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(OPINIÓN) ¿A qué le tememos? Por: Luis Guillermo Suárez

La definición literal de la palabra temor, es aquello que se considera dañoso, arriesgado, ofrece sospecha o peligroso, cuyo significado se hace muy actual ante las circunstancias políticas, económicas y sociales que está viviendo gran parte de la población colombiana, por la forma como se está comp

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) ¿A qué le tememos? Por: Luis Guillermo Suárez

La definición literal de la palabra temor, es aquello que se considera dañoso, arriesgado, ofrece sospecha o peligroso, cuyo significado se hace muy actual ante las circunstancias políticas, económicas y sociales que está viviendo gran parte de la población colombiana, por la forma como se está comportando el presidente y su equipo de trabajo, quienes han adoptado la intimidación como un medio para mantener viva la discusión de los temas públicos ante la opinión ciudadana.

Estos métodos de comunicación, parecieran ser una estrategia trazada para mantener en vilo la discusión, pero con el paso de los días, se han tornado en asuntos preocupantes por la forma como han sido planteados que amenazan nuestro futuro; ejemplos como el de la producción de pasaportes que demuestra el desorden administrativo al interior del gobierno y adicionalmente, como se ha hecho costumbre, el presidente ha soltado otro globo con referencia a la desconfianza frente al proceso electoral que se avecina, y si se analiza en su profundidad, está allanando el camino para cancelar, aplazar o desconocer el resultado de las elecciones, porque podría considerarlo viciado o tramposo y así tener una excusa para promover un desorden social y perpetuarse en el poder por 20 años y más, como lo acaba de pregonar Alfredo Saade, otro extraño personaje que como director del gabinete ministerial, presenta desconfianza por las acusaciones que se le endilgan.

Los colombianos le están temiendo a la forma como el presidente ha limitado las acciones del ejército y ha tolerado la arremetida violenta por parte de la guerrilla involucrada en el cuestionado proceso de paz total, haciéndose evidente, por la presencia con los peores delincuentes convictos presentados como un trofeo en la plaza de la Alpujarra de Medellín; también le temen a que esa permisividad ha promovido la toma de nuevos territorios por parte de la guerrilla, en una clara intención de hostigar a las comunidades en tiempos previos a las elecciones.

Le temen a la incompetencia de muchos de los funcionarios públicos que se siguen nombrando con imputaciones fiscales y penales por actos de corrupción y de robo de las arcas ya de por sí diezmadas, por la mala gestión del gobierno, tanto en el recaudo como en el gasto público desbordados; igualmente, a personajes imputados por delitos de peculado por apropiación de dineros públicos que fungen como precandidatos apoyados por el gobierno de turno y también le temen a los pasos que se están dando muy evidentes, hacia el proceso que vivió Venezuela desde hace 20 años.

Los colombianos no podemos caer en esta trampa de la diatriba que nos están montando con un libreto predeterminado, se hace necesario actuar con energía y con un movimiento civil organizado atenido a la constitución y las leyes, cuyo trabajo permita romper el miedo y retomar la confianza en quienes aspiran dirigir el estado, tengan la convicción de estar actuando en la dirección correcta y en forma responsable, con el fin de recuperar la senda del progreso y la estabilidad social y confíen de nuevo en las instituciones del estado, en la justicia y en las fuerzas militares como preservadoras del orden, que es lo único que garantizará un futuro mejor para el país.

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