Lo que nada nos cuesta…
Por Jaime Restrepo Vásquez Un camión de Emvarias terminó destruyendo más de 26 vehículos en Robledo. La gran mayoría de los equipos de bomberos se encuentran «en mantenimiento», según reconoció el propio Secretario de Gobierno, Fredy Esteban Restrepo. El miércoles pasado, el Hospital General ni siqu
Por Jaime Restrepo Vásquez
Un camión de Emvarias terminó destruyendo más de 26 vehículos en Robledo. La gran mayoría de los equipos de bomberos se encuentran «en mantenimiento», según reconoció el propio Secretario de Gobierno, Fredy Esteban Restrepo. El miércoles pasado, el Hospital General ni siquiera tenía penicilina para los pacientes. Este es un resumen superficial de la última semana de lo que llaman «avances en Medellín».
Pese a las evidencias, en la alcaldía siguen repitiendo el mantra de que «en Medellín están pasando cosas buenas». No es inusual que los politicastros repitan mentiras para tratar de convertirlas en verdades. Sin embargo, indigna y preocupa que, ante semejante desastre, todavía existan ciudadanos que crean la propaganda oficial.
Resulta esclarecedor que los graves hechos, registrados durante la última semana, tengan dos denominadores comunes: la ineptitud y la falta de recursos. ¿Cómo es posible que, en una ciudad de las dimensiones de Medellín, no exista un cronograma para realizar el mantenimiento de las máquinas de bomberos, sin dejar desprotegida a la ciudadanía? ¿Por qué tenemos equipos contra incendios varados por algo tan simple como un alternador o por daños en el sistema de frenos? ¿Cuáles son las razones para justificar el hecho de no llevar a cabo un exhaustivo proceso de conservación de los camiones para la recolección de basura y, sobre todo, por qué no hay dinero para adquirir medicamentos esenciales para la vida de los medellinenses? ¿Acaso no hay plata?
Pareciera que el mensaje que quieren transmitir es que, de un momento a otro, la ciudadanía dejó de cumplir con las obligaciones tributarias y está evitando pagar las costosísimas cuentas de los servicios públicos. Pero no hay tal. El ahogado se encuentra río arriba. La crisis financiera que atraviesa el municipio de Medellín no se debe a la falta de recursos, sino a la incuria con la que administran el presupuesto. Al haber convertido en una piñata el erario, y al no disponer de gente capacitada y comprometida en la administración responsable de las finanzas, el resultado ha sido el resquebrajamiento acelerado de la ciudad, cuyas consecuencias van quedando al descubierto, sin que los influenciadores de la alcaldía —la mayoría de los secretarios que viven a través de Twitter e Instagram— puedan matizarlo u ocultarlo.
Cualquier ciudadano de a pie puede constatar el manejo depravado del presupuesto. Es cuestión de que vea uno de los grandes monumentos al despilfarro: el puente de la cuatro sur, pintado con colorinches de pésimo gusto. En ese adefesio se gastaron cientos de millones de pesos, porque —así piensan los mequetrefes de la alcaldía— es mucho más necesario pintar un paso elevado que tener en pleno funcionamiento las máquinas de bomberos.
Durante la última semana se registró una fuerte conflagración en el centro de la ciudad, situación que fue atendida por las únicas tres máquinas que actualmente están en funcionamiento. Horas después, ese mismo número de máquinas tuvo que acudir a la emergencia del camión de Emvarias en Robledo porque no hay más equipos disponibles en Medellín.
De seguro creerán en La Alpujarra, con ese pensamiento retorcido que los caracteriza, que el puente estampado de colores incombinables salvará la vida de las víctimas de un accidente o de un incendio en un piso alto. Así las cosas, si los familiares de algún mandamás de la alcaldía se enfrentan a un hecho en el que sea precisa la intervención de los bomberos, tendrán que conformarse con contemplar, en medio de la tragedia, los horribles colorinches del paso elevado de la cuatro sur, mientras piden a gritos la ayuda de aquellos a quienes, desde la administración municipal, han dejado sin presupuesto y sin equipos, por darle el dinero a un contratista de la cuerda del alcalde… ¡Ni siquiera son capaces de cuidar a sus propias familias!
¿Quién se atrevería a decir que es más necesaria la penicilina en el Hospital General, el correcto funcionamiento de las máquinas de bomberos o de los camiones de Emvarias que pintar un puente? Eso sería una herejía en La Alpujarra y, ya sabemos, las herejías se pagan allá con el descrédito y el destierro. Por el camino que vamos, los bomberos tendrán que acudir a los llamados en taxi o en Uber, porque no dispondrán ni de equipos ni de plata para la gasolina. Pero eso no importa, porque hay un paso elevado pintado con colores chabacanos, digno del mal gusto de la alcaldía, que está ubicado en la avenida Regional… Lo demás, dirán los del combo de Quintero Calle, puede esperar.
En Twitter: @atrabilioso

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