Ni con nueve hombres el rival, el DIM pudo ganar
El Atanasio Girardot ya no ruge, suspira. El público lo abandonó, el fútbol desapareció y el Deportivo Independiente Medellín parece haber extraviado su brújula.
El Atanasio Girardot ya no ruge, suspira. El público lo abandonó, el fútbol desapareció y el Deportivo Independiente Medellín parece haber extraviado su brújula. Como diría una señora en la tribuna occidental, envuelta en una bufanda roja y azul: «Uno piensa que ya tocamos fondo, pero siempre hay algo peor a la siguiente fecha». Esa frase, cargada de una resignación casi poética, resume el presente de un equipo que no solo pierde puntos, sino que drena la esperanza de su hinchada.
El encuentro comenzó con un destello de ilusión. Al minuto 20, Ortiz conectó un cabezazo magistral que se coló en el ángulo del portero tolimense. El grito de gol fue un desahogo, un bálsamo momentáneo. Sin embargo, la alegría en el «Poderoso» es hoy una moneda efímera.
Solo cinco minutos después, mientras las banderas aún ondeaban, la defensa del DIM demostró por qué vive en un estado de desconcentración crónica. Adrián Parra aprovechó las licencias otorgadas y marcó el 1-1, devolviendo al rojo a su cruda realidad. La fragilidad mental del equipo se hizo evidente: el gol en contra no fue un accidente, fue el síntoma de una estructura que se resquebraja ante la mínima presión.
La debacle continuó cuando un balón filtrado por el medio campo, sin mayor complejidad ni marca, dejó retratada a la zaga. Ortiz, quien minutos antes era el héroe, vio cómo la esférica le pasaba frente al rostro sin reaccionar. Parra, atento al regalo, firmó su doblete y el 2-1 parcial. La furia del portero Ichazo, increpando a sus compañeros, era el reflejo de una impotencia colectiva.
El destino, en un gesto de generosidad inesperado, le otorgó al DIM todas las herramientas para remontar: minuto 33, Jorman Hurtado cayó en la provocación de Didier Moreno y vio la roja, y para el segundo tiempo, Eden Ricardo también fue expulsado, dejando al Tolima con apenas 9 hombres en cancha.
Con dos jugadores de más, el Medellín se volcó al ataque, pero con más desesperación que ideas. El empate llegó tras un tiro de esquina donde La Rosa cabeceó en solitario para sellar el 2-2 definitivo. No obstante, el sabor es amargo, y si se le suma la mala suerte de que su contratación estelar y quien debutó anoche, Daniel Cataño, salió lesionado con tan solo 10 minutos en la cancha. “Empatar en casa contra un rival diezmado no es un logro, es una condena que confirma que al DIM, hoy por hoy, no le alcanzan ni las ventajas numéricas para ocultar su crisis de identidad”, dijo un señor mientras se marchaba de la tribuna.
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