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(INVESTIGACIÓN) Las milicias maduristas salen a la superficie. Los Tupamaros, el brazo paramilitar que Caracas exhibe frente a EE.UU.

En un ambiente continental cargado de tensión y bajo la sombra de un posible choque entre Estados Unidos y el régimen de Nicolás Maduro, un actor que durante años operó en silencio vuelve a irrumpir con fuerza: los Tupamaros. Este grupo paramilitar chavista-madurista, conocido por su actuación en la

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Redacción IFM
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(INVESTIGACIÓN) Las milicias maduristas salen a la superficie. Los Tupamaros, el brazo paramilitar que Caracas exhibe frente a EE.UU.

En un ambiente continental cargado de tensión y bajo la sombra de un posible choque entre Estados Unidos y el régimen de Nicolás Maduro, un actor que durante años operó en silencio vuelve a irrumpir con fuerza: los Tupamaros. Este grupo paramilitar chavista-madurista, conocido por su actuación en la represión interna, reaparece ahora como pieza visible dentro de la estrategia defensiva del madurismo frente a la creciente presión estadounidense.

La reactivación pública de esta milicia coincide con el cierre del espacio aéreo venezolano ordenado por Washington, la presencia de buques estadounidenses en el Caribe, las movidas del propio Maduro y la fractura evidente de sus antiguas alianzas internacionales. En paralelo, informes de inteligencia confirman que el régimen está activando redes de milicias civiles con armamento oficial, mientras desde la dirigencia de los colectivos emergen amenazas abiertas contra cualquier operación norteamericana. Las advertencias de sus líderes han empezado a encender alarmas en distintos centros de análisis.

El regreso de una fuerza paraestatal

De acuerdo con información reservada consultada por IFMNOTICIAS, los Tupamaros volvieron a hacer presencia visible en Caracas y en puntos estratégicos del país. Videos, testimonios y reportes de vigilancia confirman patrullajes de grupos uniformados, algunos con armas largas, que recorren zonas tradicionalmente controladas por el madurismo. Esta reaparición no es casual y coincide con el intento del régimen por mostrar capacidad de resistencia interna frente a la presión militar y diplomática de Estados Unidos.

La figura central de este resurgimiento es Williams Benavides, líder fuerte de los Tupamaros, quien ha lanzado mensajes desafiantes en los últimos días. Según fuentes de inteligencia, Benavides sostiene que la tecnología militar estadounidense “no puede derrotar a Maduro” y que su organización es “la única capaz” de enfrentarse a la flota naval desplegada en el Caribe. Aunque sus palabras puedan sonar propagandísticas, analistas advierten que este tipo de discursos revelan el estado de aguda vulnerabilidad en el que se encuentra el régimen. La analista Maibort Petit ha señalado que lo que Benavides presenta como fortaleza es, en realidad, evidencia del miedo profundo que enfrenta el entorno madurista.

Armas oficiales en manos de milicias

Los informes de inteligencia consultados confirman que los Tupamaros portan armamento entregado bajo autorización directa de Vladimir Padrino López, ministro de Defensa del régimen y uno de los altos funcionarios venezolanos acusados de narcotráfico por las autoridades de Estados Unidos. Padrino, como administrador exclusivo de las armas del Estado, permite que milicias irregulares accedan a rifles de asalto y otros equipos militares, lo cual convierte a estos colectivos en parte de la estructura bélica del madurismo.

Estas entregas se originan en un proyecto promovido por Maduro desde hace años con el que viene armando de sectores civiles afectos al régimen bajo la figura de “milicias populares”. La intención declarada es preparar a la población para una defensa territorial; pero para expertos internacionales, esto constituye un grave precedente que empuja a Venezuela hacia un modelo de terrorismo de Estado, donde fuerzas armadas no oficiales ejecutan funciones represivas y control de zonas urbanas.

Tupamaros, una historia de control y represión

Los Tupamaros nacieron en la parroquia 23 de Enero, una zona histórica del chavismo en Caracas. Con el tiempo evolucionaron de un movimiento radical a una banda armada que ejerce control territorial. Durante las protestas de 2014, 2017 y 2019, distintos colectivos vinculados al régimen, incluyendo a los Tupamaros, participaron activamente en acciones de represión, patrullando motocicletas, disparando contra manifestantes y bloqueando accesos para impedir concentraciones opositoras.

A diferencia de grupos espontáneos, esta milicia opera desde hace años con aval político y respaldo institucional. En 2020, el Tribunal Supremo de Justicia controlado por Maduro designó a Williams Benavides como presidente ad hoc del movimiento Tupamaro. Ese mismo año, el Departamento del Tesoro de EE.UU. lo sancionó como parte del aparato represivo del régimen. Con esta línea de continuidad, los Tupamaros se consolidaron como una pieza del engranaje hiperpolitizado de seguridad que sostiene el poder madurista.

La respuesta del régimen a la presión de Washington

El despliegue estadounidense en el Caribe y el cierre del espacio aéreo venezolano han empujado al régimen a mostrar sus cartas internas. En días recientes, la capital venezolana ha visto el aumento de patrullajes de colectivos afines al madurismo, movimientos masivos de motocicletas y uniformados sin insignias claras. Este patrón, que recuerda episodios previos de conflictividad, busca enviar el mensaje de que el madurismo mantiene capacidad para operar militarmente en zonas urbanas.

Mientras esto ocurre en las calles, en Washington se prepara una reunión clave. De acuerdo con CNN, el presidente Donald Trump se reunirá con los más altos funcionarios de seguridad de Estados Unidos para definir los próximos pasos respecto a Venezuela. Entre los asistentes estarán el secretario de Guerra Peter Hegseth, el general Caine, el secretario de Estado Marco Rubio, la jefa de gabinete Susie Wiles y el subjefe de gabinete Stephen Miller. Esta reunión es interpretada como una muestra de que la Casa Blanca evalúa un abanico amplio de respuestas frente a la situación venezolana.

El Wall Street Journal sostiene que Trump ha optado por la confrontación directa. Según el diario norteamericano, la caída del régimen de Maduro beneficiaría los intereses de Estados Unidos y permitiría restaurar al gobierno venezolano electo en 2024, además de extender la influencia norteamericana en la región. Sin embargo, el análisis también plantea un escenario incierto que incluye el escenario en el que si Maduro resiste y Trump no concreta sus advertencias, la credibilidad internacional de Washington podría verse comprometida.

Un país armado hacia adentro y amenazado desde fuera

Mientras Estados Unidos considera opciones diplomáticas y militares, el régimen venezolano se sostiene en buena parte gracias a los colectivos armados. Los Tupamaros, los grupos del 5 de Marzo y las megabandas cooptadas desde el poder funcionan como una red que mezcla criminalidad y militancia política. Esta combinación convierte al conflicto venezolano en un escenario de altísima complejidad, en donde cualquier intervención externa podría desencadenar una guerra urbana con múltiples actores no estatales armados.

La presencia de colectivos en las calles de Caracas en los últimos días refuerza esa lectura. Videos difundidos en redes sociales muestran caravanas armadas, retenes improvisados y presencia de milicias en zonas tradicionalmente controladas por estos grupos. El mensaje del régimen es evidente dejando entrever que las milicias son su última línea de defensa.

Sin embargo, para los analistas la lectura es distinta. Lo que Caracas pretende presentar como fortaleza revolucionaria no es más que la evidencia de un Estado debilitado, cuya supervivencia depende cada vez menos de sus instituciones formales y cada vez más de estructuras paralelas vinculadas al crimen organizado.

El tiempo se acaba para maduro

La combinación de factores, presión militar externa, crisis interna, aislamiento diplomático, fractura de sus aliados internacionales, exhibición de milicias armadas y creciente desorden institucional, coloca al régimen venezolano en una situación extremadamente frágil. La reaparición de los Tupamaros es solo uno de los síntomas más visibles de esa vulnerabilidad.

Con una reunión decisiva en la Casa Blanca, una flota estadounidense desplegada frente al Caribe y milicias irregulares recorriendo las calles de Caracas, Venezuela atraviesa uno de los momentos más volátiles de los últimos veinte años. Para algunos analistas, la región está viviendo un punto de inflexión que podría derivar en un cambio abrupto de escenario político. Para otros, lo que viene es una fase aún más oscura y caótica.

Lo cierto es que las milicias maduristas, lejos de mostrar fortaleza, confirman el deterioro profundo del sistema venezolano. En un país armado hacia adentro y amenazado desde afuera, la tensión aumenta y el margen de maniobra del régimen se estrecha cada día más.

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