(OPINIÓN) Centro Democrático. Entre la historia reciente y la disputa por su identidad política. Por: José Ignacio Penagos
En medio del escenario electoral, el partido fundado por Álvaro Uribe vuelve al centro del debate. Su origen, evolución y estrategia actual reflejan una organización política que, pese a su juventud, ha marcado el rumbo de la política colombiana.
En el actual contexto electoral, el Centro Democrático vuelve a ser objeto de discusión pública. Mientras algunos sectores intentan ubicarlo dentro de los partidos tradicionales, otros lo reducen a una extensión personalista del llamado “uribismo”. Sin embargo, su trayectoria muestra una realidad más compleja. No se trata de una colectividad tradicional ni centenaria, sino relativamente joven, que surgió en un momento de ruptura política y que ha evolucionado en medio de tensiones internas y externas.
La historia recuerda que el partido nació tras el distanciamiento entre el expresidente Álvaro Uribe Vélez y su sucesor Juan Manuel Santos. Este último, quien inicialmente fue uno de los principales aliados del uribismo y promovió la creación del Partido de la U como plataforma de respaldo, marcándolo como de la “U”, surgiendo el apellido del presidente “U”ribe. Tras la traición de Santos, reorientó su proyecto político una vez en el poder. Esa ruptura derivó en la conformación del Centro Democrático, que canalizó el respaldo de sectores que se sintieron representados por el legado de Uribe y que buscaban una nueva estructura política. Esta vez, el expresidente se aseguró que el partido le respetará su legado, lo reconociera como su líder natural y recordara sus orígenes ideológicos liberales.
Desde sus inicios, la colectividad se ha caracterizado por una identidad que combina posturas de autoridad en materia de seguridad con enfoques sociales que han intentado ampliar su espectro político. Esa dualidad, resumida en el concepto de “mano firme y corazón grande”, ha permitido la coexistencia de corrientes diversas en su interior, en el marco de un amplio espectro político, incluyendo sectores de derecha pura, centro derecha e incluso figuras provenientes de experiencias políticas distintas de la centro-izquierda y la izquierda.
Basta recordar que a sus filas, en sus primeros momentos, al partido llegaron, ex guerrilleros del M-19 como Ever Bustamante en como Elda Neys Mosquera, alias Karina, quién fue el comandante de un frente guerrillero de las FARC; ambos representantes de la izquierda pura y dura. En aquel tiempo, los que hoy critican la inclusión amplia de liderazgos políticos en el partido en coalición dentro de la campaña de Paloma Valencia, no vieron inconveniente, en aquellos tiempos, en aceptar la llegada de estos integrantes de amplio espectro.
En el escenario actual, esa vocación amplia se vió reflejada en la estrategia de conformar alianzas como la dada en la Gran Consulta, de la que resultó ganadora Paloma Valencia. La inclusión de diferentes precandidatos y la conformación de la fórmula vicepresidencial con perfil técnico como la de Juan Daniel Oviedo, perteneciente a la centro derecha, evidencian un intento por consolidar una propuesta que trascienda los límites tradicionales y sectarios de los partidos.
Este enfoque, sin embargo, también ha generado debates internos, especialmente entre sectores que consideran que la colectividad debería mantener una línea ideológica más definida, quizás ignorando convenientemente su origen y pasado de amplio espectro. No es gratuito que se llame “Centro” Democrático, aunque los mas inclinados a la derecha reclamen un partido más radical que quizás debiera ser llamado “Derecha Democrática”.
No puede negarse que este partido se ha dado las más duras, batallas políticas en el Congreso, en concejos distritales y municipales, y en la plaza pública en contra de los vientos socialistas, que intentan apoderarse de la institucionalidad y del país.
A lo largo de su existencia, el Centro Democrático ha enfrentado momentos de alta confrontación política. Sus dirigentes y militantes han participado las discusiones más intensas del país, lo que ha contribuido a consolidar una base electoral activa y movilizada. No puede negarse que ese joven partido ha movido a Colombia, y que ha puesto cuotas de sangre por mantener heroicamente la estabilidad del país. Basta con recordar a Miguel Uribe Turbay, el lider que seguramente sería el próximo presidente de Colombia si no lo hubieran asesinado. El CD ha sito el partido más hostigado, con militantes asesinados, secuestrados, perseguidos y acusados infamemente.
Al mismo tiempo, el partido ha sido objeto de críticas y cuestionamientos merecidos, lo que forma parte del escenario natural de una organización con alto protagonismo en la vida pública.
Las decisiones internas también han sido motivo de controversia. La exclusión o no continuidad de algunos liderazgos ha generado inquietudes sobre el rumbo estratégico del partido y su capacidad para integrar distintas visiones. Estas tensiones reflejan el desafío de mantener cohesión en una colectividad que apuesta por un espectro político amplio. Seguramente la historia definirá como un error que el CD, haya dejado de lado los valiosos liderazgos de dos mujeres que dieron todo por el partido como Paola Holguin y Maria Fernanda cabal.
En paralelo, el contexto electoral ha intensificado las diferencias entre candidatos y sectores afines, en una dinámica propia de las competencias democráticas, léase a la candidata propia, Paloma Valencia y un aliado y admirador del CD, Abelardo de la Espriella, quien siempre se ha autodenominado como uribista. Esas diferencias naturales. No obstante, la experiencia reciente muestra que, en etapas posteriores del proceso electoral, estos sectores suelen converger en objetivos comunes y será inevitable una unión.
La presencia de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella en el panorama electoral, es en realidad, el mejor de los Mundos, dos grandes soldados en defensa de la patria.
La pregunta que no se hacen los que hoy critican al CD aun siendo de la misma orilla, es si esas conversaciones previas al inicio de la campaña en casa del expresidente Álvaro Uribe en Rionegro el año pasado, con líderes de todos los sectores, incluyendo a Abelardo de la Espriella, no dejaron como resultado una estrategia clara de abrir espacios a todos los sectores, para lograr buscar rescatar el país. La impresión que tengo es que entre ellos se definió abrir los espacios propios para los más inclinados a la derecha, precisamente, con Abelardo la Espriella, mientras el CD buscaba atraer el centro y la centro izquierda en primera vuelta, para endosar esos afectos al que pase a segunda vuelta.
Abelardo de la Espriella ha dado puntadas en sus intervenciones. Ha recordado que la inspiración de sus posturas provienen de Alvaro Uribe Vélez, a quien ha llamado siempre un Patriota. De la Espriella hasta ha sugerido que de ganar la presidencia, le gustaría contar con él expresidente en el ministerio de defensa.
Los guiños son de lado y lado. Uribe habla de admiración profunda hacia Abelardo y ninguno de los dos se ataca en lo personal y las críticas son modestas. Por supuesto, y es lógico, que en camapaña se acentúen las diferencias entre los seguirles de Abelardo y la Paloma del CD. Tiene toda la lógica del mundo, sino ¿cómo podrían los ciudadanos inclinarse y escoger a alguno?.
La diferencia ahora es necesaria para no confundir. El error está en los apasionamientos de los militantes en primera vuelta, pues sea quien sea el que pase a segunda vuelta, contará con la unión de ese amplio espectro para salvar el país deL comunismo. ¿ Y si que es pasarán a segunda vuelta fueran Paloma y Abelardo?
Abelardo y Paloma son excelentes candidatos, el país estaría tranquilo con cualquiera de los dos en la recuperación de la democracia en Colombia. Mientras que al CD no se le puede quitar lo que en su corta historia se ha ganado, tampoco se le puede negar a Abelardo su gran liderazgo y su validación como una excelente opción.
El recorrido del Centro Democrático, aunque breve en comparación con partidos históricos, ha dejado una huella significativa en la política colombiana. Su capacidad de adaptación, su origen en una coyuntura de quiebre y su apuesta por integrar distintas corrientes explican por qué sigue siendo un actor central en el debate nacional.
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