Lo de Alexandra Agudelo, secretaria de Educación de Medellín, solo es un «Buen Comienzo»
Por David Toledo* Por estos días, la Secretaría de Educación de Medellín está en el ojo del huracán, ya que la Fiscalía decidió imputar cuatro delitos a la secretaria actual, por el escándalo de Buen Comienzo. Pero la realidad de la Secretaría de Educación puede llegar a ser el escándalo de corrupci
Por David Toledo*
Por estos días, la Secretaría de Educación de Medellín está en el ojo del huracán, ya que la Fiscalía decidió imputar cuatro delitos a la secretaria actual, por el escándalo de Buen Comienzo. Pero la realidad de la Secretaría de Educación puede llegar a ser el escándalo de corrupción más grande de Colombia.
Según lo que se conoce, la Secretaría de Educación es controlada exclusivamente por Albert Corredor y la secretaria, Alexandra Agudelo, es cuota política del ex concejal. Múltiples medios señalan lo anterior pero la realidad es diferente.
¿Quién es el verdadero dueño de la Secretaría de Educación?
Quintero Calle tiene la costumbre de ceder el control de la contratación de las secretarías y entes descentralizados de la Alcaldía a sus socios, eso sí, siempre que exista un buen negocio de por medio.
Esta costumbre de Daniel Quintero se ve reflejada en la Secretaría de Educación, pues, para sorpresa de muchos, el dueño directo de dicha secretaría no es Albert Corredor: la realidad es que la entidad es controlada por una familia venezolana, los Carrero Valentiner.

La familia Carrero Valentiner tiene sus raíces en lo más profundo del chavismo venezolano, pues ellos fueron unos de los principales promotores económicos de esa colectividad, apoyando a diferentes figuras para que estas llegaran al poder.
Esta familia tiene un gran conglomerado económico. De hecho, son dueños de una de las empresas más grandes de seguros de Venezuela: La Multinacional de Seguros. También, son propietarios de una gran cadena radial de Venezuela y de dos equipos de béisbol, los Bravos de Margarita (Venezuela) y los Marlins (Estados Unidos). Adicionalmente, los Carrero frecuentan los paraísos fiscales de Panamá y Suiza, donde según información societaria, tienen múltiples holdings.
Cabe resaltar que la familia Carrero tiene un largo historial de torcer las instituciones públicas a su favor. En Venezuela se rumora que esa familia era la que controlaba al gerente de Monómeros y que de allí nació parte de su gran riqueza.
Dicha familia está conformada por el matrimonio de Tobías Carrero Nacar y la señora María Auxiliadora Valentier. Esta pareja tiene tres hijos: Tobías Carrero Valentiner, Rafael Carrero Valentier y Luis Alejandro Carrero Valentiner.
¿Cómo una familia venezolana terminó controlando instituciones antioqueñas?
El hijo de Tobías Carrero, Rafael Carrero, estudió en Miami su MBA, donde era compañero de nada más y nada menos que de Albert Corredor, con quien entabló una gran amistad.

Poco después de esto, tanto Corredor como Quintero llegaron al poder, y para los venezolanos era una oportunidad de oro para colonizar tierras antioqueñas.
Poco después de que Quintero y Corredor llegaran al poder, se negoció el control de la Secretaría de Educación. Se rumora que, presuntamente, el negocio ronda los 1.5 millones de dólares, recursos suficientes para que Quintero le cediera el control de la educación de Medellín a los venezolanos.
Los Carrero no se podían encargar del nuevo negocio personalmente y por ello pusieron al señor Juan Andrés Biord, al frente de este. A Biord se le ve siempre al lado de Quintero, como en la fiesta que celebró el alcalde en la finca de Albert Corredor en San Jerónimo, en la cual se encontraba Poncho Zuleta.

Según cuentan, Biord, presuntamente, se encarga de cobrar las coimas a los contratistas de la Secretaría de Educación y de autorizar a quienes se le adjudican contratos y a quienes no.
Lastimosamente, al Concejo de Medellín poco le interesó a dónde iban los recursos de dicha Secretaría y le aprobaron casi 700.000 millones de pesos más para su negocio.
Cabe resaltar que los negocios de los Carrero no se quedan ahí. Según algunas fuentes, los tentáculos de los Carrero llegaron hasta AFINIA, donde junto a William Ortega, su hijo Sebastián Ortega, el convicto Emilio Tapia y otros se repartieron los contratos de AFINIA.
Medellín ya no solo está ante una banda criminal con incidencia municipal: ya se enfrenta a un conglomerado criminal internacional. Las apuestas están sobre la mesa y octubre está a la vuelta de la esquina. Lo aquí contado, junto a las denuncias ya existentes, debe ser un llamado para que la academia, los empresarios antioqueños, los medios de comunicación y la sociedad en general cierren filas en contra de una banda criminal que mal gobierna nuestra ciudad.
¡Medellín Sí Nos Pertenece!
*Aspirante al Concejo de Medellín
Corporación Medellín Cuenta Conmigo

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