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(OPINIÓN) Mayoría de edad: ¿A los 24? Por: Juan Ortiz Osorno

¿Cómo sería el mundo si los menores de edad no pudieran entrar a las redes sociales y no pudieran usar celulares inteligentes? ¿Cómo podría ser el mundo si, además, subiéramos la edad para la mayoría de edad? Pensarlo no es imposible ni hace daño: A cualquier red social que entres verás que los prot

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) Mayoría de edad: ¿A los 24? Por: Juan Ortiz Osorno

¿Cómo sería el mundo si los menores de edad no pudieran entrar a las redes sociales y no pudieran usar celulares inteligentes? ¿Cómo podría ser el mundo si, además, subiéramos la edad para la mayoría de edad? Pensarlo no es imposible ni hace daño: A cualquier red social que entres verás que los protagonistas y los consumidores de este mundo virtual, son los menores.

Según estadísticas, el 88% de los jóvenes descubren su interés por los productos a comprar, en publicaciones de personas que siguen. Y el 56% de los menores, ya ha comprado un producto que le vieron consumir a alguien que siguen. Es por eso que, a nivel global, la inversión en publicidad en redes sociales ha crecido considerablemente. En el 2022, esta inversión era del 33% del gasto total de publicidad en el mundo. Pero en el 2024 esta inversión superó el 66 %. Esto explica cómo en la generación Z, sus miembros dedican el 70% de su tiempo libre a redes. Y cuando decimos “Redes Sociales” usamos una dialéctica mentirosa que camufla lo que realmente consumen los jóvenes en las redes sociales: Pornografía, violencia, promoción al consumo de drogas, invasión a la privacidad, promoción del odio a la diferencia, desinformación (fake news) y exacerbación de las diferencias.

Pornografía disfrazada de bailes inocentes, de chicas que muestran su desnudez, por un segundo y no alcanzan a ser censuradas. Mientras publicitan, a través de estas redes sociales, sus canales en otras plataformas a donde los jóvenes son astutamente redireccionados. Es una mentira social que las redes sociales sirven para socializar en un universo donde todos son incluidos. Son, de lejos, la palestra pública, ideal para el matoneo, para la exhibición de lo vano, lo fútil y lo perverso. Son el espacio ideal para experimentar celos, envidia, ansiedad y otros trastornos y traumas.

El Departamento de Salud de EE. UU. señaló que las redes representan un riesgo significativo para la salud mental de los jóvenes. Y la Revista Científica Sanum señala que el simple uso de las redes sociales insidió en el aumento de síntomas de depresión y ansiedad en los jóvenes norteamericanos. Por estas mismas patologías y otras más, el parlamento australiano aprobó una ley pionera que prohíbe a menores de 16 años acceder a las redes sociales, incluyendo a plataformas tan reconocidas como TikTok, Instagram y Facebook. Esta legislación impone multas hasta de 49 millones de euros a las plataformas que no cumplan la normativa.

La ley obliga a las empresas tecnológicas a tomar medidas razonables para evitar que menores de 16 años creen o mantengan cuentas en estas plataformas. La medida fue tomada en Australia por los riesgos que el uso excesivo de redes representa para la salud física y mental de los jóvenes. Motivados por las víctimas del acoso en línea y la exposición a contenidos perjudiciales.

El primer Ministro de ese país señaló que las redes pueden ser un arma para los acosadores, una plataforma para la presión de iguales y una herramienta para depredadores en línea. Pretenden con esa medida bajar las tasas en consumo de drogas, en suicidio y en autolesiones. ¿Cómo mirar a otro lado, si Australia ya fue capaz de decir esto al mundo? ¿Por qué no imitar todos los países, al unísono, esta ley? ¿Por qué no ir incluso más allá? Las últimas investigaciones científicas, concuerdan todas, en que la parte del cerebro encargada del control, la regulación de impulsos y la evaluación de consecuencias conocida como “La Corteza Pre frontal” no termina de desarrollarse hasta la edad de 24 a 25 años. Es por esa condición que los jóvenes aventureros pueden saltar y hacer deportes de riesgo sin temor y es por esta condición de no tener desarrollada esta parte fundamental del cerebro que determinará nuestra personalidad, que los jóvenes en general pueden ser a nuestra visión adulta, irresponsables.

Lo que maravilla es que como sociedad seamos capaces de hacer investigaciones y llegar a conclusiones tan contundentes, pero ninguna de esas investigaciones y resultados tienen un impacto en la vida real. De ser así, no estaríamos llevando el límite para considerar a un ser humano adulto hacia los 16 años, como se pretende ahora en todas las legislaciones, sino que deberíamos aumentar la edad para hacerse adulto, como mínimo, a los 24 años. Cuando nuestras propias investigaciones científicas, han revelado que, en promedio, un ser humano deja de lado los riesgos y obtiene un razonamiento más maduro. En ese sentido, incluso la ley pionera de Australia es tímida. Si como sociedad ya investigamos y comprobamos que el cerebro humano solo está formado hasta los 24 años, entonces tenían sentido las pretensiones de la humanidad del pasado, cuando crearon el concepto de Mayoría de Edad, para permitir el ingreso a un grupo armado, la compra de un arma, la compra de licor, etc. Sin investigación científica alguna, los seres humanos del pasado, supieron, por lógica, que un personaje joven no podía ser confiable. No sabían por qué, pero no se le confiaba ni siquiera para votar.

Luego de cierta edad, se veía que el ser humano ya era capaz de entender conceptos, tales como: El trabajo duro, la disciplina, el rigor, la persistencia, el abandono de los riesgos y el cultivo de la inteligencia. Esa sociedad sin ninguna investigación científica y solamente de lógica, decidió, por primera vez en Inglaterra, en el año 1265, que a los 21 años, las personas se volvían confiables para portar armas, administrar tierras, herencias y casarse. Y todos estuvieron de acuerdo, que antes no. Y para ninguno eso fue extraño. Todos convivían con los jóvenes y los veían en su comportamiento alborotado, a diario. Luego de siglos de desarrollo e investigación y con la precisión de dónde exactamente, es que nace, en el cerebro, esa confiabilidad y esa madurez y cómo es que esta determina la personalidad, hemos llegado a concordar en todas las investigaciones en que la edad donde una persona, es persona confiable, es ineludiblemente y probado científicamente, luego de los 24 años.

¿Por qué entonces legislar para que sean los menores de 16 los que pueden someterse a los contenidos de las redes si sólo hasta los 24 nuestros cerebros estarían preparados para lidiar con esos temas? ¿No deberíamos como humanidad, subir la edad de la Mayoría de Edad con las pruebas que tenemos, a cuando el ciudadano tenga 24? Piénsalo: Otro sería el mundo si los menores de 24 no pudieran comprar armas, licores, entrar a discotecas ni a prostíbulos. Otro sería el mundo si para ejercer el oficio de prostituta o stripper, para ser influencer, para ser actriz porno, para tener redes y poder publicitar con poca ropa, dónde pueden verte con ninguna, tuvieras que ser mayor de 24. Otro sería el mundo si los menores de 24 años no pudieran votar. Otros serían los líderes mundiales. Porque una persona menor de 24 no sólo no ha alcanzado la madurez en su corteza pre frontal, sino que tampoco ha tenido el tiempo para saber dónde vive, en qué país está parado y conocer la historia de su país y menos analizar las mentiras de cada candidato. En mi infancia, el programa más visto era “Bonanza” una serie sobre unos vaqueros que llevaban un rancho en el oeste, con todos los riesgos de esa premisa. Los protagonistas eran de 60 años y los jóvenes de 35 años. Por supuesto había niños pero no eran los protagonistas jamás. Esa edad para los protagonistas de las historias ha venido disminuyendo a tal punto que los viejos en las series de hoy tienen 35 años y no son protagonistas.

Y el protagonista de una serie como “Adolescencia” se ve como de 9 años. En las series de hoy si hay alguien mayor a 50 ya es llamado anciano. Y por supuesto ninguno de los mayores es protagonista de nada. Son sólo actores de reparto sobre perfilados y usados sólo, para poder contar historias de menores de edad, que no han actuado y que representan, en esencia, el público al que el marketing quiere dirigirse. En América Latina el 90% de los jóvenes menores de edad consumen series vía streaming. En contraposición tan sólo el 19% de los adultos mayores de 50 años consume estas plataformas. Es claro entonces, por qué las historias de hoy, para quienes las producen y que persiguen las tendencias del mercado infantil y juvenil, deben ser sobre jóvenes, porque son los jóvenes los que están en estas plataformas, consumiendo. Sin embargo, el razonamiento humano debería llevarnos a otro tipo de conclusiones y de decisiones: Ningún niño va al trabajo hoy en día y ningún niño o niña es el Director de Contenidos de un canal o el CEO de ninguna plataforma ni de ningún organismo de control o de ningún ministerio o es el Presidente o Presidenta de ningún gobierno.

El mundo real lo regulamos los adultos y somos adultos los que hemos determinado que los consumidores sean jóvenes menores de edad. Lo que en realidad hace a toda nuestra realidad pervertida y perversa. Hay adultos en TikTok a los que les parece que los bailes soterradamente inocentes de millones de jóvenes como propaganda de plataformas pornográficas son normales y deben seguir emitiéndolos porque dan dinero y hacen que el público permanezca en la plataforma, que es su objetivo general, en todas. Hay adultos dirigiendo Instagram y muchos otros adultos en sus juntas, a los que les parece muy bueno que cientos de jóvenes hagan desnudos, de segundos, para promocionar los canales porno de Telegram. Y en Telegram y en Chaturbate hay una cantidad de adultos que les parece rentable y loable que haya miles de jóvenes conectadas a sus páginas, prostituyéndose en el mundo virtual, como promoción, para prostituirse en el mundo real. Por supuesto que ninguno de estos adultos está pensando en el deterioro del tejido social, sino en sus cuentas bancarias. Y por ello es imposible que las propias corporaciones se autorregulen y que el internet se autorregule. Internet y todas las plataformas precisan de una intervención no solo de los gobiernos sino desde la academia y desde los grupos sociales, para contrarrestar el deterioro promovido en internet y redes sociales, que está transformando a nuestra sociedad en una que se ha dedicado de manera poco inteligente a entretener con todas las herramientas de la inteligencia humana y de la artificial, a niños, niñas y a los jóvenes con toda clase de mensajes e imágenes deformadoras, donde además son estudiadas y almacenadas todas sus reacciones, para alimentar a un algoritmo perverso, que lo único que hace es exacerbar malos comportamientos.

Tan solo para que unos  adultos, en unas cuantas corporaciones, puedan súper lucrarse. Pero si es censurable el papel de los dueños de esas redes sociales, es peor el papel que hemos interpretado todos los otros adultos, que con nuestra capacidad adquisitiva, hemos decidido masivamente, respaldar a estos adultos perversos y perversas, en esas corporaciones y hemos vuelto a los teléfonos y a las redes sociales creadas por ellos, de manera y con intenciones perversas, los niñeros y niñeras de nuestros hijos. Somos los adultos a los que nos ha parecido genial que nuestros hijos estén conectados para que no nos jodan más o para que nos jodan menos. Somos los adultos los que hemos permitido que en colegios se graben videos promocionales de porno con el logo de los prestigiosos colegios. Somos los adultos los que hemos permitido que nuestros hijos naveguen a gusto horas enteras en contenidos pervertidores y perversos, con un mutismo, con una timidez, con una falta de criterio abominable. Por eso, la decisión de Australia de prohibir a los menores de 16 años para tener cuentas y consumir redes sociales es de aplaudir, aunque se quede corta.

Y será muy difícil de implementar y será combatida con todo el dinero del mundo, porque las redes no quieren ni querrán perder sus mejores consumidores, fáciles de emocionar y manipular. Pero como sociedad debemos llegar a acuerdos por encima de los intereses de algunos grupos de poder particulares. Y hay posibilidades. Contrario a lo que podría pensarse, los adultos no se han peleado con las nuevas tecnologías y pueden ser la opción comercial, para reemplazar a esos consumidores menores que las redes deben perder.

Recientemente, en España, la llamada Generación Silver (55 a 74 años) ha ganado relevancia. El crecimiento de su consumo de redes ha subido, en nuevos usuarios, en un 12%  Y estos adultos representan el 25% del mercado, el 25% de la población española. Así que está probado que las redes sociales y el internet también pueden ser un espacio, para vendernos, a los mayores y así podemos hacer un consenso para que esas plataformas no sigan comercializando y sometiendo, a contenidos bajos a nuestra infancia y juventud. Si como sociedad mundial actuáramos como Australia y les dijéramos a esos adultos que dirigen las grandes corporaciones, a los que manejan el internet y las redes sociales, con los y las niñas no, con los jóvenes no, incluso así esas corporaciones no se quebrarían.

Debemos retarlos a que desarrollen redes sociales para adultos, mercados para adultos, hechos con adultos y recuperaríamos así el sentido de una sociedad que debería honrar a sus mayores y no desecharlos, que debería permitir que si hay alguien que quiera someterse a contenidos fuertes de porno y violencia, este sea un adulto que en su adultez lo decidió y no un niño que en ese ejercicio se traumatizó. Quizás así harían películas para los de 50 a 90 años y la sociedad tendría empleos para estas poblaciones, sólo para que los mayores tengan así dinero, para comprar a las corporaciones, todos los productos que como sociedad, acordemos no deben venderse a menores de edad.

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