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(OPINIÓN) Cinco pasos para recuperar a Colombia en 2026 (sin caer en el juego del populismo desenfrenado). Por: Cristina Isaza

Colombia no está perdida, pero tampoco se va a salvar sola y personalmente soy bastante incrédula en las soluciones que dependen de una persona, un líder, un liderazgo mesiánico.

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) Cinco pasos para recuperar a Colombia en 2026 (sin caer en el juego del populismo desenfrenado). Por: Cristina Isaza

Colombia no está perdida, pero tampoco se va a salvar sola y personalmente soy bastante incrédula en las soluciones que dependen de una persona, un líder, un liderazgo mesiánico. ¡En Colombia, como sociedad, debemos aprender que TODOS SOMOS CORRESPONSABLES DE LA REALIDAD QUE VIVE EL PAÍS Y QUE DEBEMOS OCUPARNOS! NO ESTAR ESPERANDO COMO NIÑOS IRRESPONSABLES QUE ALGUIEN LLEGUE A SALVARNOS Y A DECIRNOS QUE HACER. ESTE ES UN TRABAJO EN EQUIPO DE LA SOCIEDAD EN CONJUNTO.

Si de verdad queremos salvar al país del populismo dañino de extrema izquierda para las elecciones presidenciales y legislativas de 2026, hay que entender que esto no se trata solo de votos: se trata de consciencia, cultura política y estrategia de país.

La extrema izquierda lo ha entendido mejor: no ganó el poder con ideas, lo ganó con emociones, símbolos, mentiras (correr la línea ética), enemigos ficticios y narrativas que le hablaron al resentimiento, a la división y a la inversión de valores. Y mientras tanto, muchos del otro lado aún creen que esto se resuelve con tecnicismos, cifras o egos personales.

Aquí propongo una ruta de cinco pasos para recuperar el rumbo, reconstruir el terreno democrático, y salir fortalecidos como nación. No son fórmulas mágicas, pero sí son el mínimo indispensable si queremos una Colombia libre, viable y gobernable.

  1. CAMBIAR LA NARRATIVA O NO HABRÁ TERRENO FÉRTIL

La primera batalla no es electoral. Es cultural. La izquierda gana culturalmente antes de ganar electoralmente (el relato progresista, el desprecio por el mérito, el de la cancelación, el de la relativización, el de la extrema tolerancia sin orden, etc…) Si no la damos con inteligencia y emoción, no habrá victoria sostenible.

Colombia está atrapada en un relato de valores que fueron invertidos y resignificados; un relato “progresista” lleno de resentimiento, fatalismo, división y asistencialismo; el cual ha erosionado el sentido común. El ciudadano promedio ya no cree en el país, porque le vendieron la idea de que en más de 200 años de vida republicana no hicimos nada bien como nación y todo es culpa de otros. La izquierda ganó emocionalmente con este discurso facilista, y desde ahí, todo lo demás les fluyó.

Necesitamos una nueva narrativa nacional, no partidista, profundamente simbólica y emocional, que reencante a los colombianos con nuestro país, nuestra gente y el propio poder de cada uno de nosotros.

¿Para qué?

• Para generar identidad, corresponsabilidad y sentido de pertenencia.
• Para movilizar emocionalmente a jóvenes, clase media y empresarios.
• Para sembrar un relato colombiano más auténtico… sin magnificarlo, sin dejar de ver los retos; pero sin populismo lleno de negatividad.

¿Cómo? Lo que expongo debe hacerse en redes sociales y presencialmente.

• Mediante campaña emocional de alcance nacional que recupere el orgullo por lo que somos y lo que podemos ser, sin negar nuestras fallas.
• Activando espacios de pedagogía democrática y económica que expliquen con claridad y sencillez como funciona un país libre y próspero.
• Creando redes ciudadanas y digitales que desmonten las falacias ideológicas sin caer en el odio o la reacción violenta.
• Involucrando a líderes del sector empresarial, cultural y académico en esta construcción de imaginario colectivo.

Estamos en una batalla simbólica que define el estado emocional de un país entero. Gracias a que sembraron la desesperanza y el odio, desmoralizaron al país y ganaron. Ya hoy vemos los resultados.

  1. FRENTE ÉTICO Y ACUERDO NACIONAL DEMÓCRATA (ACUERDO ÉTICO POR COLOMBIA)

No hay tiempo para divisiones. Si los sectores democráticos no logran organizar su competencia con inteligencia, la dispersión nos va a costar el país.

Aquí no se trata de eliminar la competencia, sino de alinearla con visión de país.

¿Qué necesitamos?

• Un Acuerdo Ético por Colombia, firmado por líderes políticos, empresariales y ciudadanos, donde se tracen unos principios mínimos no negociables: respeto institucional, legalidad, libertad económica, orden, seguridad, y no al populismo, ni a impulsar más las narrativas “progresistas”.
• Promover desde ya la idea de un solo candidato presidencial fuerte, decente, con visión de largo plazo, y listas al Congreso técnicas, honestas, confiables y renovadas.
• Un marco de cooperación entre precandidatos para evitar guerras de egos. El que gane debe contar con el respaldo de los demás. Quien no llegue, deberá sumar desde el Congreso (necesitamos volver a dar altura al congreso… los pre candidatos que no tienen como ganar una presidencia , deberían considerar seriamente prestar su servicio al país desde el congreso) o desde el gobierno.

¿Y la visión país?

Que no sea un menú personalista, sino un proyecto colectivo basado en trabajos de prospectiva realizados por tanques de pensamiento, gremios y academia. Una hoja de ruta compartida para lograr la mejor versión de Colombia a 30 años.

  1. DEPURAR LA POLÍTICA Y FORTALECER EL CONGRESO

No basta con ganar la presidencia. Hay que rescatar el Congreso, hoy capturado por el populismo, la politiquería (mermelada) y la mediocridad funcional.

¿Qué se debe hacer?

• Crear una bancada democrática con criterios éticos, técnicos y de coherencia con el ideario de país.
• Denunciar y bloquear candidatos camuflados, oportunistas o funcionales a la narrativa del oficialismo.
• Hacer visible como han votado los congresistas actuales en reformas claves, para que el voto ciudadano tenga memoria.

¿Cómo?

• Plataforma de voto informado con hojas de vida y comparador de votaciones por reforma.
• Alianzas con universidades, observatorios y medios regionales.
• Activar al electorado con pedagogía real, no solo promesas.

El Congreso no puede seguir siendo un obstáculo para el desarrollo. Debe convertirse en el primer aliado de una nueva Colombia.

  1. DEFENSA ELECTORAL Y VOTO CONSCIENTE

Una elección también se gana (o se pierde) en las mesas de votación.
La democracia no se defiende sola: hay que organizarse y anticiparse.

¿Qué se necesita?

• Defensa electoral coordinada, masiva y legal: una plataforma para cuidar el voto, además , testigos y jurados preparados ética y técnicamente.
• Disminuir el abstencionismo, especialmente en jóvenes y clase media urbana.
• Detectar y denunciar la compra de votos y los delitos electorales que distorsionan la voluntad popular.

¿Cómo?

• Campañas que resignifiquen el acto de votar como un gesto de libertad, no de clientelismo.
• Estrategias de movilización que partan del sentido común, no del miedo.
• Acompañamiento territorial con redes de confianza ciudadana y plataformas tecnológicas para el cuidado del voto (como lo hizo Ma Corina).

La única forma de proteger el 2026 es organizando desde ya la defensa ética y jurídica del voto

  1. OFENSIVA DIGITAL Y LEGAL CONTRA LA PROPAGANDA ILEGAL

El ecosistema digital está infectado de bodegas, bots, campañas negras y manipulación emocional. Hay una maquinaria activa que desinforma, ataca, difama y manipula.

¿Qué hacer?

• Denunciar ante plataformas boots, trols, fakes news
• Acompañar, seguir y rodear a creadores, portales, periodistas y líderes que exponen verdades y destapan escándalos. Apoyar a grupos de abogados que denuncian las irregularidades y abusos del actual gobierno.
• Activar expertos en ciberseguridad, derecho digital y libertad de expresión.

Esto no es censura. Es defensa legítima frente a tácticas ilegales y campañas de odio que buscan destruir reputaciones y distorsionar la realidad. La democracia no puede seguir siendo rehén del anonimato cobarde que busca “quemar candidatos” y destruir con mentiras.

Conclusión

Colombia necesita estrategia, orden y visión.
No más reactividad. No más improvisación.
Si no hacemos este trabajo ahora, ganará de nuevo el relato más visceral, populista y no la razón colectiva.

La buena noticia es que aún hay tiempo. ¡Somos millones, pero hay que empezar ya!

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