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(OPINIÓN) ¿Qué Congreso queremos?. Por: Luis Guillermo Suárez Navarro

La historia del Congreso data del 27 de noviembre de 1811, cuando se aprobó el Acta de la Federación de la Provincias Unidas de la Nueva Granada, en la cual se creó el Congreso de República y se definió como principio fundamental, la “Excelencia y probidad” de sus miembros.

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) ¿Qué Congreso queremos?. Por: Luis Guillermo Suárez Navarro


La historia del Congreso data del 27 de noviembre de 1811, cuando se aprobó el Acta de la Federación de la Provincias Unidas de la Nueva Granada, en la cual se creó el Congreso de República y se definió como principio fundamental, la “Excelencia y probidad” de sus miembros. Después en el Congreso de Angostura de 1821 liderado por Simón Bolívar, se establece como ente bicameral creando lo que es hoy el Parlamento conformado por el Senado y la Cámara de Representantes.

Nos remitimos a la fecha de la creación del Congreso, para resaltar su tradición atada a la historia del país y en especial, porque en esta institución se definen las leyes de la Nación para promover la sana convivencia entre de los colombianos; este principio es similar a las responsabilidades que debe ostentar cualquier miembro de la Junta Directiva de una empresa o institución pública que se rige por los principios del gobierno corporativo, conformado por personas serias y responsables, no como lo hacen algunos congresistas cocinando sancochos en las sesiones o se presentan al recinto a caballo, con el único objetivo de llamar la atención, porque son tan pocas sus capacidades intelectuales y de respeto, que no ameritan ser escuchados por los demás miembros del Congreso.

Según el artículo 172 de la Constitución del 91, para aspirar a una curul en el Parlamento, se requiere haber nacido y ser ciudadano colombiano y para ocupar una curul de Senador, debe tener 30 años y 25 para ser Representante; estos requisitos se quedan cortos, porque cualquier Colombiano podrá aspirar, incluso a los que ocupan curules después de haber cometido delitos o actos de terrorismo, como lo permite la norma desde el acuerdo de Paz de Santos, tampoco se le exige un título académico ni el nivel de experiencia, educación o idoneidad ni los principios morales del candidato; esta falta de requisitos son la consecuencia del desgreño y la mala calificación del Congreso, porque desde allí se derivan las malas prácticas corruptas y clientelistas.

Este es el momento para que todos los colombianos, promovamos una depuración del Congreso con miras a las elecciones del 2026, y desde ahora, debemos utilizar a las redes sociales y a los medios de comunicación para que la comunidad conozca las ejecutorias de cada uno de los congresistas durante esta legislatura del 2022 al 2026, y analizar de cómo se han comportado frente al voto y si han sido corresponsables con sus electores. Igualmente, para las próximas elecciones del 26, depurar a los nuevos aspirantes a ser elegidos, porque sería esta la oportunidad para conocer su trayectoria profesional, pública y privada; una acción de esta naturaleza nos garantizará la elección de personas íntegras con la capacidad de asumir la responsabilidad de orientar nuestro destino y de plano poner en evidencia a aquellos congresistas que le han hecho daño al país.

Así mismo debemos entre todos, señalar a los partidos políticos que se han creado con el propósito de satisfacer egos personales, sin principios claros y aún con estatutos engañosos que han dañado la esencia de la doctrina política. Colombia se merece tener una excelente Corporación con personas bien preparadas y con vocación de servicio, con la capacidad de representar bien a sus electores, porque desde ahora, debemos allanar el camino para conformar el Congreso que Colombia se merece.

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