacrificar su tranquilidad por el bien de la patria.

¿Qué se hicieron –se preguntan las gentes– aquellos hombres que ponían la patria por encima de sus intereses, por encima de las mezquindades grupistas y por encima de los partidos políticos y de las ambiciones de poder?

He recordado en estos días el episodio bíblico de Sodoma y Gomorra, en el que se cuenta cómo Abraham intercede ante Dios para que calme su ira a cambio de encontrar primero diez y después siquiera cinco hombres justos que ameriten con su buen obrar el perdón del castigo, y me he dicho: ¿no habrá entre nosotros siquiera cinco de esos personajes?

Se me dirá que si los hay, y hasta me citarán algunos nombres de aguerridos y aguerridas luchadoras políticas, y yo tendría que responder que si bien su posición, su lucha y su denuncia han sido importantes, tienen el lamentable inconveniente de caracterizarse como representantes de uno de los polos irreconciliables en que se ha dividido la opinión de los colombianos, y esos líderes que anhelo y convoco deben estar en un nivel que sea incluso capaz de aglutinar los esfuerzos de los opositores políticos, y ponerlos a marchar como un solo hombre, para poder evitar la espada de Damocles que baila sobre nuestras cabezas, y así salvar a Colombia del inminente desastre que la amenaza.

No veo, por ahora, a esos diez, a esos cinco justos, y ni siquiera a cuatro, pero sí se me ocurre un nombre, el de un hombre honrado y decente, que aunque ha ejercido la actividad política, lo ha hecho con absoluta honradez, con la mejor buena fe y con el más acendrado patriotismo, y ese nombre es el del doctor JUAN LOZANO, a quien le deberíamos pedir que tome la bandera, en la seguridad de que otros –siquiera otros cuatro– se le irán uniendo, para que nos conduzcan hacia la salvación de la patria, y aglutinen unas fuerzas opositoras cuya dispersión, cuya desorientación ha sido la mayor ventaja que ha tenido el mal gobierno para imponernos sus desastrosos propósitos. ¿Quiénes comparten conmigo este anhelo? ¿Quiénes conmigo le pedirán al doctor Juan que sea el primero en tomar la bandera de la unidad, que reúna las dispersas e ineficaces fuerzas de la Colombia consciente?

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