(OPINIÓN) La vocación del territorio es crucial para Antioquia. Por: Luis Guillermo Suárez
Cuando en 1998 se publicó el estudio del PLANEA (Plan Estratégico de Antioquia) se le asignó un título rimbombante en el que “Antioquia sería la mejor esquina de América”, asociado también al de “Antioquia Siglo XXI” con proyecciones de desarrollo hacia el año 2020.
Cuando en 1998 se publicó el estudio del PLANEA (Plan Estratégico de Antioquia) se le asignó un título rimbombante en el que “Antioquia sería la mejor esquina de América”, asociado también al de “Antioquia Siglo XXI” con proyecciones de desarrollo hacia el año 2020.
Las diferentes administraciones departamentales han hecho su tarea de tratar de impulsar el desarrollo y para ello, se han presentado diferentes estudios, entre ellos, en 1995 el de Monitor, luego en 1996 se creó el Concejo Departamental de Competitividad y a partir del 2023 la Agenda Antioquia 2040, todos esos grupos de análisis sobre las estrategias para Antioquia, han definido que el departamento debe actuar bajo el modelo económico de la propiedad privada con la libertad de empresa que cumpla una función social, articulada por una función pública eficiente que promueva el desarrollo sostenible.
Los esfuerzos por sacar adelante a los municipios se han visto frustrados por el caciquismo político, la burocracia, que en la mayoría supera la capacidad fiscal para atenderla, los actos de corrupción de los funcionarios y las acciones cortoplacistas de los alcaldes, han limitado la generación de recursos para promover los programas definidos en los planes de desarrollo.
La poca capacidad de gestión y la imposibilidad de estructurar proyectos por la falta de personal idóneo o contar con quienes les permitan estructurarlos, son la causa de la precariedad de la gestión y ha impedido el cambio de paradigmas de los líderes municipales y en general de los campesinos, para adoptar la real vocación económica que requieren para lograr su desarrollo.
El sistema asociativo conocido como Cooperativas de producción, es un modelo que permite el desarrollo de cultivos bien planeados, en vez de insistir en el modelo de huerta casera como es el uso de los minifundios actuales. Este sistema permite un mejor acceso a la tecnología, a la asistencia técnica, a los mercados y a obtener economías de escala que permiten bajar los costos y mejorar las condiciones de operación. No podemos seguir tumbando monte para abrir pequeñas parcelas porque además de agravar el problema del ambiente, trae situaciones mayores en atención a la salud, la educación, y los servicios de las familias allí asentadas.
Antioquia debe establecer un programa agresivo para impulsar las 9 subregiones claramente definidas en el territorio, con un férreo compromiso del empresariado, en especial de quienes se proveen de productos del campo, para impulsar en asocio con las universidades y los entes departamentales, proyectos productivos que garanticen la sostenibilidad y el cambio.
La responsabilidad del CONSEJO DEPARTAMENTAL DE LA COMPETITIVIDAD, no debe reducirse a establecer políticas y promover acciones, cuando el modelo establecido desde los territorios, empezando por las administraciones municipales no funciona, cuando la capacidad de estructurar proyectos es casi nula y la posibilidad establecer estímulos y de generar valor es muy poca, para que los empresarios del turismo, de la producción o el comercio, se puedan ubicar en esos territorios.

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