(OPINIÓN) Péndulo y reforma. Por. Héctor Quintero Arredondo
Somos muchos los que creemos que el péndulo de la política colombiana, en las elecciones de 2026, se devolverá con tal fuerza, que arrasará con el gobierno comunista que soportamos.
Somos muchos los que creemos que el péndulo de la política colombiana, en las elecciones de 2026, se devolverá con tal fuerza, que arrasará con el gobierno comunista que soportamos.
Ojalá así sea. Pero es necesario cuidarse, porque la cabeza dura de algunos y el peso de los subsidios, puede ayudar al delirante autócrata en sus planes macabros y nosotros – como sea, dentro del estado de derecho- estamos obligados a ganar y a lograr la entrega del poder, si queremos evitar, que seamos el segundo capitulo de Venezuela.
Pero, como decía Alberto Lleras Camargo, los políticos miran a la próxima elección y los estadistas a la próxima generación. De ahí que, algunos vamos formando un grupo importante de personas que buscamos – a mas de ganar los próximos comicios- prepararnos para ofrecer una propuesta reformatoria, que cure el alma atormentada del pueblo colombiano, azotada por la ineficiencia administrativa del central presidencialismo, la falta de crecimiento y seguridad, la corrupción y la aberrante politiquería, entre otras enfermedades. De lo contrario, en 2030, el mismo péndulo, en movimiento inverso, nos puede sepultar.
Hace rato creo- con Frederic Bastiat- que “el Estado es la gran ficción en donde todo el mundo trata de vivir a expensas del resto”. Por ello y por la pureza en la gestión pública, estoy convencido de que el poder debe dividirse en tres líneas verticales, homogéneas, pero admitiendo que existen varias transversales, que son importantes para lograr el adecuado amarre del edificio moderno que debemos proponer. En esta transversalidad, están la organización Territorial, la pureza en el manejo monetario, el control y la vigilancia y además el manejo electoral.
Y de ahí surge la mas importante de las reformas: El manejo de la autonomía, que, en su manifestación territorial, venimos exigiendo, como un cumplimiento del texto de la Constitución de 1991. Como mínimo, debemos pasar de lo estipulado en los artículos 287 y 288 de la CP, que abre paso al replanteamiento de competencias y rentas estatales, al ideal del Articulo302 de la misma norma, que posibilita a un departamento, el convertirse en casi en un Estado, sin tener que acudir a la figura del federalismo.
Pero, no es la única. Me parece que reducir el número de curules en el Congreso es conveniente y hasta me suena la unicameralidad, que a tantos asusta. No hay duda, que esa falta de pertenencia territorial de los senadores que hoy son electos, por lo que llaman” circunscripción nacional “, los lleva a buscar figuras que están en el filo de la navaja de la trampa, puesto que obtiene votos en territorios, que a veces ni conocen.
Tener cinco cortes y la justicia en el tope de la lentitud, lacera al pueblo colombiano. Que tal si llevamos el cierre procesal a los tribunales departamentales y nos quedamos con una sola Corte que, otorgando un espacio claro al control constitucional, sea electa, previo cedazo de la Judicatura, por el Presidente y cuyos miembros ejerzan de manera vitalicia.
El Consejo Nacional de la Judicatura debe airearse, con la presencia de un representante de los abogados graduados y tal vez otro de las facultades de derecho y porque no, permitir un escaño para que el pueblo escoja un representante de su seno. Todo esto en adición al texto del actual artículo 254 de la CP.
No hay que tenerles miedo a las decisiones populares.
En Medellín y en Antioquia nos acaban de salvar. Gaitán siempre dijo que “el pueblo es superior a sus dirigentes” y al observar la pocilga corrupta, que se ha vuelto la vida nacional, podría pensarse en la elección popular de un “Gran Vigilante”, al tiempo que suprimiríamos contralorías, Procuraduría y personerías, que tanto cuestan financieramente hablando y tan escasos resultados pueden presentar. Mejor robustecer las veedurías ciudadanas, alejadas del clientelismo, el amiguismo y el nepotismo camuflado, que hoy campean en los organismos de control y vigilancia.
Las figuras construidas para los referendos, las consultas, las revocatorias, los cabildos y plebiscitos, parecen diseñadas para que no operen. Deben aflojarse y convertirlas en poderosas herramientas de presencia democráticas y de paso eliminar todas las figuras que llevan a compartir el poder en las elecciones de altos cargos, fuente de malsana concupiscencia.
Creo que algunos de ustedes amables lectores están asustados: pueden tomarse un agua aromática. Yo estoy seguro de que, para lograr el desarrollo, que según Pablo VI, es el nuevo nombre de la Paz, se requieren cirugías profundas; eso es mejor que negociar con bandidos o pagarles para que no delincan.

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