(OPINIÓN) Unir polaridades vs. polarizar. Por: Laura Mejía Sanín
“¿Eres de derecha o de izquierda? ¿Eres amiga de esa persona? ¿No es muy izquierdosa?”. Son preguntas que me han hecho una y otra vez, como si la política solo pudiera entenderse en blanco y negro, como si fuera un requisito definirse en un extremo para validar cualquier opinión. Como si tuviéramos
“¿Eres de derecha o de izquierda? ¿Eres amiga de esa persona? ¿No es muy izquierdosa?”. Son preguntas que me han hecho una y otra vez, como si la política solo pudiera entenderse en blanco y negro, como si fuera un requisito definirse en un extremo para validar cualquier opinión. Como si tuviéramos que pensar igual para entablar cualquier tipo de relación.
Ese es, quizás, uno de los mayores problemas de Colombia: seguimos atrapados en una narrativa que nos divide, que nos empuja a la confrontación en lugar de la construcción. Se habla de ideologías como si fueran trincheras irreconciliables, cuando el verdadero debate debería girar en torno a la ética, la transparencia y el progreso del país.
Y aquí viene la pregunta clave: ¿Queremos unir polaridades o seguir polarizando?
La diferencia es enorme. Unir polaridades implica reconocer que las diferencias existen, pero que en ellas hay una riqueza que, bien canalizada, puede fortalecer la democracia. Polarizar, en cambio, significa alimentar el conflicto, promover el odio y cerrar cualquier posibilidad de diálogo.
Colombia necesita con urgencia bajarle al tono del ego y elevar el nivel de la conversación. No se trata de imponer una visión única, sino de aprender a construir en lugar de obstaculizar. Escuchar más, entender más y etiquetar menos.
Pero esto no puede quedarse solo en discurso. La participación ciudadana es clave. No basta con quejarse en redes sociales o repetir discursos prefabricados; hay que involucrarse activamente, cuestionar, exigir, proponer. El país no es solo de los gobernantes o los cogobernantes; es de todos. Y si no entendemos eso, seguiremos cayendo en el juego de quienes se benefician del caos mientras el ciudadano sigue esperando respuestas.
Otro punto fundamental: necesitamos construir redes de apoyo, no públicos que actúen como focas o como 12 discípulos. La democracia se fortalece con ciudadanos críticos, no con seguidores incondicionales. Colombia no necesita más fanaticadas políticas, sino más personas dispuestas a debatir con argumentos y a sumar esfuerzos, incluso en medio de las diferencias.
A puertas de las elecciones presidenciales de 2026, el país tiene que ser más inteligente que nunca. Nos jugamos mucho más que un nombre en la Casa de Nariño. Nos jugamos la posibilidad de sanar, de reconstruir la confianza en el otro, de comprender que ningún gobierno podrá sacar adelante al país si la gente sigue dividida a muerte. La polarización solo les sirve a unos pocos, pero la construcción colectiva nos beneficia a todos.
Pilas, Colombia. 2026 nos exige madurez, nos exige altura, nos exige más inteligencia que nunca.
Noticias relacionadas
(OPINIÓN) ¿Cuántas ventanas rotas habitan en usted? Por: César Bedoya
Solemos creer que el colapso de una vida es un evento sísmico, un estallido arrepentido que nos…
(ESPECIAL) 6to. ANIVERSARIO IFMNOTICIAS: Andrés Gaviria destacó labor informativa del medio en el país
En el marco del sexto aniversario de IFMNOTICIAS, Andrés Gaviria, excandidato al Congreso y líder…