(OPINIÓN) Colombia: ¡La Patria Nasal! Por Juan Ortiz Osorno
No quieres ser la hija violada, que ve morir a tus padres, para que te recluten después. Tú vives en un lugar donde al llegar la noche, tienes miedo de dormir, en tu casa, porque pueden venir a matarte, o peor, a reclutarte. Qué importa el bando.
No quieres ser la hija violada, que ve morir a tus padres, para que te recluten después. Tú vives en un lugar donde al llegar la noche, tienes miedo de dormir, en tu casa, porque pueden venir a matarte, o peor, a reclutarte. Qué importa el bando.
Son sólo adolescentes pasando para ir a hacer un atentado o para huir de uno, o para esconderse en tu casa. Y tú eres sólo una hija de un campesino, que puede morir, sólo por ir a traer ese racimo de plátanos, que quedó allá, por donde ayer dispararon.
O puedes ser reclutada forzosamente, yendo por esos plátanos y luego ser escolta de algún líder guerrillero, que dice en las entrevistas, a tu lado, que no, que ellos no reclutan menores. Y tú siendo la menor reclutada, por culpa de esos plátanos. Esta guerra incluyente, arrecia ahora las casas humildes, de miles de colombianos, en El Catatumbo, una región hermosa, geográficamente hablando, limítrofe con Venezuela, territorio de paso de todo lo ilegal, territorio de cultivo de hoja de coca, territorio de vacunas o impuestos ilegales, por parte de las mal llamadas Disidencias de las FARC y del ELN.
Territorio que ve la guerra declarada entre estas dos guerrillas, tradicionalmente aliadas. La guerra entre las mal llamadas Disidencias de las FARC y el ELN no empezó en Colombia y no empezó en el Catatumbo. Una vez las FARC se desmovilizaron, hubo unos que dijeron que se quedaban en la guerra. Muchos de ellos se refugiaron en Venezuela, bajo la protección del gobierno de Maduro.
El ELN entonces pagó 1 millón de dólares, eso denuncian las FARC, que el ELN pagó un millón de dólares a un General del Ejército Bolivariano de Venezuela, para atacar a las Disidencias de las FARC ocultas en Venezuela. Y estas empezaron a recibir fuego del Ejército Venezolano, en operativos conjuntos y por órdenes del ELN. Esos de las FARC, atacados en Venezuela, por el ELN, eran los que tradicionalmente habían estado en Arauca y entonces volvieron a Arauca.
Cuentan que retomar su territorio costó guerra, no sólo con el Ejército Colombiano, sino además con el ELN en Colombia y recientemente hasta con las mismas FARC. Llamamos disidencias de las FARC a los que no se desmovilizaron. Y es un error, una incoherencia. Porque los que siguieron con la causa deberían ser Las FARC reales y los que dijeron: “Nos desmovilizamos” deberían ser las disidencias. Pero, para validar su proceso, el Premio Nobel de Paz, gracias a esta fallida desmovilización, el Presidente Santos, nos dijo que habían unas disidencias, que eran pocos hombres, que no habían entrado en el gran proceso de paz.
Realmente eran más de 5 mil hombres y mujeres, con los mejores armamentos y las mejores dotaciones. Se ve en todas sus entrevistas. Las disidencias están divididas: Están los que se desmovilizaron con Santos y recibieron prebendas y cargos, como Iván Márquez, cuyo ejército recibió aparentemente el apoyo del régimen de Maduro. Actúan con unos grupos llamados Comandos de Frontera, que no cobran “impuestos” y se presume viven de dineros del presupuesto oficial de Venezuela. La Nueva Marquetalia, como bautizó Iván, a su grupo y estos Comandos de Frontera aliados, están en guerra abierta, con todos los que no se desmovilizaron de las FARC, con los comandados por Alias Antonio, en Arauca, con los comandados, por Andrey, en el Catatumbo, con los comandados por Calarcá, en el Caquetá y con los que están bajo el mando de Alias Mordisco.
Alias Mordisco se salió del nuevo proceso de paz e invadió los territorios de Calarcá, de Antonio y de Andrey. Eso dicen ellos, que durante muchas entrevistas se mantuvieron fieles a Mordisco, ocultando la gravedad del enfrentamiento interno. Pero lo cierto es que por primera vez hay guerra entre los frentes que dicen ser Las FARC.
Mordisco era el líder natural, pero los otros 14 comandantes de 14 Frentes, no quisieron aceptar sus imposiciones y sometieron las decisiones a votación de la mayoría. Y otra vez la democracia puso en guerra a las FARC. Pero esta vez entre ellos mismos. Entonces hay combates entre Guerrilla y Ejército, entre Guerrillas y entre Frentes de una misma Guerrilla, además El Catatumbo llevaba tiempo bajo el control total del Frente 33 de las FARC, comandado por Andrey. Un hombre joven, atlético, que creció en las filas y haciendo la guerra. Un hombre con el país en la cabeza, con el entendimiento también de lo corrupta que es la guerra. Este hombre fue formado para construir un Estado Marxista-Leninista-Bolivariano, pero viste con los uniformes militares, más modernos, de fabricación en USA, como se lee en todos los “gadgets” que cuelgan de su chaleco, donde dos pistolas inmensas y modernas lo acompañan. Él es quien cobra un impuesto a los Carteles que fabrican cocaína, que entran insumos y que deben usar amplias zonas para sus cultivos, para los que se les ofrece vigilancia.
Andrey decía tener el Catatumbo en paz y ahora enfrenta una guerra contra quienes menos imaginaba: Contra Alias Mordisco, su antiguo líder y contra el ELN. Entre los miembros de las FARC y del ELN hay familiares en común. Ideológicamente también hay coincidencias, porque los del ELN son Marxistas-Leninistas-Pro Cuba. Así que tradicionalmente fueron aliados en contra del Ejército y los Paramilitares. Pero ahora son enemigos acérrimos y sólo si un bando gana el otro podrá salvarse.
Es una lucha a muerte por el poder de los territorios usados para cultivo de cocaína y las rutas de todo lo ilegal, para los Carteles Mexicanos y Colombianos. Las disidencias reciben ahora a los guerrilleros, que ya se desmovilizaron y a los que se les atrasa el Gobierno Petro, siempre, en pagarles por su manutención, por no hacernos la guerra. Muchos de ellos, reciben el auxilio por desmovilizarse con Santos y ahora incluso, están en listas para desmovilisarse con Petro y recibir otro auxilio, mientras, otros, fragmentados, hacen pequeñas bandas y disparan los índices de criminalidad de las grandes ciudades, haciendo que tú sientas que puedes perder la vida, yendo del trabajo a tu casa, rumbeando, o cada que sacas la poca plata que queda del cajero automático.
En otra zona, en conflicto, en Caquetá, a las FARC las comanda Alias Calarcá. Un hombre poco atlético, que lleva tiempo disfrutando de gobernar la abundancia en su territorio. Alias Calarcá habita un mundo idílico para él y eso es lo que propone para el país: La población vive en comunidad con los guerrilleros. Tienen cultivos y fábricas de arroz y ellos son la autoridad, a tal punto que han hecho una reforma agraria.
Calarcá, ha otorgado tierras a unos y quitado a otros. Obvio, a su criterio, poco constitucional, ilegal, delincuencial, porque Calarcá también confiesa que viven de lo mismo: Cobran a los Carteles y a las empresas, “impuestos”.
Alias Antonio que comanda en Arauca y que sobrevivió para contar su versión del bombardeo del Ejército Bolivariano de Venezuela y el ELN, en conjunto, dice que las FARC cobra tan sólo el 1% del valor de los contratos legales que se ejecuten en el departamento, como “impuesto”. Y sentencia que es poco, comparado con lo que cobran los alcaldes, que asciende al 15%. Esto evidencia que es más mala la corrupción que la misma guerra. Y afirma que con ese 1% Las FARC financia todos sus proyectos productivos. Cobran adicional su “impuesto” a todo negocio ilegal que se haga en su zona de influencia. Igual que en el Catatumbo también ellos brindan seguridad, tienen impuesto por “gramaje”, es decir, un impuesto por hectárea de tierra cultivada con hoja de coca.
¿Cómo acabar con este negocio? Imposible. Porque el negocio hace que los personajes cambien pero el conflicto siga igual o peor. La guerra es una empresa que sólo abre nuevas franquicias: Grabando una serie documental con el CICR, volé a Urabá y me adentré en la selva, detrás de las bananeras. Me atendió la Comandante María. Ella había sido Guerrillera y en esa época, era la instructora de los Paramilitares, sus enemigos naturales. Le pregunté, cómo había podido, cambiar de bando, sin morir en el intento. Me relató que combatiendo contra las FARC, por territorio, su Frente Guerrillero estaba con hambre, sin sal y lejos del agua. Se encontraron entonces retrocediendo contra un Frente de los Paramilitares. Y ella tuvo que decidir a quién rendirse. Me dijo que pensó quien le perdonaría más fácil la vida a sus familiares, en caso de que no saliera bien la rendición y concluyó que los Paramilitares no sabían quién era su familia ni dónde vivían y en cambio las FARC sí, porque eran amigos, antes. Y entonces negoció y le entregaron armas a los Paramilitares y ella se convirtió en la jefe de instrucción. Porque nadie abandona la guerra.
Para otro episodio salimos de Río Sucio Chocó, en una lancha rápida. Horas después, viendo selva, llegamos a un pueblo fantasma lleno de grafitis sobre “irse o morirse”. Buscando el mejor lugar para poner la cámara, caminé hasta un monte que tenía la sombra de un árbol. Esperaba la llegada del comandante de las FARC, uno de los que robaría el show y luego desaparecería. Su primer anillo de seguridad estaba conformado por niños de 15 y 16 años, de cuerpo atlético, pero no como en los gimnasios. Cuerpos realmente atléticos, con todos los músculos dibujados, pero delgados, finos, elásticos. De altura media todos, como gatos de monte casi del mismo color de sus uniformes, gatos de monte que nunca ven el sol. El más adulto de “todes”, que eran unos “niñes”, me gritó desde lejos: Quédese ahí. No se mueva. Y se empezó a acercar a mí. Los que venían con él, se quedaron. Y él vino caminando. Con un palo verificaba bien el piso que iba a pisar. Mientras se acercó, me gritó, de lejos: Usted atravesó un campo minado. Voy por usted y se devuelve pisando donde yo pise. No hablamos más.
Yo tenía vergüenza, de poner a ese joven, en esa tarea, de ir por mí, atravesando un campo minado. Y yo estaba en “shock”, porque atravesé, ileso, un campo minado. Mientras llegaba el gran Comandante, sus anillos de seguridad, fueron llegando y tuve mucho tiempo para analizar, que cada que un anillo se acercaba más, al gran Comandante, la talla de los guerrilleros aumentaba, su barriga crecía y su armamento era cada vez mayor. Los primeros, los atléticos, venían descalzos, armados con un fusil y una reata. Los que venían con el Comandante, traían fusil y pistolas varias y granadas y municiones terciadas. Y el Comandante venía rodeado de las guerrilleras, más voluptuosas y arregladas.
Por mi caminata, en el campo minado, me volví objeto de suerte. Los chicos se acercaban y me tocaban. Los que se burlaban de los que me tocaban, recibían por respuesta, que nada perdían con tocarme, para tener suerte, en los campos minados. Para unos, yo no había sido torpe, sino de buenas y querían mi suerte. Pude preguntarle al más atlético, al que me rescató, qué era lo más cercano que había estado de una ciudad. Él me dijo que había participado en un retén, en una carretera, a 20 kilómetros de Carepa.
Carepa es un municipio pequeño del Urabá. Una carretera lo parte en dos. Y unas casas a los lados son el pueblo. Y él había estado a 20 km de ahí y esa era la ciudad que él decía conocer. Los vi como humanos distintos, del monte, puros, inteligentes, ávidos de hacer algo y hábilmente adoctrinados para hacer la guerra, para mantenerla. Porque nadie quiere desmovilizarse de una guerra, donde manipulando “niñes” y jóvenes, obtienes grandiosos dividendos.
Nadie deja esa guerra. Ni los que la hacen, ni los que la reportan, ni los que dicen defender los derechos de la población civil en ella. Nadie, porque todos los que viven en la guerra, viven también de la guerra ¿Cómo es posible que en un gobierno de izquierda, gobernado por un ex guerrillero del M-19, cuya ideología era el Nacionalismo y el Socialismo Democrático, que fue parte de la Coordinadora Nacional Guerrillera y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, las guerrillas, de las disidencias de las FARC y del ELN no hayan podido hacer la paz con el Gobierno Petro y encima hayan entrado en guerra entre ellas y entre sus propios Frentes?
Durante los primeros años del gobierno de Petro, los mismos líderes que ocultaron lo de Alias Mordisco, ocultaron también su incomunicación con Petro, a quien nunca vieron llegar a los diálogos. Hoy estos comandantes de las disidencias dicen abiertamente que con Petro no firmarán ¿Por qué Petro no se deja ver con los mandos que negocian por las FARC y no logra sacar adelante un diálogo y una firma de la paz? ¿Por qué ya dieron el Premio Nobel, por esa negociación, que no logró la paz, en ningún lado, sino que agravó el conflicto? ¿O simplemente porque Petro es de izquierda, pero su gobierno, no? ¿O simplemente, porque Petro no ha dejado de estar en campaña y todo es “discurso y promesa” como en un “delirio ebrio” y nada es gestión?
La guerra que se daba en territorios aislados se trasladó, con la desmovilización, a las ciudades, a través de Bandas Criminales, con gran especialización. Sin ningún discurso político. Y por estar defendiéndonos, desde la desmovilización, en las calles, se nos olvidó que todavía hay una guerra especializada en los territorios remotos de Colombia, que son todos, excepto las ciudades. Una guerra financiada por Carteles transnacionales, que se da a través de Frentes de las Guerrillas, especialistas, en copar los territorios, para vigilar la siembra de coca, la fabricación y la exportación de cocaína. Mientras haya narices que inhalen cocaína, esta guerra nunca parará.
Recuerdo a un ciudadano belga que me preguntó de dónde era yo y le dije: De Colombia. Y me contestó feliz, excitado, en un español con mucho acento: Colombia ¡Mi patria nasal! Eso somos para el mundo. “La Patria Nasal”, Gobernada por un Guerrillero de Izquierda Nacionalista, desmovilizado, que no pagó ni un día por sus delitos. El M-19, para desmovilizarse, hizo pactos con Pablo Escobar y cambiaron la Constitución, aprovechando una iniciativa propuesta por unos estudiantes, que dio espacio para una constituyente. Una constituyente como la que puede propiciar Petro, para quedarse gobernando, sin ser de Izquierda, copiando todos los malos vicios del centro y de la derecha, para perpetuarse en el poder, simplemente prometiendo.
Petro, el único presidente de izquierda, elegido por voto popular, no fue capaz en 3 años, de ejecutar un Estado Socialista ni Nacionalista y no fue capaz de negociar con sus amigos guerrilleros y los traicionó, dejándonos a todos, a los de izquierda, a los de centro, a los indiferentes y a los de derecha, en la más temible guerra urbana y rural, sin antecedentes ni ningún control.

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