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El paro camionero. Por: Héctor Quintero Arredondo

Para escribir este artículo, tomé el bolígrafo que utilizaba, cuando era profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB.

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Redacción IFM
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El paro camionero. Por: Héctor Quintero Arredondo


Por: Héctor Quintero Arredondo

Para escribir este artículo, tomé el bolígrafo que utilizaba, cuando era profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la UPB.

Esta medición de fuerzas, entre el gremio transportador y el gobierno, permite paladear muchos elementos del mundo político.

Lo mejor es empezar por el final del capítulo que acaba de terminar. Un gobierno soberbio, que pensó poder repetir el guion de Santos, sobre ¿Cuál paro?, terminó, en una madrugada cansina, aceptando una reculada de antología y eso que me imagino que los camioneros no obtuvieron más, porque , supongo, que sus bases mostraban cansancio y la presencia del ESMAD – que tanto fastidiaba a Petro, Bolívar y demás demagogos- tenia que producir el efecto intimidante, que se busca al colocarlo en los sitios de tensión; pero además la amenaza de la hambruna, del desabastecimiento, es un fantasma en el cual creen, hasta los descreídos.

Ahora habrá tiempo, para los análisis científicos. Por ejemplo: Las sociedades que gozan de cariños de la naturaleza, tienen “derecho” a que el consumo de esas “dadivas”, les sean suministradas a precios menores a los promedios mundiales o, por el contrario, deben pagarlos como si tales circunstancias no existieran y aceptar que su pago pueda aumentar las utilidades de las empresas explotadoras (en este caso Ecopetrol) y por esa vía, alimentar el presupuesto de los Estados, no siempre impecablemente manejados.

¿De qué manera debe fijarse el precio cobrado, mirando el tema de los alimentos, los insumos agropecuarios y los propios vehículos utilizados para la carga? Hasta acordarse de los ferrocarriles, puede suceder.

Las grandes guerras y los levantamientos mayores, han sido por razones económicas, muy vinculadas a la subsistencia. El cuento del adulterio de Elena y Paris, tenía detrás el peaje de los troyanos en el Bósforo; las guerras púnicas, el asunto del suministro de los cereales a Roma y la caída de los zares, la hambruna de 1917 en Moscú y Petersburgo. Con inteligencia, lo vieron los papas en su ejercicio temporal, cuando mantenían uno de los mejores hombres de los Estados Pontificios, cuidando de que, en Roma, hubiese suficiente comida.

Una última anotación: ¡qué peligrosos son los ministros de hacienda!
El de ahora, Bonilla, el obseso de los precios del diésel, estuvo cerca de lograr un frente amplio de paro, lo que llevan añorando por muchos meses, los opositores del ciudadano Petro y que talvez, no avanzó porque la floja dirigencia gremial de Colombia, andaba ocupada repartiéndose condecoraciones; a su turno, uno de los anteriores, Carrasquilla, el burócrata internacional, hijo de las recetas multilaterales que no alivian a ninguno, casi tumba a Duque.

Manes de Necker, aquel célebre ministro de Luis XVI, que terminó sugiriendo la convocatoria de los Estados Generales y con ello, no logró los impuestos que “necesitaba”, pero si allanó el camino para que los revolucionarios, cortaran la cabeza del rey ungido. Terminó el primer capítulo de esta pieza teatral; el Ministro diésel, ya toca trompetas para el segundo.

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