viernes, noviembre 26, 2021
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Juez ordena recuento de votos por demanda de Trump mientras Biden evita proclamarse presidente

Un juez del Supremo ordena a Pensilvania cumplir con la norma de separar los votos por correo tardíos El pronunciamiento de uno de los magistrados conservador no añade ninguna tarea a los funcionarios electorales.

Donald Trump ya ha dicho varias veces que quiere que la elección presidencial, cuyo conteo continúa, acabe en el Tribunal Supremo. Su objetivo es que el órgano de justicia se pronuncie sobre los millones de votos por correo emitidos legítimamente que han llegado a los colegios electores después de la noche del martes. Cada Estado había establecido los plazos para recibir las papeletas, dando un margen promedio de tres días para que el servicio postal pudiese despachar las más posibles. Este viernes por la noche el juez conservador Samuel Alito emitió una orden a los condados de Pensilvania para que los funcionarios electorales separen los votos recibidos después del 3 de noviembre, algo que ya estaba normado desde antes de los comicios.

La orden del juez Alito responde a una solicitud realizada esta mañana por el Partido Republicano de Pensilvania. Las autoridades estatales ya habían ordenado a los trabajadores electorales que mantuvieran separadas las papeletas enviadas por correo y recibidas después de la fecha de los comicios, una medida precavida en caso de un posible litigio, como está ocurriendo. Los republicanos sostuvieron este viernes que no estaba “claro” si todos los condados locales estaban cumpliendo con esa tarea.

Antes de las elecciones, el Tribunal Supremo se negó a derogar con urgencia un fallo de la Corte Estatal de Pensilvania que permitió que la Junta Electoral recibiera las papeletas por correo hasta el viernes, siempre que tuvieran el matasellos del martes. Joe Biden le saca más de 27.000 votos a Trump en Pensilvania, aún pendientes de contar los sufragios de las grandes ciudades, que deberían favorecer al demócrata. No se prevé que las papeletas que llegaron después del día de las elecciones sean lo suficientemente grandes como para afectar el resultado.

Desde la madrugada del miércoles, el presidente estadounidense Donald Trump ha iniciado una ofensiva judicial contra el cómputo del voto de las elecciones. La puso en marcha incluso cuando el mapa lo favorecía y cada día ha ido un paso más adelante y más lejos del respeto a la institucionalidad democrática. Además de Pensilvania, la campaña del republicano ha demandado a Míchigan y Georgia, además de haber pedido un recuento en Georgia, donde está por debajo de Biden por 0,1%.

Entre tanto, Joe Biden evita proclamar su victoria y llama a la conciliación. El demócrata afirma que logrará 300 votos electorales: “Los números son claros, vamos a ganar esta carrera” .

El anunciado como discurso a la nación de Joe Biden se convirtió el viernes en la tercera apelación a la calma y a la legalidad del escrutinio en tres días mientras el conteo de los votos continúa y afianza el avance del demócrata, que tiene en estos momentos una significativa ventaja en Pensilvania, Arizona y Nevada y se mantiene en cabeza en Georgia (bastión republicano que no ha votado a un presidente demócrata desde 1992). Sin darse ya por ganador, el candidato demócrata se mostró confiado: “Los números son claros. Vamos a ganar esta carrera”.

Sesenta y dos horas después del cierre de las urnas, una inyección de alegría, orgullo y alivio sacudía Wilmington (Delaware), una vez confirmado que el candidato demócrata superaba a su rival en Georgia y Pensilvania. Sus seguidores se concentraron en el aparcamiento inhóspito de un centro de convenciones a cuyo escenario, cobijado por una gigantesca bandera estadounidense, el más que probable presidente electo de EE UU subió con tres horas de retraso sobre el horario previsto, al filo de las once de la noche (hora de la Costa Este del país, cinco de la madrugada hora peninsular española). Sus fieles se habían ido congregando en el lugar desde primera hora de la tarde para oírle cantar victoria. Wilmington ansía poder coronar por fin a uno de los suyos como presidente electo.

“Vamos a ganar esta carrera”, dijo Biden. “No vamos a declararnos vencedores aún. Vamos a ganar en Pensilvania, ya controlamos Arizona y Nevada, pero los números son claros, vamos a ganar esta carrera con clara mayoría, en la senda de los 300 votos electorales”. Esos 300 votos son treinta más de los 270 necesarios para proclamarse ganador (el viernes contaba con 253).

En un mensaje más institucional que los anteriores, Biden afirmó que afrontará la crisis sanitaria del coronavirus, la recuperación económica, el cambio climático y el racismo sistémico sin esperar el resultado definitivo para ponerse a trabajar. “Desde el primer día [en la Casa Blanca] aplicaremos nuestro plan para controlar la pandemia, que es cada día más inquietante, pero también abordaremos la recuperación económica, que se está ralentizando”, añadió.

“Espero poder dirigirme a los estadounidenses mañana [por este sábado]” para anunciar el resultado definitivo, afirmó, no sin lanzar un guante a su beligerante rival: “Es hora de que nos unamos como nación“. Biden hablaba de sanar las heridas de un proceso convulso por las acusaciones de fraude de Trump, sus demandas contra el escrutinio en algunos Estados y su negativa a aceptar la derrota. “Somos oponentes, no enemigos, somos americanos, y da igual por quién hayas votado”, declaró. ”Podemos dejar atrás el odio y la demonización [del contrincante]. No va a ser fácil, pero cuando gobierne, lo haré para todos los estadounidenses».

Tímidos aplausos coronaron su intervención, en la que estuvo flanqueado por Kamala Harris, la que se espera que sea su vicepresidenta. Lo tardío de la hora y la larga espera de sus simpatizantes habían hecho mella en el ánimo de los espectadores.

Riadas de personas, en su mayoría familias, enfilaban a primera hora de la tarde entre cortes de tráfico y controles policiales el aparcamiento del Chase Center. “Aquí el 99,9% de la gente le conoce, a él o a algún miembro de su familia”, explicaba Christina, que dirige una ONG de apoyo a la investigación del cáncer de mama. “Tenemos mucho trato con [su esposa] Jill, que está muy implicada en nuestra iniciativa y cuya defensa nos han dicho que asumirá como primera dama, junto con otras causas. Conocíamos mucho a Beau [el fallecido hijo de Biden], tuvimos mucho contacto durante su época como fiscal general de Delaware, y a la pequeña, Ashley, que trabaja en una ONG contra la pena de muerte; la hemos visto crecer. Es uno de los nuestros, estamos tremendamente orgullosos de verle en la Casa Blanca y de que lleve el nombre de Wilmington y Delaware por el mundo. ¡Nos van a conocer en todas partes!”.

“Yo tengo un subidón desde el momento en que la marea roja [color del Partido Republicano] empezó a teñirse de azul [demócrata] a medida que avanzaba el escrutinio, ahí empecé la fiesta», afirmaba Kevin Morgan, un joven informático afroamericano que debe su formación, aseguraba, a una de las becas impulsadas por Biden. «No sé si esta noche habrá una gran celebración, es probable que no, por la pandemia. Pero da igual, ¡estoy tan orgulloso de que nuestro vecino llegue a la Casa Blanca! Es el líder que este país necesita justo cuando deberíamos ser referencia y modelo para el resto del mundo en la lucha contra la pandemia, y sin embargo hemos dado un espectáculo bochornoso por culpa de Trump… La victoria de Biden demuestra que hasta lo más difícil es posible”. Efectivamente, no hubo fiesta, pero la celebración iba por dentro.

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Vía María Antonina Sanchez y Antonina Laborde – El País

 

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