(OPINIÓN) La ruta de la reconstrucción. Por: Héctor Quintero Arredondo
El 7 de agosto 2026, un reconstructor deberá tomar el timón de la República y apenas termine su alocución expida las primeras medidas para buscar el canal adecuado para la navegación, antes de que ocurra el desastre total. Ha sido intensa la ansiedad. Algunos la sufren desde el día en que empezaron
El 7 de agosto 2026, un reconstructor deberá tomar el timón de la República y apenas termine su alocución expida las primeras medidas para buscar el canal adecuado para la navegación, antes de que ocurra el desastre total.
Ha sido intensa la ansiedad. Algunos la sufren desde el día en que empezaron a esperar el Mesías; otros menos deterministas tienen sentimientos parecidos que se agitan con dureza cuando hablan de los “setenta “candidatos.
Ya están un poco más tranquilos cuando perciben por la disminución del ruido, fruto de cansancios y aterrizajes, que se redujo la baraja a quince o veinte ilustres personajes que aunque todavía son muchos, ya se acercan al número de quienes en serio pueden tener acceso al partidor, acompañados de sus avales y firmas.
En una de las grandes epopeyas griegas, Odiseo, para volver a Ítaca donde lo espera Penélope, toma el timón de la nave y con mano firme, a veces tapándose los oídos o atándose al mástil, evade encantamientos y visiones que podrían hacerle perder el rumbo.
Esta contienda solo tiene dos soles. Uno no nos interesa porque arrastra basura; el otro, el Odiseo nuestro ya trazo la carta de navegación.
Protegerá su nave y su tripulación como el gran bastión para que el sumo navegante de esta travesía no se quede entre sirenas e isletas que dificultan mantener el rumbo.
Su tripulación sabe que tiene que remar muy duro porque Odiseo esta en la nave y como Poseidón observa todo el mar. A diferencia de lo acontecido en la Odisea sabe que la parte final se asemejará más a la coalición de Agamenón que a su propio viaje.
Por eso trata con cariño a quienes quieren acogerse a su insignia, pero los invita a esforzarse en sus propios barcos para que cuando la coalición se concrete, los elegidos para conducirla gocen de conocimiento, arrojo y serenidad para llevarla a buen puerto después de pasar el mar de sargazos que dejará el pirata innombrable.
Si algún marinero todavía no entiende pues pásenle plastilina; que haga ejercicio y estudie.
Odiseo ya está navegando.

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