viernes, octubre 22, 2021
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La humanidad confinada y «Pedro cortando orejas»

Por: Claudia Posada

Ciertas campañas “cívicas” son tan bien orquestadas que parecen animadas por las mejores intenciones. La esencia de una cruzada ciudadana es la búsqueda del bien común. Conquistar adeptos para fortalecer una causa colectiva requiere entusiasmo, persistencia y la motivación que inspira ese trabajo desinteresado; es decir, todo lo contrario de casi todas las  campañas políticas pues éstas tienen un interés individual: cautivar electores para acceder a  privilegios y desde luego entrar o permanecer en las esferas de poder.

En tal sentido, es desatinado que una campaña supuestamente cívica, parezca más bien la manera soterrada de pescar incautos para un fin político. Nunca antes como ahora, gracias a las redes sociales, se podía llegar a tanta gente, de todas las edades, lugares, contextos y niveles sociales, tan rápido, de manera simultánea y efectivamente. Tales ventajas están siendo aprovechadas con bastante resonancia para conseguir objetivos no siempre honestos. A veces, por ignorancia, se cae en el pecado de creer hasta los cuentos más ilógicos que hacen parte de las narrativas artificiosas;  otras, es la ingenuidad la que interviene para dejarse llevar de contenidos construidos con toda la malicia de la tergiversación que oculta dobles intereses.

Medellín, la ciudad de las iniciativas, la de emprendedores,  de grandes figuras en distintos campos, también aparece en los primeros lugares de nefastas estadísticas. Tenemos el san Benito del sicariato, expendio y consumo de drogas ilícitas, peligrosas y muy fuertes bandas criminales, y la crueldad de una “herencia” inocultable: hacerse a unos buenos pesos sin esperar que el tiempo recompense el trabajo decente. Así las cosas, gobernarla no es nada fácil.

La capital de Antioquia, tan apetecida por los políticos con  altas aspiraciones en el gobierno local, en particular por aquellos que quieren apostarle a importantes reconocimientos que los catapulten según sus íntimos deseos y, ojalá, los sitúen por encima de donde fueron encumbrados sus progenitores y padrinos, pasa por un interesante experimento ciudadano que presumiblemente demostrará, en el 2021, cómo se tumba a un alcalde que ni siquiera ha podido avanzar para salir del “periodo de prueba” que a él, y a todos los demás mandatarios del mundo, el invisible bichito los tiene acorralados con su desconcertante comportamiento y las  consecuentes situaciones de complejidad mayúscula, al sitiarnos a todos, sin discriminar.

Suena completamente insensato echar mano de las herramientas que da la Constitución colombiana, en estos momentos, para castigar la administración del alcalde Daniel Quintero. Un objetivo que, por lo demás,  tentó a otros colombianos deseosos de sacar de la presidencia al gobernante Iván Duque, quien, obviamente, tampoco la debe estar pasando de maravilla en su cargo.

Qué bueno sería todo ese trabajo comunitario -en especial semejante afán y suma de voluntades- para sacar adelante propósitos que disminuyan la brecha social tan marcada que golpea a nuestra ciudad. Hay muchísimo por hacer, particularmente en estos momentos.

Las crisis económicas en diversos sectores de la capital antioqueña,  han tocado industriales, comerciantes, pequeños y medianos empresarios que no se han recuperado plenamente, y muchos quebraron. La gente que vivía del rebusque, de su chaza,  sigue en la inopia; centenares de habitantes en Medellín pasan difíciles momentos con sus familias mientras esperan ver, por fin, la aniquilación del virus; pero ni los más reconocidos científicos parecen  visualizar el pronto regreso de la anhelada normalidad. “Y Pedro cortando orejas”.

 

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