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(ESPECIAL FIN DE AÑO 2025) Rituales poco conocidos de varias regiones del país para recibir el año nuevo

En distintos territorios de Colombia, la llegada del Año Nuevo se vive lejos de las prácticas más difundidas como las doce uvas, la ropa interior de colores o las maletas para atraer viajes.

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Redacción IFM
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(ESPECIAL FIN DE AÑO 2025) Rituales poco conocidos de varias regiones del país para recibir el año nuevo

En distintos territorios de Colombia, la llegada del Año Nuevo se vive lejos de las prácticas más difundidas como las doce uvas, la ropa interior de colores o las maletas para atraer viajes.

En zonas rurales y comunidades apartadas, el cierre de un ciclo y el inicio de otro están marcados por rituales transmitidos de generación en generación, que conservan una relación estrecha con la memoria familiar, el entorno y las creencias locales.

Estas prácticas, conocidas como agüeros, no responden a una sola tradición nacional, sino a múltiples formas de entender el tiempo, la protección y la prosperidad. En muchas regiones, el cambio de año se asocia más con la observación, el silencio y los símbolos cotidianos que con celebraciones multitudinarias.

En corregimientos de Santander y Norte de Santander, algunas familias mantienen la costumbre de partir una cebolla en cuatro partes y colocarla en un plato sin sal debajo de la cama antes de la medianoche.

Al amanecer, cada fragmento es revisado con atención, pues su apariencia se interpreta como una señal sobre lo que traerán los próximos meses. Si alguno aparece oscuro o deteriorado, se considera un aviso negativo y el plato es desechado lejos de la vivienda, junto con el lugar donde se cortó la cebolla.

En sectores rurales del Meta y Casanare, el ritual se concentra alrededor del fogón. Antes de las doce, se amarra una cuerda roja alrededor del sitio donde se prepara la comida, como una forma de resguardar el sustento del hogar. La cuerda se mantiene hasta después del primer desayuno del año. Si se rompe durante la noche, se interpreta como una señal de dificultades económicas.

En municipios del sur de Bolívar, los espejos se cubren desde las once de la noche. La creencia indica que mirarse durante el cambio de año puede hacer que las cargas del periodo anterior se mantengan. Por esta razón, los espejos solo se destapan al amanecer.

En pueblos del Magdalena Medio, durante las campanadas se guarda silencio total. No se brindan abrazos ni se pronuncian palabras hasta después de beber agua, acto que simboliza un inicio sin conflictos.

En zonas rurales de Nariño, algunas personas se atan una hoja de plátano en el tobillo izquierdo antes de la medianoche. La hoja debe desprenderse sola mientras se camina o se baila. Si permanece atada después del cambio de año, se interpreta como falta de avance.

En veredas del Cauca, se quema sal gruesa en una cuchara metálica, mientras que en comunidades afrodescendientes del Pacífico se coloca una pequeña piedra en la boca para luego escupirla en la tierra, gesto que representa soltar rencores acumulados.

Estos rituales reflejan la diversidad cultural del país y muestran cómo, para muchas comunidades, el Año Nuevo se recibe con actos sencillos, silencios prolongados y una conexión simbólica con lo que no puede controlarse, pero sí interpretarse desde la tradición.

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