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(OPINIÓN) Los antihéroes son como nosotros pero hacen cosas heroicas. Por: Juan Ortiz Osorno

Los héroes eran perfectos. Tenían que ser perfectos para ser héroes. Los héroes no podían cometer actos inmorales para alcanzar su deseo. No se les permitía, por definición, por la teoría del guion.

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) Los antihéroes son como nosotros pero hacen cosas heroicas. Por: Juan Ortiz Osorno

Los héroes eran perfectos. Tenían que ser perfectos para ser héroes. Los héroes no podían cometer actos inmorales para alcanzar su deseo. No se les permitía, por definición, por la teoría del guion.

Los antihéroes aparecieron, para que los héroes pudieran ser creíbles y percibirse como reales. Los antihéroes son los responsables de lo mejor y de lo peor del cine de entretenimiento. Lo más interesante de los antihéroes es que sienten como nosotros y padecen lo que nosotros padecemos. Sienten miedo, se deprimen, toman pastillas para la ansiedad y deciden dejar de tomarlas. Les tiemblan las manos y saben que de la firmeza de estas, dependen sus vidas y las de otros. Los antihéroes han hecho que normalicemos el mal, es cierto, pero también han hecho que veamos la tragedia que hay detrás de todos los actos heroicos.

El público siente empatía y se identifica fácil con los antihéroes porque ellos están dispuestos a romper las reglas para alcanzar su deseo más preciado. Antes, esa identificación era con un personaje que podía hacer lo que nosotros no. Ahora, es una identificación aspiracional. Ahora el público quiere que el héroe sea antihéroe, para legitimar que nosotros también deberíamos serlo, en la vida real. Pero olvidemos la vida real.

El mejor anti héroe del cine para mí, es el Capitán Roberto Nascimento, protagonista de la película brasileña, Tropa de Elite. Interpretado magistralmente por Wagner Moura, en el mejor personaje que ha actuado. Nascimento es el capitán del equipo Alfa del BOPE, el Batallón de Operaciones Especiales, al que le es asignada una misión imposible: Su Santidad El Papa, vendrá a visitar Brasil y ha decidido pasar la noche en una favela, la de más alta peligrosidad de Río de Janeiro, hogar de traficantes de drogas, en disputas permanentes; hogar de sicarios y de centenares de inocentes atrapados en la realidad delincuencial de las favelas.

A Roberto, Beto, como le dice su esposa, lo llaman a una reunión y le notifican que debe garantizar la seguridad del Papa y que tiene 6 meses para pacificar y limpiar el Morro do Turano. Una de las 700 favelas violentas de Río de Janeiro. Roberto argumenta que él piensa que el Papa debería tener un poco de sentido común y saber los peligros que enfrenta en esa favela y que no debería poner vidas en riesgo, por el capricho de dormir en la favela. Ahí es cuando los que aman los antihéroes se enamoran del capitán.

Su análisis de la realidad es tan simple, tan práctico. Es verdad. Por qué debería morir él o sus hombres, o los inocentes de las favelas, haciendo que él suba a la favela, llena de traficantes. Subir para ligarse obligatoriamente, a tiros, con la banda más temida de Río de Janeiro, durante meses, sólo para que el Papa pase allí una noche. A lo que el superior de Nascimento responde, simplemente, que él no puede controvertir los deseos del Papa.

Amamos que Nascimento argumente y lo que lo haga, pero lo amamos más, cuando vemos su rigor al subir a la favela, con sus hombres, a ejecutar la orden, en una misión en la que no cree. Sube apenas con un puñado de soldados de las Fuerzas Especiales. Trepan agazapados como gatos, en la oscuridad de las alcantarillas, vestidos de negro, comunicándose, a metros de los traficantes que están armados con armas largas, usando señas. Allí vemos a Nascimento en medio de un ataque de pánico: Suda, tiembla, pero a ninguno de sus hombres ni a sus superiores les parece extraño que él, que comanda todo, esté tan nervioso.

A uno como espectador sí. Y en eso es magistral el guion de José Padilha, Bráulio Mantovani y Rodrigo Pimentel. Por señas, Nascimento es informado de que arriba de ellos, en una terraza de la favela, los que venden drogas tienen dos hombres armados. Y en un segundo vemos por qué nadie duda del Capitán. En un segundo Nascimento hace un gesto: Pasa su mano por el cuello, como degollándose y así da la orden de matarlos. No hay un gesto de duda en él. Entonces, se pregunta el espectador ¿Por qué son sus nervios? Acto seguido vemos a Nascimento comandar a sus hombres y hacer filar a los detenidos en una terraza de la que se debe ver todo Río. Uno de los detenidos acosado por Nascimento, le grita a Nascimento que él es inocente de todo porque él es sólo un estudiante que estaba comprando ahí marihuana.

Nascimento lo toma del cuello, con una sola mano, lo arrastra y le mete el rostro en un cadáver que sangra. Y le pregunta al estudiante ahora todo ensangrentado en la cara, mientras le da cachetadas, ¿Quién mato a este tipo? y el estudiante responde: Usted. Y Nascimento le responde: No. Yo le disparé pero tú lo mataste. Tu comprando marihuana, financiaste esta guerra. Nosotros subimos a la favela sólo para arreglar lo que ustedes han desarreglado. Le grita Nascimento. Y ahí vemos la razón de sus nervios destrozados. Vemos toda la frustración de este hombre peleando en contra de un mundo corrupto que debe habitar.

Entendemos que este hombre es un oficial enamorado de su misión, pero presentimos que es capaz de estirar sus fronteras con tal de llegar a su deseo. Y Nascimento tiene dos: Conscientemente debe pacificar la favela para el Papa e inconscientemente quiere irse de la guerra, ya! Quiere encontrar lo más pronto posible a su reemplazo. Así se lo exige su esposa en embarazo. Por eso Nascimento quiere retirarse ya. O eso cree que quiere.

Entonces Nascimento debe dirigir todas las misiones mientras encuentra su reemplazo, que es uno de los que apenas está entrenando. Todo se complica cuando el candidato elegido por Nascimento para reemplazarlo, es asesinado por el líder de la favela que debe pacificar. Y se complica más cuando la esposa de Nascimento lo deja porque Beto, como ella le dice, llega un tanto alterado luego de que asesinan a su candidato, a gritarle a ella, que nunca le vuelva a hablar de su trabajo. Luego de que ella lo consolara cuando él temblaba, cuando él dudaba de tener el valor para acabar su misión. Por supuesto ella empaca y se va.

Ese día Nascimento deja de temblar. Llega a la casa y grita a la mujer que él es el que manda. Ahí Nascimento bota las pastillas del psiquiatra y se va a la favela, a cazar al líder del cartel que controla la favela. Lo caza, casa por casa. Hombre por hombre. Torturado tras torturado, hasta llegar a él. Allí le pasa una escopeta al segundo en su lista de elegidos a reemplazarlo, para permitirle vengar la muerte de su amigo de infancia, asesinado por el líder de la favela que esa mañana soleada, se queda sin cara. Así Nascimento daña también el velorio del sicario que tanto rogaba, que en su cara no. Matías que ahora es el sucesor de Nascimento dispara y el líder de la favela, suponemos, se queda sin cabeza a pleno sol. Eso no lo vemos, porque al disparar Matías, sólo vemos el fogonazo del arma y ahí sin agregar más, llegan los créditos. Magistral historia central alimentada más por las historias paralelas, por las tramas a, b y c que por el antagonista, que también contribuye con múltiples actos terroristas urbanos, de barrio.

Roberto Nascimento es un antihéroe creado a la perfección por la teoría del guion. Sus cualidades son observables y en él, saltan a la vista. Es el más valiente, el más organizado, el más riguroso, el más puntual, el más recto. Su personalidad sólo se expresa a través de las decisiones que toma ante los dilemas que la trama le presenta. Y él puede estar desecho como ser humano pero al momento de tomar las decisiones, siempre es heroico. Sabemos su deseo y conocemos su motivación. Pero además nos identificamos con él, porque a él como a nosotros, a veces nos queda grande el trabajo, a veces nos sobrepasa una discusión con la pareja, a veces tomamos pastillas, a veces tememos, a veces dudamos, y a él, lo vemos enfrentar todo eso, con el agravante de que él, si debe ir a una favela, a pelearse con traficantes. Esto genera una empatía natural por su personaje. No podemos no entenderlo. Y no podemos, no justificarlo.

En tropa de Elite 1 cada escena produce un cambio menor en el personaje, cada secuencia un cambio moderado y cada acto produce un gran giro. El guion desarrolla uno de los 6 tipos de ironía. En este caso, el protagonista, Roberto Nascimento es expulsado lejos de su objetivo. Nascimento quiere retirarse con su esposa y dejar su trabajo. Quiere hacerlo porque es peligroso su trabajo, mucho, y su esposa no tiene vida esperándolo. Entonces para él tener esa familia debe dejar esa cotidianidad. Pero eso lo aleja de lo que es. Nascimento es bueno siendo El Capitán y no El Esposo. Entonces su hijo y su mujer lo mueven de su objetivo como capitán del BOPE y en el BOPE lo vuelven a mover del objetivo de encontrar a un reemplazo, para poder retirarse, tan pronto le asignan la misión de pacificar la favela para el Papa. Una vez empujado, lejos de sus objetivos, Nascimento se descubre guiado realmente por nuevos objetivos, que son los que la película nos cuenta en detalle.

Tropa de Elite es una obra magistral. La película comienza con una escena que sucederá realmente en el minuto 58 de la película. Comienza con un «flashforward» que nos muestra los momentos previos a un enfrentamiento armado en una gran fiesta, en una favela de Río, llena de traficantes armados, policías corruptos y policías heroicos. Para entender la escena, el guion nos la muestra en sus momentos previos y luego nos cuenta durante 57 minutos, quién es cada uno de los personajes que van a estar jugándose la vida en ese tiroteo. Y la manera cómo nos cuenta cada personaje es sencillamente genial:

Un policía corrupto, inculpado injustamente de haberse robado un dinero de extorsiones, es llevado a la favela para ser ejecutado por los oficiales corruptos que perdieron el dinero. Cuando los de la favela van a matarlo, los policías, no corruptos, que fueron los que se robaron el dinero, para una buena causa, lo salvan, matando a un pistolero de la favela y ahí se inicia la guerra de la que sólo podrá salvarlos quien ahora vive en esa favela, pacificando: El Capitán Roberto Nascimento, que recibe la orden de salvar a esos policías de la muerte segura, mientras está torturando a un testigo para que le diga donde esta su siguiente objetivo de limpieza, en la que irónicamente llama, la lista del Papa. Esos hombres que Nascimento salva, son los dos candidatos a reemplazarlo. Pero sólo uno lo logrará.

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